Pintar el mapa de calor

Picture by John Rainford/Focus Images Ltd. 07506 538356.31/03/12.Match ticket and the coach's notebook at the Preiestfield Stadium, Gillingham.

Homer Simpson dice que hay tres tipos de personas: los que saben contar y los que no. Nos dividimos entre izquierda o derecha, dormir con o sin calcetines, o salir de casa con paraguas o estar dispuesto a volver empapado. Pero hay una decisión, que tomamos cuando ni tan siquiera sabemos las reglas de la vida, que nos marca para siempre: ser de ciencias o de letras. Abrazar los números o las palabras. Antes de que podamos votar o conducir ya tenemos que haber escogido las ciencias o las humanidades, como si a Neo le hubieran hecho decidir entre la pastilla azul y la roja con acné en la cara.

El fútbol, como si estuviera a punto de hacer la selectividad, parece que ha escogido. La pelota cada vez más es de ciencias. Ahora se cuantifica todo. De nada sirve que los de letras le susurremos al balón que con nosotros nunca le van a faltar las historias bonitas, que podemos detener la jugada, ralentizarla y retroceder. Hacer que la hierba huela a mojado. Revivir el gol con diferentes palabras. En definitiva, vendemos la moto, que en eso somos especialistas. Luego llegan los números fríos, certeros y sibilinos, que en su sencillez siempre ganan. Las matemáticas necesitan menos de cinco segundos para encontrar una respuesta. Los de letras, a veces, ni tan siquiera llegamos a la solución -quizás no la necesitamos-.

El fútbol antes se veía con patatas y amigos. Ahora se acompaña con Twitter y una calculadora. Escucho a seguidores halagar a los jugadores que corren mucho, que dejan el campo bien pintarrajeado en su mapa de calor y que se acercan al córner para arengar a las masas. Me preocupa una cierta tendencia: algunos periodistas viven el partido con la bufanda y los aficionados, con libreta y bolígrafo.

Enric González, en un reciente artículo, ponía de manifiesto todo lo que no le gustaba del fútbol para, al final, consolarse con lo que le seguía enganchando. “El fútbol, en fin, nos gusta porque se parece a la vida”, sentencia González. Me temo que tanto el fútbol como la vida cada vez nos sorprenden menos. Me da miedo que los partidos me parezcan más aburridos, porque no sé si ha cambiado el fútbol, he cambiado yo o simplemente nos tenemos que dar un tiempo. Todo es más previsible, excesivamente táctico, los sistemas son cerrados y valoramos mejor una buena presión o un buen desmarque que un intento de regate. Dudo que Riquelme tuviera sitio en el fútbol de hoy en día porque preferimos jugadores que aseguren el pase y pintores de brocha gorda del mapa de calor.

Todo es más previsible, excesivamente táctico, los sistemas son cerrados y valoramos mejor una buena presión o un buen desmarque que un intento de regate. Foto: Focus Images Ltd. Picture by Russell Hart/Focus Images Ltd 07791 688 420 18/08/2018
“Todo es más previsible, excesivamente táctico, los sistemas son cerrados y valoramos mejor una buena presión o un buen desmarque que un intento de regate”. Foto: Focus Images Ltd.

En un artículo de hace unos años, Segurola advertía que corrían tiempos caracterizados por la obsesión táctica y la fascinación por la estadística. “El fútbol se explica ahora como Google y Facebook: es una fría cuestión de logaritmos, que sin embargo olvidan los matices humanos que hacen del fútbol una materia apasionante”, apostillaba el periodista. En la misma corriente opinaba Valdano, que destacaba el riesgo de sobreanalizar el fútbol y ponía en duda las academias. “Tiendo a desconfiar de esa civilización formativa porque sospecho que pone en peligro a los jugadores diferentes”, argumentaba el argentino. Es curioso que las distopías de mediados del siglo XX, críticas muchas con el comunismo, pusieran el foco en la uniformidad de las personas, que se ha cumplido con el capitalismo. Todos somos iguales. Hasta cuando queremos ser diferentes lo hacemos de la misma forma.

