Pies alrededor del balón

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Pregunte por la gastronomía inglesa y escuchará el canto de grillos. En tierra de la reina casi siempre se recurre a las cocinas foráneas: uno va a cenar a un italiano, un tailandés, un mexicano, un indio, un japonés… Pero los platos oriundos de las islas sí que existen. Aunque son pocos, estos pilares que sostienen la cultura culinaria británica todavía viven en sus casas más tradicionales: los pubs y las tabernas, los restaurantes de fish and chips y, cómo no, los campos de fútbol. El denominador común entre estos sitios (presente hasta en la mayoría de restaurantes de fish and chips), probablemente el santo grial del comer inglés, son las pies (equivalente a las empanadas; pronunciación: /paɪs/). En esta jornada navideña de Boxing Day serán muchos los aficionados que acompañarán su experiencia de partido con una caliente pie y una o dos cervezas. Quizás un par más si su equipo gana; quizás un par más si su equipo pierde.

Las pies están arraigadas en las cultura inglesa desde hace siglos. Se dice que los egipcios son los autores del concepto de envolver comida con una superficie comestible. A las islas británicas esto llegó de la mano de los romanos. Las empanadas fueron evolucionado a lo largo de la historia hasta que en la época victoriana, allá por el siglo XIX, se popularizó su venta a gran escala. Ya no era solo un plato para ocasiones de mantel; también había pasado a ser el alimento de comida informal por excelencia. En casa o fuera, como con los partidos de fútbol, no faltaban las pies. Un contraste con los tiempos de Shakespeare, cuando preparar una pie era todo un acontecimiento. El propio dramaturgo incluyó el elemento de las pies en el clímax de su obra Titus Andronicus, una tragedia ambientada en el tardío Imperio romano que lleva la venganza al extremo hasta alcanzar lo absurdo (por favor, lector que quiera evitar spoilers shakespearianos, sáltese el siguiente resumen):

El general Titus Andronicus regresa a Roma tras diez años de guerra contra los godos. De sus 25 hijos, solo cuatro sobrevivieron esa década de conflicto. Consigo trae prisioneros de renombre: la reina de los godos Tamora, sus tres hijos y su amante Aaaron. Nada más llegar celebra el triunfo entregando a los dioses al hijo mayor de Tamora, con la propia reina presenciando el sacrificio de su primogénito.

En ese momento Roma vive una disputa entre dos hermanos, Saturninus y Bassianus, para determinar quién será el próximo emperador. Ante la indecisión se opta por ofrecer el trono a Titus, cuya reputación en el pueblo romano está por las nubes tras sus grandes éxitos militares. Pero Titus rechaza la oferta porque se considera demasiado mayor para asumir el máximo cargo y aconseja que Saturninus sea el elegido. La buena relación entre el ahora emperador Saturninus y Titus continúa con el general ofreciéndole la mano de su hija Lavinia. Pero ella ya estaba prometida a Bassianus, hermano de Saturninus. A Titus esto no le importa. Aunque la jurisdicción romana esté a favor de Bassianus, Titus quiere que su hija se una en matrimonio con el emperador. Bassianus se escapa con Lavinia, lo que enfurece a Titus. Su hijo Mutius defiende a su hermana y su padre lo mata. Saturninus no aprueba el comportamiento de la familia de Titus y sorprende casándose con Tamora. Comienza entonces la venganza de la reina goda. Tamora, ahora en una posición de poder, desea acabar con Titus. Para tener a su enemigo más cerca, Tamora promueve la reconciliación de Saturninus con Titus.

En el segundo acto, los hijos de Tamora asesinan a Bassianus y violan a su pareja, Lavinia, la hija de Titus. Además, le cortan las manos y la lengua para que no pueda confesar quiénes son los autores de tal atrocidad. Aaron, el amante de Tamora, consigue incriminar a dos hijos de los tres descendientes varones que le quedan a Titus por el asesinato de Bassianus, y estos son condenados a muerte. Después Aaron le dice a Titus que sus hijos serán absueltos por el emperador si Titus se corta una mano y se la manda a Saturninus. Titus accede, pero le devuelven su envío junto con dos paquetes extra: las cabezas de sus dos hijos.

