Rafidine Abdullah: “Lo daremos todo para clasificarnos por primera vez a la CAN y enorgullecer a nuestro país”

bangoi-kouni_comores

Caminando por las calles marsellesas, Rafidine Abdullah (Marsella, 1994) se quedó pensativo cuando recibió un ultimátum de su hermano Amerdine:

-Tienes que ir a Comoras. No puedes decir que eres comorense sin conocer el lugar de donde vienen tus padres.

“No lo niego, al principio no tenía muchas ganas de ir”, admite ahora el centrocampista del FC Stade Lausanne-Ouchy de la segunda división suiza. Abdullah, como tantos niños en Francia, es un hijo de la diáspora comorense.

La Unión de las Comoras es un pequeñísimo país en el Océano Índico, formado por las islas de las Grandes Comoras, Mohéli y Anyuan. Las Islas Gloriosas -deshabitadas- y Mayotte, que también forman parte del archipiélago, pertenecen a la République Française. Las Comoras, como muchos estados con un pasado colonial, están dotadas de una belleza deslumbrante y de riquezas naturales, sobre todo la vainilla, el clavo y la canela. Además, está en una posición privilegiada desde el punto de vista estratégico; era un punto de tránsito en la Ruta del Cabo, establecida por Vasco da Gama para conectar Europa con Oriente. Por ello, el territorio fue explorado a lo largo de los siglos por varios pobladores, convirtiéndose en un crisol de diferentes culturas y grupos étnicos. En su historia se mezclan, entre otros, austronesios, bantúes, árabes, portugueses y franceses.

En 1975 Comoras obtuvo su independencia. La isla de Mayotte -reclamada por el nuevo país-, sin embargo, votó a favor de permanecer bajo administración francesa, lo que ha generado acaloradas discusiones que duran hasta el día de hoy. Se estima que el pequeño estado es el 21º más pobre del mundo. La escasez ha fomentado la emigración. El destino principal es la vecina Mayotte, por ser territorio francés. Allí, de hecho, en la ciudad de Passamaïnty, nació El Fardou Mohamed Ben Nabouhane, jugador clave de la selección nacional y protagonista del Estrella Roja de Belgrado. Como lo hicieron sus familiares, muchos comorenses cruzan las aguas que separan su tierra natal de la Mayotte arriesgando sus vidas. Hacen el viaje en los kwassa kwassa, pequeños barcos de pesca. Según las estimaciones, más de 12.000 personas han muerto en este peligroso trayecto. Además de la isla vecina, otra ruta común es hacia las no tan lejanas Islas de la Reunión.

Imagen costera de Las Comoras. Foto: Comoria de la république bajo licencia Creative Commons 4.0
Imagen costera de Las Comoras. Foto: Comoria de la république bajo licencia Creative Commons 4.0

Sin embargo, hay un lugar a miles de kilómetros en el que se sienten como en casa. Se calcula que Comoras tiene una población de 830.000 habitantes. Lo que es menos que su “capital en Francia”, como explica Abdullah, refiriéndose a Marsella, que tiene 868.000, y más de 1.500.000 si se cuenta el área metropolitana. “Es la quinta isla de Comoras”, solía decir el expresidente Abdallah Sambi. No menos de 80.000 comorenses viven en la galante ciudad de la Côte D’Azur. Nacen y crecen bajo la mirada de Notre-Dame-de-la-Garde, asisten al Vélodrome y a las escuelas republicanas francesas, pero el sentimiento por sus orígenes, latente, está siempre ahí. Marsella es su casa, pero Comoras “es el orgullo, es el corazón”, señala Rafidine, que no es el único jugador de la selección nacional nacido en la ciudad; también lo son Kassim Abdallah y Youssouf M’Changama, así como Isaac Lihadji, que dejó el Olympique de Marsella por el Lille el pasado verano y que juega en las inferiores de l’Équipe de France. Según La Provence, el OM cuenta con 19 futbolistas de origen comorense, incluyendo todas las categorías. Eso sí, la mayoría de esos hijos de inmigrantes nunca ha estado en ese remoto archipiélago del Océano Índico, que sólo conocen por las historias que les cuentan sus familiares.

