“¿Quién demonios es el LASK?”

Alexander Schlager sufrió en sus carnes el acierto de Skov Olsen y Maehle. Foto: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

Cuando el sorteo de los octavos de final de la Europa League emparejó al Manchester United con el LASK, seguro que mucha gente se preguntó lo mismo que plasmó Gary Lineker en su cuenta de Twitter: “¿Quién demonios es el LASK, por cierto?”. En su caso, formaba parte de un juego de palabras con el nombre del club austríaco de difícil traducción al castellano que, por cómico, no pretendía seguramente ser ofensivo. Sin embargo, mostraba una realidad: el LASK no es un equipo acostumbrado a la aristocracia europea, podría decirse que ni siquiera a la de su propio país. De hecho, sólo ha conseguido ganar una vez la Bundesliga austríaca, algo de lo que han pasado ya más de 50 años, y hace sólo seis temporadas estaba en tercera división. La historia del LASK no es sólo la de un éxito meteórico e inesperado en un equipo alejado de los focos. Su liderato ante el todopoderoso Red Bull Salzburgo y su eliminatoria frente al Manchester United, cuya vuelta seguirá por un tiempo perdida en el limbo, son el premio merecido a un club desterrado, quebrado y desahuciado que ha sabido reponerse de los golpes más duros cuando muchos habrían perdido la esperanza.

LASK y Manchester United han cruzado sus caras en los dieciseisavos de la Europa League. Foto: Russell Hart/Focus Images Ltd.
LASK y Manchester United han cruzado sus caras en los dieciseisavos de la Europa League. Foto: Russell Hart/Focus Images Ltd.

Si el LASK ya es un club poco conocido, menos lo será el curioso origen de su nombre. En 1908, un club de atletismo en la ciudad de Linz, en la Alta Austria, decidió crear una sección de fútbol. Nacía así el Linzer Sportclub, el cual con los años fue alcanzando tal reconocimiento popular que, por hacer referencia más clara a su origen a quienes no lo conocían, fue rebautizado como Linzer Athletic Sport-Klub. Un nombre demasiado largo para popularizarse, por lo que la gente comenzó a llamarlo Linzer ASK o simplemente LASK.

En sus primeras décadas de vida, al club le costó sacar las piernas del amateurismo regional. Su debut en primera división no llegó hasta 1950. Quince años después, en 1965, conquistó su primera y única liga hasta la fecha, convirtiéndose en el primer equipo de fuera de Viena en conseguirlo. Lograron mantenerse en Primera hasta 1978, año en el cual se rompería la estabilidad del club para convertirse en una auténtica montaña rusa. Tras solo un año en Segunda, llegaron las participaciones en la UEFA, cayendo siempre en primera ronda, y un nuevo descenso.

Los 90 pegaron fuerte en Linz. En 1995, de nuevo en primera, el LASK se declaró en bancarrota. Como parte del acuerdo de liquidación al que llegó con sus acreedores, el club cambió su nombre a LASK Linz, para poner en valor el nombre de la ciudad. Y aquí es cuando entra en la historia su club vecino y rival acérrimo, el FC Linz, que tenía una trayectoria futbolística similar y seguía un camino financiero parecido. En 1997, tan solo un año después de haber contado en sus filas con Hugo Sánchez aun estando en Segunda División, el FC Linz entra en quiebra y es absorbido por el LASK Linz. Ambos clubes, hasta entonces enemigos íntimos, pasaron a ser un único ente, por lo que la historia de ambos queda a veces mezclada, estando aún escrito en muchas fuentes y en parte de la memoria colectiva, por ejemplo, que Hugo Sánchez jugó en el LASK cuando nunca vistió la camiseta blanquinegra.

Michorl es uno de los fijos y responsables de la gran temporada del LASK. Foto: Marcadorint.
Michorl es uno de los fijos y responsables de la gran temporada del LASK. Foto: Edu Ferrer Alcover (Todos los derechos reservados).

Las emociones no acabaron aquí. Sólo un año después, cuando las aguas parecían calmarse, el entonces presidente del club, Wolfgang Rieger, desató el “escándalo Rieger” una historia de película con desenlace trágico para el LASK. Con el banco que presidía al borde de una quiebra que no evitó, Rieger sustrajo fondos pertenecientes tanto al club como al banco y se escapó a vivir la vida a la Costa Azul, dejando a ambas entidades completamente endeudadas. El LASK, a duras penas, logró estabilizar sus cuentas vendiendo a sus mejores jugadores, pero el descenso fue inevitable.