Ahora el único hijo varón de Titus con vida es Lucius, que se ha marchado a reclutar un gran ejército entre el pueblo godo, ese mismo contra el que su padre luchó, para atacar Roma. Ante la amenaza que plantea Lucius, el emperador Saturninus y su esposa Tamora acuden a casa de Titus con motivo una cena reconciliadora. Antes, Lavinia había logrado escribir con la boca el nombre de los autores del sádico ataque que sufrió, los hijos de Tamora, y se lo mostró a su padre Titus, cuya sed de venganza aumentó más si cabe. En la previa de la gran cena, Titus asesina a los dos hijos de Tamora y utiliza sus carnes como relleno de una ‘pie’. Antes de que se inicie el banquete le pregunta a Saturninus si cree que debería acabar con la vida de su propia hija Lavinia. El emperador asiente y Titus mata a Lavinia en frente de todos los invitados. Cuando Tamora ya se ha comido la empanada, Titus le anuncia que el relleno eran los restos de sus hijos, y acto seguido la mata. El emperador Saturninus se venga matando a Titus. Y Lucius, el hijo de Titus, venga a su padre matando a Saturninus, convirtiéndose en el nuevo emperador de Roma.

'La lamentable tragedia de Tito Andrónico' (1611), obra de William Shakespear.
‘La lamentable tragedia de Titus Andronicus’ (1611).

Hace nueve años, Rob Spurling, un aficionado del Wycombe Wanderers, comenzó con sus amigos Sam y Will un blog llamado Pierate. Desde entonces han escrito más de 600 reseñas de pies de todas las partes del país e incluso algunas internacionales. En su web se puede encontrar un ranking detallado, y una clasificación aparte para las pies de estadios de fútbol. “Ahora las hamburguesas y los hot dogs han ganado peso como alternativas, pero el vínculo entre las pies y el fútbol es especial. Sobre todo durante los meses de invierno, cuando hace mucho frío y quieres tener entre tus manos una empanada de carne caliente que te llene el estómago. Creo que de ahí nace la tradición de comer pies en los campos de fútbol ingleses. Aunque quizás ya no se consuman tanto como antes, si fuese a un estadio y me encontrarse con que no sirven pies, estaría muy sorprendido”, asegura Rob.

Con el paso de los años, Pierate se ha convertido en una web de referencia para los amantes de este alimento. A pesar de la popularidad de las pies, Rob nunca se esperaba que su blog tuviese tanto éxito: “Pensamos que sería divertido ir documentando nuestras impresiones a medida que íbamos probando distintas pies. Lo veíamos como un mero pasatiempo y por eso nos sorprendió que el sitio web haya recibido cientos de miles de vistas cuando simplemente escribimos sobre pies. La verdad es que es increíble. Me parece muy divertido que haya aparecido varias veces en la BBC hablando sobre pies”.

En la web de Pierate incluyen una lista con las ‘Seven Cs’, los siete criterios que toman en cuenta a la hora de ponerle nota a una pie: colour (color), consistency (consistencia), capacity (capacidad), chewiness (masticabilidad), cheapness (precio), content (contenido) y condition (condición). En base a este criterio, los autores de Pierate ponen una nota del cero al siete a cada pie que prueban. Las de fútbol no suelen puntuar muy alto porque muchos campos venden pies preconizadas de marcas como Pukka Pies. El logo naranja con letras negras de Pukka se puede encontrar en las vallas publicitarias de muchos clubes de la Football League y el non-league football. Esta empresa lleva distribuyendo pies a equipos de fútbol desde hace más de 30 años.

En Morecambe pueden presumir de contar con una de las mejores pies del fútbol inglés.
En Morecambe pueden presumir de contar con una de las mejores pies del fútbol inglés. Foto: Focus Images Ltd.

Por definición, las pies pueden estar rellenas de muchas cosas, desde verduras hasta dulces. Pero en los estadios la mayoría son recetas de carne: ternera cocinada con ale (cerveza), pollo con champiñones, cordero con patata… En el ranking futbolero de Pierate dominan los condados del norte, con la pie de ternera del Morecambe, preparada en la cocina del propio estadio, ostentando el liderato, seguida por la de pollo y jamón cocido del Manchester City. Representando a los clubes londinenses, las de ternera del Tottenham y Arsenal son, respectivamente, cuartas y sextas en la tabla.

