Partido Polish Boyfriend: Los cien nombres del derbi de Budapest

El estadio del Ujpest huele a partidos de Copa de Europa en blanco y negro. Foto: Edu Ferrer Alcover.

El 19 de marzo del año 1905, el Ferencvaros derrotó por 2 a 0 al Újpest, un club que debutaba ese año en la primera división húngara. A nadie le sorprendió, pues el Ferencváros era un club grande ya entonces. Los dos goles los marcó Ferenc Weisz, un hombre que unos años más tarde se haría cargo precisamente del banquillo del Újpest. Así se fue forjando una rivalidad que aún hoy, divide Budapest. El derbi más sentido de la capital húngara se prepara para un partido extraño, sin hinchas por culpa del covid-19. En 2015, el alcalde del distrito de Újpest, Zsolt Wintermantel, decía que “un derbi sin hinchas no es un derbi” para protestar contra las medidas de seguridad pensadas para luchar contra la violencia. Pues bien, el derbi vuelve sin hinchas este próximo miércoles 27 de mayo.

Újpest tiene alcalde, pese a ser un distrito. Una herencia del pasado. Cuando nació el Újpest, sus partidos contra el Ferencváros no eran exactamente un derbi pues, entonces, Újpest era otra ciudad. Nacida con un nombre que quiere decir “Nuevo Pest”, era una localidad rural al norte de la ciudad que poco a poco creció. En 1950, acabó engullida por una capital que a la vez, era la unión entre dos urbes: Buda y Pest. En la zona de Buda, al oeste del Danubio, tienen castillos y calma. En Pest, el fútbol, con la mayor parte de clubes nacidos en ciudades alejadas que se acabaron convirtiendo en barrios, como el Honved, fundado en Kispest cuando esta zona era una ciudad independiente. O Újpest. Un poco como sucede con el Rayo Vallecano en Madrid. O con el Europa y el Sant Andreu en Barcelona. Clubes de barrio con una personalidad muy marcada.

Miércoles 27 de abril, 20:00, Újpest-Ferencvaros

Cuando el fútbol húngaro se empezó a organizar, el derbi de Budapest era entre el Ferencváros y el MTK de Budapest. El Ferencváros tenía su sede en el sur de la ciudad y el MTK en el distrito céntrico de Józsefváros. Entonces, se decía que el MTK era el club de la comunidad judía. Los judíos fueron claves en la historia de Hungría. Millares de judíos se identificaron con la cultura húngara, adoptando su lengua, sus apellidos y ocupando cargos importantes. En el siglo XIX, el nacionalismo húngaro se abrió a los judíos pues significaba sumar nueva población y nuevos votantes para sus partidos en su lucha por tener un estado propio. Solamente después de la Primera Guerra Mundial, el nacionalismo húngaro se volvería contra esa comunidad judía que había sido clave para la creación de empresas, centros culturales y fútbol local. Por ejemplo, Ferenc Weisz, el autor de los goles en el primer gran derbi entre el Ferencvaros y el Újpest, falleció en 1944 en Auschwitz. Era judío. Y la mitad de las medallas olímpicas húngaras en los primeros 20 años del siglo XX fueron de deportistas judíos.

Después de la Segunda Guerra Mundial, con millares de judíos exterminados en los últimos meses de la guerra con el apoyo de fascistas húngaros, el MTK dejó de ser el club de los judíos, pues quedaban pocos. En 1950, los comunistas decretaron que la ciudad de Újpest pasaba a ser parte de Budapest. Y fue entonces cuando poco a poco, el gran derbi de la ciudad dejó de ser el Ferencváros-MTK, para que lo fuese el Ferencváros-Újpest. Norte contra sur. En su momento, la gente de Újpest tenía un poco la fama de campesinos, frente a una masa social más obrera del Ferencváros. Aunque eso duró poco, pues Budapest siguió creciendo más y más. Y Újpest dejó de ser una zona de frontera entre el campo y la ciudad. Hoy, ser del Újpest suele significar tener raíces en la zona norte de la ciudad. Son menos hinchas, aunque muy fieles. El Ferencváros se ha convertido en el equipo más amado del país. Tiene su feudo en el sur, aunque también tiene hinchas allí donde viven húngaros. O sea, en medio mundo. Los dos clubes viven unidos por la línea 3 del metro, donde se producen incidentes los días de partido. Y viven unidos por un destino errante, marcado por las cicatrices de la historia.