Tras volver a ascender y descender, en 2012 el club dio con sus huesos en tercera división. Otra vez quiebra y la sostenibilidad económica del club en jaque. Apareció el milagro: 14 inversores locales, los “amigos del LASK” acudieron al rescate. Para aliviar las cuentas, el club abandonó el estadio municipal, el cual alquilaba. La división con el ayuntamiento de Linz se volvió insostenible y el club decidió marcharse de la ciudad a Pasching, donde ahora disputa sus partidos domésticos en el Waldstadion, con capacidad para apenas 6.000 personas. Despechado, el club desechó el nombre de la ciudad oficialmente en 2017, volviendo a llamarse simplemente LASK. Para entonces, ya lograban salir de la crisis.

Oliver Glasner, el actual técnico del Wolfsburgo, fue el principal responsable deportivo de la resurrección. Con él en el banquillo, el LASK volvió a Primera en la 2016-17, logrando no solo mantenerse, sino quedar cuartos en su primer año de regreso. El año pasado, aún con Glasner, lograron ser el único contendiente al omnipotente RB Salzburgo. Este curso, aprovechando las ventas del gigante del Red Bull, han cerrado la temporada regular siendo líderes con seis puntos de ventaja.

Las bajas de Haaland y Minamino han lastrado al Salzburg este curso. Foto: EXPA Pictures/Focus Images Ltd
Las bajas de Haaland y Minamino han lastrado al Salzburg este curso. Foto: EXPA Pictures/Focus Images Ltd

Glasner se marchó este verano a Wolfsburgo, llevándose de la mano a Joao Victor, uno de los mejores jugadores de la pasada campaña. Pero Glasner dejó el esqueleto, tanto a nivel de jugadores como de esquema táctico, del que se beneficiaría y que aún mantiene el actual entrenador, Valérien Ismaël, quien recorrió el camino inverso después de haber entrenado al Wolfsburgo hace un par de años. Ismaël, eso sí, ha sabido llevar el equipo un paso más allá. No ha sido sólo el liderato en liga, también el disputar octavos de competición europea por primera vez en su historia. Los austríacos, tras quedarse a una ronda de entrar en la Champions, lograron quedar primeros en un grupo de Europa League con históricos como Sporting CP, PSV y Rosenborg, y en dieciseisavos se deshicieron del AZ. Los partidos como local sí se disputan en la ciudad de Linz, a la que regresa el club con el rabo entre las piernas para jugar en Europa, pues el estadio de Pasching no cumple la reglamentación de la UEFA, a la espera de que en 2022 finalice la construcción del estadio propiedad del club en Linz.

Para lograr estos éxitos, Ismaël ha mantenido el 3-4-3/5-2-3 que implantó Glasner y la filosofía de juego que lo acompaña. El LASK es un equipo basado en la presión y en el juego directo.  Tan pronto como puede, planta la línea defensiva en la mitad del campo y manda balones al área rival para pelear la segunda jugada. La joven perla Marko Raguz y el corpulento brasileño Klauss se disputan el puesto de delantero y la labor de boya para surtir de balones a sus compañeros. Raguz, probablemente el mayor talento del equipo, ha venido perdiendo protagonismo después de una fase de grupos estelar en favor de la regularidad del bueno de Klauss.

LASK - Football tactics and formations

Una vez en campo rival, en lugar de seguir colgando balones, los de Ismaël sí que buscan algo más de juego interior combinativo. Goiginger y Frieser, teóricos extremos, caen por dentro y buscan dar fluidez al equipo. La amplitud por la banda la dan Ranftl y Renner, los carrileros, que tratan de buscar siempre línea de fondo antes de centrar en lugar de colgar balones a la olla para pelear el rechace. Esto hace que los envíos sean más peligrosos, pero que cuando el equipo pierde el balón, la presión debe ser aún más uniforme y ofensiva, pues muchas veces pilla a los carrileros por delante de la pelota.

Holland y Michorl, en el doble pivote, saltan a robar tan arriba y tan rápido como pueden. Por detrás, la línea de tres centrales les acompaña, y su gran habilidad en la corrección y en el corte les permite correr hacia atrás y reorganizarse en inferioridad. Destaca por su sobresaliente lectura táctica la figura de Trauner, siempre bien colocado y eligiendo bien, tanto con el balón como sin él. Por alto también cuentan con un gran poderío, el cual aprovechan en las jugadas a balón parado. El notable rendimiento de Schlager en portería apuntala la solidez de un equipo que no mete tantos goles, pero que los hace valer (suma 24 tantos menos que el Salzburgo en liga pero 6 puntos más).

La solidez y la regularidad se esfumaron en el último choque que disputó el LASK antes de este parón indefinido. Sin varios de sus hombres clave y sin el aliento de su público, el Manchester United le endosó una dolorosa goleada (0-5) que no refleja lo que ha sido la temporada del equipo. Quién sabe si el LASK cumplirá el sueño de jugar en Old Trafford, o el de ganar el play off liguero en el que parte con ventaja. Lo que es seguro es que, si siguen haciendo así las cosas, pronto nadie se preguntará quién demonios es el LASK.

Foto de Portada: Marcadorint/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

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