En Pierate se han propuesto visitar más estadios con el fin de contar con un ranking más amplio del panorama futbolístico. Pero hay alguien que ya ha documentado las pies de todos los estadios del fútbol profesional inglés: Tom Dickinson. A bordo de su viejo Peugeot 206, Tom recorrió todo el país durante la temporada 2008/09 con la ambición de presenciar un partido en el campo de los 92 clubes profesionales. Este desafío de visitar ‘the 92’ es algo que bastantes aficionados se proponen. Una especie de peregrinaje que puede llevar años. Incluso hay un club que reconoce, como si de una compostelana se tratase, a aquellos que completan el reto. La aventura de Tom no solo es destacable porque la llevara a cabo en un único curso. Lo que la hace verdaderamente especial es su pasión por probar todas las distantes pies. El resultado es su libro con tono de humor ’92 pies’.

Las pies tienen una presencia tan significativa en el fútbol inglés que son uno de los aspectos que la BBC recoge en su estudio Price of Football (El Precio del Fútbol), en el que además comparan cuánto cuesta un abono, una entrada, un match programme o un té en cada estadio. Algunos aficionados optan por comprar las pies antes de ir al campo para poder degustar empanadas de mayor calidad por el mismo precio. Hace siete años, dos hermanos montaron un puesto de pies en su jardín en el barrio de Highbury. Pronto se convirtió en una parada obligada para muchos aficionados del Arsenal y un año después abrieron un local también en el barrio del equipo. A día de hoy cuentan con otros dos locales por la zona, uno en Holloway y otro más hacia el sur, en King’s Cross, donde se encuentra una de las estaciones principales de Londres. El negocio, ya consolidado como proveedor de pies de culto para los gunners, se llama Piebury.

Hoy en día las hamburguesas y los perritos calientes le han comido terreno a las pies. Foto: Russell Hart/Focus Images Ltd.
Hoy en día las hamburguesas y los perritos calientes le han comido terreno a las pies. Foto: Russell Hart/Focus Images Ltd.

La cultura de las pies también se ha traducido en forma de cánticos. Se dice que empezó en 1894. En un ejemplo del humor propio de las gradas inglesas, la hinchada del Sheffield United empezó a cantarle ‘you ate all the pies (te has comido todas las pies)’ a su guardameta William ‘Fatty’ Foulke, de 140 kilos de peso. Esta broma se ha arrastrado durante años, dirigida siempre a jugadores pasados de kilos, y ha llegado a tener serias consecuencias. En 2017, cuando el Sutton United recibió la visita del Arsenal en la FA Cup, una casa de apuestas aprovechó la atención mediática que había llegado a este pequeño club del sudoeste londinense: pagaban 8/1 que el portero suplente del Sutton, Wayne Shaw, de 146 kilos, se metiese una pie entre pecho y espalda durante el partido. Y Shaw, sentado en el banquillo, se comió una. La casa de apuestas fue multada y Shaw sancionado por romper las estrictas reglas sobre el juego (cualquier persona vinculada al fútbol en un club inglés federado, da igual la división en la que compita el equipo, tiene completamente prohibido apostar en partidos de fútbol).

Posiblemente uno de los ejemplos más simpáticos de la relación entre las pies y el fútbol fue aquel cántico que arrancó la hinchada del Bradford desplazada un viernes por la noche a Doncaster. Hacía frío y su equipo perdía por 3-0, pero ellos no perdieron su sentido del humor. Como lo que sucedía sobre el césped no estaba siendo de su agrado, decidieron cantar sobre uno de sus aficionados. El cántico empezó con “he’s eating a pie (se está comiendo una pie)”, siguió con “does he want some sauce? (¿querrá alguna salsa?)” y concluyó con “he’s got some brown (ya tiene un poco)” cuando otro aficionado le trajo unos sobres con brown sauce (una salsa muy típica que también se usa para acompañar un English breakfast). El memorable momento resume lo mejor de la cultura de fútbol inglés: 

Foto de portada: Focus Images Ltd

9 comments

Excelente artículo. Sólo un pequeño apunte, hay una errata “taverna” es con B. Por lo demás una pasada de curro.

Hay quien dice que comer una pie entre pinta y pinta es “hacer trampa”, pero a mí la que me comí en Broadhurst Park me supo a gloria.
Es curioso, pero a los que nos encanta el fútbol todas estas tradiciones que lo rodean nos hacen disfrutarlo con más intensidad si cabe, pero a los que no les entusiasma, esta “autenticidad”, los gana para la causa. He visto nuevos adeptos convertirse tras una pie… y unas cuantas pintas… claro… 😉

Gracias de nuevo Sir Mosquera.

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