El prometedor Inter de Simone Inzaghi

El Inter recibe a la Roma en San Siro esta jornada. Foto: oscar federico bodini bajo licencia Creative Commons 2.0.

“Cierto y brillante cofrade me decía ayer que ‘el fútbol es el balón'”, observaba Nelson Rodrigues en una de sus crónicas en O Globo en 1963. “No hay juicio más inexacto, más utópico, más irreal. El colega vacía el fútbol como un neumático, y repito: — quita del fútbol todo lo que tiene de misterioso y de patético. La más sórdida pachanga es de una complejidad shakespeariana. A veces, en un córner mal o bien tirado, hay un toque evidentísimo de lo sobrenatural. También le diría al ilustre cofrade lo siguiente: — en el fútbol, el peor ciego es el que sólo ve el balón“. Y Nelson debió de reírse desde su tumba tras la eliminación del Inter en su último partido de octavos de final de la Liga de Campeones hasta la fecha.

Didier Deschamps festejaba alocadamente al borde del campo. A pocos metros, Claudio Ranieri lo observaba, serio. El San Siro estaba en silencio. Después de la derrota por 1-0 en el Vélodrome, el Inter daba claras muestras de que iba a remontar el resultado y pasar a los cuartos de la Champions. Tras mucha insistencia, Diego Milito marcó el 1-0 en el minuto 75. Los italianos, todavía con la columna vertebral del equipo ganador del triplete en 2010, masacraban al Marseille. Pero de repente, en el minuto 91, Steve Mandanda lanzó un balón hacia delante; quién sabe cómo, un segundo después, Brandão estaba solo frente a Júlio César. Un potente disparo con la zurda; el gol de la clasificación.

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Desde esa noche de marzo de 2012, el Inter no sabe lo que es jugar un partido de octavos de Champions, algo que hasta entonces era completamente natural para un equipo de su porte; de 2000 a 2010 había llegado seis veces a los octavos; de 2012 a 2021, ninguna. Es más, estuvo desde 2012 hasta 2018 sin participar en la competición. Andrea Stramaccioni, Walter Mazzarri, Roberto Mancini, Frank de Boer, Stefano Vecchi y Stefano Pioli dirigieron a los nerazzurri durante ese periodo. En 2017 llegó Luciano Spalletti, el hombre que llevó al Inter de vuelta a donde debía estar, la Liga de Campeones. Sin embargo, no logró alcanzar los octavos. En un grupo con Barcelona, Tottenham y PSV, el Inter llegó a la última jornada con posibilidades de clasificarse. Jugaba contra los neerlandeses en el San Siro. Simultáneamente, el Barcelona se enfrentaba al Tottenham en el Camp Nou. Con la victoria de los catalanes, a los de Spalletti les bastaría con un empate para clasificarse. El Barça ganaba 1-0 y el Inter perdía 0-1; en el minuto 73, Mauro Icardi empató el encuentro. El Inter se relajó. “Hay un momento”, escribió Valerio Clari en la Gazzetta dello Sport. “En el que los cuatro defensores nerazzurri comienzan a pasarse el balón en horizontal y parecen esperar a que pase el tiempo. Se arrepentirán de esos momentos”. Y es que en el minuto 85, en el Camp Nou, Lucas Moura metió el 1-1. El Inter no sería capaz de marcar el segundo. A la Europa League. Al igual que en 2019, cuando quedaron terceros por detrás del Barcelona y del Borussia Dortmund. En el último partido de la fase de grupos, también en el San Siro, se les escapó de las manos una clasificación que se veía accesible. Al Inter de Antonio Conte y Romelu Lukaku le bastaba con vencer a un Barcelona repleto de suplentes. Terminó perdiendo 1-2. En la temporada 2020/21 la cosa fue aún peor: quedó último en un grupo que tenía el Real Madrid, el Shakhtar Donetsk y el Borussia Mönchengladbach. Conte ganaría el título de la Serie A, algo inédito desde 2010. Un traguardo importante. Pero quedaba pendiente la Champions.