Ante el riesgo de ser silbado por fallar un regate, muchos jugadores quieren conquistar al público con carreras hacia la nada. Se marcan un sprint para arrancar un aplauso de la grada. Jugadores tribuneros los ha habido y los habrá. ‘Sudar la camiseta’ es una expresión, con cierto peligro, que se ha conjugado desde hace tiempo. Vázquez Montalbán, en su dogmático artículo en Triunfo, donde sentó al Barça en el diván, explicaba que Luis Suárez, único Balón de Oro español, no siempre contaba con la aprobación del público por mostrar su clase pero no su combatividad. “Este público admira más las buenas intenciones que los logros, y es muy capaz de redimir las torpezas bien intencionadas del incansable Zaldúa, pero no la pelota que perdía Suárez por no correr”, diagnosticaba MVM. Con este tema siempre me acuerdo de una anécdota de Cappa. Un día le dieron una patada a Menotti, que tenía fama de frío, se fue corriendo a por el rival y le quitó el balón tirándose a sus pies. Cuando volvió, su quiosquero de confianza le dijo sin mirarle: “Andate, ¿ahora tú también te tiras a los pies?”.

Creo que en el fútbol y en la vida cada vez nos gusta menos el riesgo, el error y la improvisación, y lo dice uno que se amarra a su zona de confort como si fuera la cama un día de invierno. Lo mejor del fútbol es que podemos pedir, tapados con una manta hasta los ojos, que nuestros jugadores que arriesguen. Todavía se recuerda una de las frases míticas de Lillo. “No arriesgar es lo más arriesgado, así que, para evitar riesgos, arriesgaré”. A los jugadores tribuneros, a los que van a la presión que desestructura a su equipo o que se besan el escudo el primer día les recomendaría Héroes, de Ray Loriga, donde aparece una frase de la que se tendrían que hacer camisetas: “Olvídate del mapa pero no te olvides del tesoro”.

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Foto de portada: Focus Images Ltd.

10 comments

Nuevamente me ha encantado. Yo también soy de letras y me encanta. Será también eso, en parte, lo que me lleva a vivir feliz, algo pasivamente.
Es cierto que, en ocasiones y cada vez más, el sobreanálisis nos aleja de la pasión del fútbol. La mayoría de partidos se parecen entre sí y la táctica maniata el espectáculo. Quizás por ello me guste tanto tipos como Klopp que proponen un fútbol más vertiginoso y en el que las piezas quedan más desordenadas.
Felicidades Sergio, no sólo es un placer leerte y no sólo aprendemos de fútbol contigo, sino que también se aprende de la vida. Y eso es un gran logro.

Será que yo soy de ciencias pero no termino de compartir este artículo. Hay muchas formas de ver fútbol y todas igual de válidas, pero querer entender los por qués de un “juego” al que le dedicamos tanto tiempo a lo largo de nuestras vidas no me parece que sea deshumanizarlo. Pocos deportes de equipo se me ocurren que dependan más del factor suerte o que estén más alejados de intervenciones en tiempo real (mucha gente, sin tiempos muertos, pocos cambios). Todos esos avances tácticos no son más que el desarrollo profesional del juego, que antes no estuviera tan marcado es porque quizás no hacía falta.
En esta web siempre se han contado grandes historias o hecho grandes otras que no lo eran tanto pero casi siempre acompañadas de una explicación “fría” de lo que pasó en un terreno de juego de una forma que los grandes medios no se molestaban en explicar. Quizás no sea buena idea separar tanto letras de ciencias.

Te agradezco la lectura y sobre todo que te hayas tomado tanto tiempo en comenta. Tienes razón en lo que dices. Seguramente me ha quedado el artículo muy maniqueo al querer hacer se juego de ciencias o letras. No quería desprestigiar el análisis táctico (lo agradezco, de hecho). Todo es complementario. Juntémonos los de ciencias y letras. Abrazo!

“Algunos periodistas viven el partido con bufanda y los aficionados, con libreta y bolígrafo”.

Por desgracia, en esto nos hemos convertido. Quiero pensar que forma parte de circunstancias pasajeras, y que lo normal sería que todo volviera a ser al revés, es decir, como era antes. Pero cada vez pierdo más la esperanza.

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