A Abdullah, por ejemplo, no le entusiasmaba la idea de su hermano de visitar la tierra de sus padres. “Me obligó a ir”, reconoce ahora con humor el entonces jugador juvenil del OM. Poco después, Rafidine se encontraba en Inane, un pequeño pueblo del sur de la isla de Gran Comora. Y se divertía como si hubiera vivido allí toda la vida. “Cuando llegué estaba muy contento, como un niño. Corrí por todos lados, fui a ver a mi familia, fue genial“, recuerda.

Abdullah no tardó en recibir una llamada de Amir Abdou. El seleccionador, también oriundo de “la quinta isla de Comoras”, había asumido el reto de dirigir a un equipo que ocupaba la posición 173 del ranking de selecciones de la FIFA en 2014. Sin nunca haber competido en un gran torneo, las Comoras se contentaban con disputar campeonatos pacatos como los Juegos de las Islas del Océano Índico, siendo su mayor logro dos terceros puestos en el certamen, en 1979 y 1985. En aquel momento era absurdo pensar en disputar una gran competición en un futuro próximo. El equipo, que no sería reconocido por la FIFA hasta 2005, por ejemplo, ni siquiera participó en la fase de clasificación para la CAN 2013, alegando problemas financieros.

Imagen de las Comoras. Foto: Comoria de la république bajo licencia Creative Commons 4.0
Una vía residencial en las Comoras. Foto: Comoria de la république bajo licencia Creative Commons 4.0

Sin embargo, siete años después, Comoras está a un empate de acceder a la CAN 2021 (que finalmente se celebrará en Camerún en enero de 2022). ¿Pero cómo?

Abdou se dio cuenta de que la mejor manera de crear un equipo competitivo sería apelando a la diáspora, que hasta entonces no estaba tan presente en la selección nacional. Cogió su teléfono y empezó a pulsar los números -que casi siempre comenzaban por “+33”- de jugadores hijos y nietos de inmigrantes comorenses. Uno de ellos era Rafidine Abdullah.

-Abdullah, me gustaría mucho que vinieras y te unieras al equipo nacional.

-Te agradezco la invitación, Abdou, pero aún soy muy joven, no creo que esté preparado todavía.

Jugar en África no es lo mismo que jugar en Europa“, reflexiona ahora el centrocampista. No aceptó la oferta cuando tenía 20 años. Había jugado en las categorías sub-18, sub-19 y sub-20 de la selección francesa, y se encontró con el mismo dilema que atraviesan tantos jugadores de origen inmigrante: ¿defender el país donde naciste y creciste, o hacer feliz a tu familia defendiendo la tierra de tus raíces? Prefirió esperar. Abdullah, sin embargo, no fue el único que recibió una llamada de Abdou. Ben Fardou Mohamed, por ejemplo, también fue contactado y aceptó la invitación. También el portero Ali Ahamada (141 partidos con el Toulouse), actualmente en el SK Brann noruego, y muchos otros. Y de conversación en conversación, el seleccionador montó un grupo con hijos de la diáspora. No lograron clasificarse a las CAN de 2015, 2017 y 2019, ni al Mundial de 2018, pero ahora este humilde país está a un empate de jugar el torneo más importante del continente.

Imagen aérea de Las Coromas. Foto: Comoria de la république bajo licencia Creative Commons 4.0
Imagen aérea de Las Comoras. Foto: Comoria de la république bajo licencia Creative Commons 4.0

Ya en el primer equipo, Abdullah completaría una temporada en el Olympique de Marsella, luego se iría al Lorient y de ahí al Cádiz, donde jugaría 72 partidos entre 2016 y 2018, y de donde guarda un especial recuerdo. “Fue formidable…”, recuerda con entusiasmo. “Una de mis mejores experiencias como jugador y como hombre. Fue mi primera experiencia en el extranjero. Me encantó todo: el club, la afición y la ciudad”. Fue durante su estancia en Andalucía cuando Abdou le llamó de nuevo; Abdullah, ahora, no dudó. Aceptó el reto y debutó como titular en un amistoso contra Togo el 11 de noviembre de 2016 en el estadio Kégué, en Lomé.