Y tras el título, parecía que los planes de un Inter que realmente pudiera competir a nivel europeo se esfumarían. “En verano todo corre el riesgo de irse al infierno entre una venta (Hakimi), un par de fugas (Conte y Lukaku), una desgracia (Eriksen)”, analiza Fabrizio Biasin. “Marotta y Ausilio controlan los nervios, se lanzan a por Inzaghi, Calhanoglu, Dzeko, Dumfries, Dimarco y tras unas semanas de ‘asentamiento’ el nuevo grupo se vuelve incluso más bonito y competitivo que el que ganó la liga”, continúa el periodista. “Oh, el mérito es del entrenador, Inzaghi, y francamente era difícil pensar que el ex entrenador de la Lazio lograra armar un mecanismo tan bien engrasado, semiperfecto, capaz de añadir a la concreción y severidad contiana, tanta ligereza y ganas de divertirse.” Biasin no es el único que nota una mejora en el equipo de Inzaghi respecto al de Conte. “Su equipo juega un fútbol diverso, estéticamente mejor”, escribió Giovanni Capuano.

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Lo cierto es que, a pesar de las sensibles salidas, la columna vertebral del equipo sigue siendo la misma: Samir Handanović, Milan Škriniar, Stefan de Vrij y Alessandro Bastoni forman la defensa del 3-5-2 de Inzaghi, el mismo sistema utilizado por Conte. En el medio, dos de los mejores centrocampistas del continente permanecieron en el equipo: Marcelo Brozović y Nicolò Barella. En lugar de Christian Eriksen, llegó Hakan Çalhanoğlu, el “10” del Milan. En la banda derecha, un Denzel Dumfries cada vez más en forma ha logrado suplir bien la baja de Achraf Hakimi; en la izquierda le sigue Ivan Perišić, una opción ya muy utilizada por Conte la temporada pasada. En el ataque, el endemoniado Lautaro Martínez y Edin Džeko. Aquí es donde se esperaba que se notara un mayor impacto: Lukaku dejó el Inter como uno de los mejores delanteros del continente. La llegada de Džeko, de 35 años, no despertó mucho entusiasmo. Pero el bosnio ha sorprendido: lleva 14 goles y siete asistencias en 32 partidos esta temporada. No son sólo los números, sino también cómo se ha adaptado al estilo de Inzaghi: vertical, directo y rápido. Un estilo que hizo brillar a Ciro Immobile en la Lazio. Y también a Joaquín Correa, un jugador que Inzaghi trajo consigo al Inter y que ya ha sido importante para los nerazzurri en algunos momentos de la campaña. Y ese es otro punto fuerte del equipo: la cantidad de opciones de calidad en todos los sectores. En defensa, Danilo D’Ambrosio, Andrea Ranocchia y Federico Dimarco, unas veces como central, otras como lateral, ayudan a Inzaghi a rotar. Matteo Darmian, y ahora Robin Gosens son opciones para jugar en las bandas. En el medio, Roberto Gagliardini, Matías Vecino y Arturo Vidal. En ataque, además de los dos internacionales argentinos y Džeko, Alexis Sánchez y ahora Felipe Caicedo, son opciones de lujo. Se trata de una plantilla muy robusta.

El Inter venía de una espectacular serie de nueve victorias en 10 partidos de la Serie A hasta el empate con la Atalanta en Bérgamo. En sus últimos cuatro partidos sólo ha ganado uno, contra el Venezia. Además del empate en Bérgamo, perdió el derbi ante el Milan y empató con el Napoli en el estadio Diego Armando Maradona. Ahora mismo va segundo en la liga, a un punto del Milan, pese a tener un partido menos. Es el resultado de una secuencia especialmente dura en las últimas semanas. Mientras tanto, los nerazzurri eliminaron al Empoli en octavos y a la Roma en cuartos de copa. A partir de ahora, los de Inzaghi tendrán algunos partidos más simples en la Serie A, pero la dificultad aparecerá en las copas: un doble enfrentamiento con el Liverpool en los octavos de Champions y una semifinal de Coppa Italia contra el Milan.

Inzaghi, de momento, ha superado las expectativas: fue “campeón de invierno” en la Serie A, logró la anhelada clasificación a los octavos de la Champions League después de 10 años y se aseguró un puesto en las semifinales de la Coppa Italia, lo que permite al Inter soñar con llegar a su primera final de copa desde 2011. Un trabajo impresionante hasta aquí. Pero, como sabemos, de poco servirá si al final de la temporada el entrenador se queda con las manos vacías.

Ya lo dijo el poeta: bien está lo que bien acaba.

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Foto: oscar federico bodini bajo licencia Creative Commons 2.0.

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