Ferenc Szusza, exjugador húngaro que da nombre al estadio del Újpest, entrenó al Real Betis y al Atlético de Madrid en los 70. Foto: Eduardo Ferrer Alcover
Ferenc Szusza, exjugador húngaro que da nombre al estadio del Újpest, entrenó al Real Betis y al Atlético de Madrid en los 70. Foto: Eduardo Ferrer Alcover

La Segunda Guerra Mundial lo alteró todo. La llegada de los soviéticos nunca gustó a una tierra que siempre se ha sentido utilizada por otros, ya sean austríacos, alemanes o rusos. Los comunistas pusieron los clubes locales bajo el paraguas del estado. Y el MTK pasó de ser el club de los judíos a ser el club de la Policía secreta. O sea, fue poderoso, pero con poca hinchada. El Kispest se convirtió en el club del ejercito, el Honved. Y el Újpest pasó a ser controlado por el Ministerio de Interior, uno de los más odiados por los húngaros, pues tenía mucho poder. ¿Y el Ferencváros? Pues acabó vinculado con la industria alimentaria bajo un nuevo nombre: Édosz. El club ya era el más popular del país, así que los hinchas lo sintieron como un insulto. Parte del odio entre el Ferencváros y el Újpest nace de la idea de los primeros de considerar que las autoridades cuidaron mucho a su vecino del norte.

Y cierto es que los resultados deportivos del Ferencváros se resintieron mucho entre los años 1949 y 1962, cuando solamente ganaron una Copa. Las autoridades entonces pusieron como presidente a Ferenc Münnich, un comunista que había luchado en la Guerra Civil Española, que propuso un nuevo cambio de nombre para el club: Kinizsi, en honor a un héroe del siglo XV que era bien visto tanto por los aficionados como por los políticos. Pero en octubre de 1956, las calles de Budapest se vaciaron de tropas soviéticas, expulsadas por la revuelta popular en la que los húngaros soñaban recuperar las libertades perdidas gracias al gobierno de Imre Nagy, un comunista que entendía el mundo de una forma diferente del gobierno de Moscú. Durante esos 13 días de revuelta, los socios del club, en un acto simbólico, recuperaron el viejo nombre del equipo junto a sus viejos colores y organizaron un partido de fútbol. Los soviéticos, sin embargo, volvieron con sus tanques, acabaron con la revolución y pusieron como presidente del país a János Kádár, que había sido presidente de un club de fútbol, el Vasas. Su mano derecha por cierto, fue precisamente Ferenc Münnich. Eso ayudaría para evitar que el club fuera perseguido.

Victoria del Vasas ante el Ferencvaros en 2016 que situaba a los primeros como líderes de la liga. Foto: MarcadorInt.
Victoria del Vasas ante el Ferencvaros en 2016 que situaba a los primeros como líderes de la liga. Foto: MarcadorInt.

El fracaso de la revolución provocó que la mejor generación de jugadores húngaros escapara y acabara jugando, especialmente, en España. Aunque el fútbol húngaro siguió siendo potente en los años 60 y 70, cuando el Ferencváros recuperó su nombre y ganó de nuevo títulos. Todo cambió con el fin del comunismo. El momento tan esperado por muchos húngaros no significó una nueva era feliz. La economía se hundió, llegó la corrupción, millares de húngaros emigraron y en el fútbol, todo ha ido de mal en peor. En el Ferencváros, dos presidentes han sido juzgados por corrupción mientras, en las gradas, los ultras de extrema derecha se hacían con el poder, convirtiendo muchos partidos en batallas campales. El fútbol húngaro ha tenido casos de apuestas, compra de partidos, dopaje y, sobretodo, bancarrotas. La orgullosa Budapest ha visto como clubes de provincias pasaban por delante de ellos.