Pocos conocen a Comoras, es cierto. Pero el archipiélago conoce muy bien al fútbol. “Cuando la selección juega es una fiesta nacional”, explica a la BBC Kassim Oumouri, periodista del país. “Todo el pueblo comorense acude al aeropuerto para recibir a los jugadores. Cuando vienen a Comoras se diría que es Messi el que llega“. “Cuando vamos a jugar allí, es una felicidad para ellos”, corrobora Abdullah. “Todo lo malo que pueda estar ocurriendo en sus vidas en ese momento, lo olvidan. Todo el mundo nos apoya. Desde el más mayor hasta el más joven. Todos. Toda mi familia me llama. Sientes que la gente está ansiosa porque lleguemos”.

Algo que quizás simboliza la fuerza del fútbol allí son las imágenes del partido contra Egipto en noviembre de 2019. Era el segundo encuentro de la fase de grupos de la clasificación de la CAN. Tras el silbato final, un mar de gente saltó al campo del estadio Malouzini, en Moroni, la capital, celebrando y abrazando a los jugadores. Un espectador desprevenido habría pensado que habían ganado un título o que se habían clasificado para la fase final, pero no. Simplemente celebraban un empate contra un gigante continental. “Una persona mayor se acercó a mí y me dijo: ‘a partir de hoy puedo morir en paz’,” confesó el portero Ali Ahamada a la BBC.

Para el partido de mañana contra Togo, en caso de que Comoras se clasifique, la fiesta no se podrá repetir. Sólo se ha permitido la asistencia de 1.000 personas al Estadio Malouzini. Pero eso no quitará la ilusión de los comorenses. “La gente está deseando clasificarse, no pueden esperar”, admite Abdullah. “La sensación es que es este año o nunca más. Nosotros los jugadores y el pueblo comorense creemos de verdad”.

La situación se complicó después de que la Liga Francesa de Fútbol Profesional anunciara, basándose en la Circular 1749 de la FIFA, que sus clubes no permitirían la cesión de jugadores para partidos fuera de la Unión Europea/Espacio Económico Europeo. La selección de Comoras se vería especialmente afectada. Cinco jugadores convocados por Amir Abdou juegan en la Ligue 2: Faïz Mattoir y Mohamed Youssouf (AC Ajaccio), Youssouf M’Changama (Guingamp), Yacine Bourhane (Niort) y Younn Zahary (Pau). Pero el domingo la Federación de Fútbol de Comoras consiguió que los jugadores fueran liberados y la delegación estará completa para los dos partidos más importantes de la historia del país.

Entre ellos estará Rafidine Abdullah, que, con el ’13’ a la espalda, fue titular en los últimos encuentros de la selección, contra Kenia, en noviembre del año pasado. “Nada está garantizado, debemos ser lúcidos”, comenta el centrocampista. “Tenemos que estar atentos y prepararnos bien”, continúa, antes de señalar el deseo de toda una nación. “Lo daremos todo para clasificarnos por primera vez y hacer historia con nuestro país. Queremos ganar contra Togo y contra Egipto. Queremos demostrar que no somos los pequeños y que en el fútbol todo es posible“.

Foto de portada: Comoria de la république bajo licencia Creative Commons 4.0.

11 comments

Lo que el fútbol representa, o debe representar, plasmado en las imágenes del vídeo. Se merecen estar en la Camerún. Marcado como favorito el partido contra Togo. Buen artículo Lucas, enhorabuena.

Entre las imágenes del vídeo (donde suscribo lo que comenta justo arriba el compañero Pablo López) y lo del aeropuerto que comenta Kasim Oumouri se representa perfectamente el sentir del fútbol en África. Maravilloso.
Rafidine Abdullah, a quien tuve la suerte de ver jugar en persona durante su estancia en Cádiz, es un futbolista poco valorado, muy bueno técnicamente y con un carácter y unas maneras futbolísticas en el terreno de juego que lo asemejan a todo un dandy de este deporte. Hace poco lo vi en el derbi de la ciudad de Lausana y también lo he visto en sus últimos dos partidos con la selección y conserva su estilo. De ahí que sienta esta simpatía por Comoras y haya “vivido” desde la distancia la alegría de esa pequeña y maltratada nación que refleja este artículo. Muchas gracias, Lucas, buen trabajo 😉

Gran artículo. Suscribo los comentarios sobre lo bonito de ese vídeo. También he visto un vídeo del Comoras-Togo (clasificatorio para el Mundial) y es espectacular ver tantísima gente apilada en balcones y tejados de unas casas colindantes al estadio

Deja un comentario

*