Aunque los últimos años, los clubes capitalinos han recuperado el nivel, siempre vinculados a la política. Después de ocho presidentes diferentes en 12 años, en 2011 el Ferencváros paso a ser presidido por el joven empresario Gábor Kubatov, que milita en el partido de derechas Fidesz, el del presidente Viktor Orbán. Cosas de la vida, Kubatov es hijo de un inmigrante de Azerbaiyán y ahora milita en un partido que cierra fronteras a los inmigrantes. El nuevo presidente derribó el viejo estadio Albert Flórián para levantar el recinto más moderno de país en el mismo lugar, el Groupama Stadium, donde se jugó la final de la Champions femenina Lyon-Barça hace un año. Y después de 12 años sin ganar la liga, el club ha ganado dos en los últimos cuatro años. Y eso, pese a su mala relación con los ultras, a los que acusa de apoyar al partido Jobbik, aún más de derechas.

¿Y el Újpest? Había vívido sus años dorados en los 60 y los 70, cuando, gracias al entrenador Lajos Baróti, llegó a semifinales de la Copa de Europa. En aquellos años se consolidó la rivalidad con el Ferencváros. Aunque entonces, el Újpest se llamaba Budapest Dósza, en honor a György Dózsa, el líder de una revuelta campesina del siglo XVI contra los nobles. Los comunistas bautizaron los clubes con nombres del pasado para no provocar muchas iras de los húngaros, aunque así rompían claramente con la personalidad de estos equipos. En los 70, el club pasó a llamarse Újpest Dósza y, con la caída del comunismo, quedó solamente como Újpest. Inicialmente, casi desapareció por falta de dinero, aunque la hinchada lo salvó. Su última liga fue en 1998. Después, el desierto.

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Sin embargo, estos últimos años el club ha mejorado, ganando la copa en 2014 y en 2018 gracias al dinero extranjero. Si el histórico Honved ahora pertenece a norteamericanos, el Újpest depende de belgas. En 2011, el Újpest, buscando un salvador, se aproximo a Roland Duchâtelet, uno de los belgas más ricos del mundo gracias a sus inversiones en la química y la electrónica. Y un empresario con tendencia a comprar y vender clubes, como saben en Alcorcón. En el pasado, ha sido propietario Standard de Lieja, el Sint-Truidense, el Alcorcón y el Charlton Athletic. Y aún controla el Carl Zeiss Jena alemán. En el caso del Újpest, Duchâtelet ha puesto como presidente a su hijo. Con ellos al mando se ha remodelado el estadio, la ciudad deportiva y mejorado el nivel, aunque la relación con los hinchas tampoco es buena.

Hace un año, la directiva decidió renovar el escudo del club, usando uno más moderno. Para los hinchas fue una declaración de guerra, pues el nuevo escudo excluía las siglas UTE. Cuando se fundó, el Újpest era un club polideportivo con secciones de waterpolo, atletismo, lucha libre, natación o vela en el Danubio. Por eso el escudo tenía un ancla marinera. Con la caída del comunismo, la sección de fútbol pasó a ser una entidad independiente, aunque el vínculo entre el viejo Újpest polideportivo y el club de fútbol sigue siendo total a nivel emocional. Por eso los hinchas exigen recuperar el viejo escudo con las siglas UTE (Club polideportivo Újpest). Los Duchâtelet argumentan que ellos, legalmente, no tienen nada que ver con un club poliderportivo. El resultado ha sido huelgas de animación, amenazas y malos resultados deportivos.

Foto de Portada: Edu Ferrer Alcover.

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