Ricardo Nascimento: “Mi sueño es ganar una Champions con el Sundowns e ir al Mundial de Clubes”

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Pitso Mosimane tenía una preocupación que le dominaba. Es verdad que, en 2016, estaba a punto de ganar su segundo título de la Premier Soccer League con el Mamelodi Sundowns. Pero en cada sesión de entrenamiento en Chloorkop Road, 132, notaba un problema: le faltaba un central zurdo. Es cierto que la pareja formada por Thabo Nthethe y Wayne Arendse cumpliría su misión, siendo la defensa con menos goles encajados en liga -solo 20- y contribuyendo al séptimo título liguero de los Brazilians. Pero el entrenador quería más. Quería un zaguero zurdo técnico y con una calidad con el balón que le permitiera moldear su equipo para hacer lo que más le gustaba: atacar.

Mosimane ya tenía su objetivo en mente: Ricardo Nascimento, un central brasileño de la Académica de Coimbra. 1,91m de altura, robusto, de esos que juegan con el pecho inflado y la cabeza alta, y con una zurda que le permitía aventurarse en incursiones ofensivas, hacer lanzamientos diagonales que cortaban el campo y que había convencido a Vítor Oliveira, su entrenador en el Moreirense en la temporada 2013-14, a hacerlo tirar los saques de esquina en los entrenamientos. Sí. Un defensor. De 1,91 m.

Imagen de Pretoria, la capital de Sudáfrica, en África. Foto: Hühnerauge - Pretoria Uploaded by X-Weinzar bajo licencia Creative Commons 2.0
Pretoria, Sudáfrica. Foto: Hühnerauge – Pretoria Uploaded by X-Weinzar bajo licencia Creative Commons 2.0

El entrenador del Mamelodi Sundowns llegó a contactar con él en 2014 para intentar persuadirle de que cambiara las tierras lusas por la lejana Sudáfrica. A Ricardo no le entusiasmó la idea y rechazó la invitación. “Me gustaba mucho Portugal“, admite ahora el central de 34 años. “Es un país que habla nuestro idioma, lo que facilita mucho las cosas”. En 2012, Ricardo había vivido seis meses traumáticos en Rumanía, jugando en el Astra Giurgiu: sueldos atrasados, un frío desesperante y la imposibilidad de comunicarse. A él le iba bien en Portugal, que es lo más parecido a la pátria amada para un brasileño en el extranjero. Tras ganar la Segunda División portuguesa con el Moreirense en la temporada 2013-14, el defensa llegó a la Académica de Coimbra. Fue entonces cuando recibió la primera llamada de Pitso Mosimane.

“¿Sudáfrica?”, se preguntó, titubeante. Su prioridad en ese momento era otra: establecerse en una liga importante como la de Portugal. Su primera temporada en la ciudad universitaria fue positiva. Jugó 31 de los 34 partidos de liga y la Académica terminó en el 14º puesto. La siguiente, sin embargo, no tanto. Durante ese tiempo, Mosimane seguía intentando convencerle de que cambiara los pasteis de nata por el bobotie, un manjar tradicional sudafricano.

“Me gustaba mucho Portugal. Es un país que habla nuestro idioma, lo que facilita mucho las cosas”.

Ante la insistencia del entrenador, Ricardo empezó a sondear a sus compañeros de equipo africanos, como el ghanés Richard Ofori, el congoleño Cristopher Oulembo, el marfileño Inter Gui, el guineano Ivanildo y el burkinés Nii Plange.

-¿Y qué tal Sudáfrica?

La respuesta era unánime:

-Muy bien. Puedes ir allí tranquilo. Es como la Europa de África.

“No me lo creo, estos tipos hablan bien solo porque son africanos”, pensaba Ricardo, todavía reticente.

En la noche del 14 de mayo de 2016, la Académica, ya descendida, viajó a Tondela para jugar la última jornada de liga. Todo indicaba que ese era su último partido con el club, ya que su contrato terminaba unos días después. Perdieron 2-0. Ninguna sorpresa. Pero cuando regresaron a Coimbra, Ricardo se quedó desconcertado. Fue invitado a una cena… ¡por Pitso Mosimane!

“Eso creó este signo de interrogación con el que te quedas ahora”, dice Ricardo después de que yo hiciera alguna mueca que evidenciara mi incredulidad.

El Estadio Loftus Versfeld, en Petroria, Sudáfrica. Foto: legio09 bajo licencia Creative Commons 2.0
El Estadio Loftus Versfeld, en Petroria, Sudáfrica. Foto: legio09 bajo licencia Creative Commons 2.0

La noche siguiente cenaban juntos Ricardo, su esposa Carol Nascimento, su representante Marcelo Robalinho y él, Pitso Mosimane. El hombre que, cansado de las llamadas, voló más de 11.000 kilómetros para verlo. Obras son amores, y no buenas razones, o eso dicen.

“A este tipo le gusto mucho…”, reflexionó el brasileño. “Si ha viajado hasta aquí es porque me quiere de verdad”.

-¿Por qué no vas a Sudáfrica y pasas una semana conociendo a nuestro club?, preguntó el entrenador.

“Ese era mi período de vacaciones”, recuerda Ricardo, que estaba deseando volver a su tierra para disfrutar de unas semanas de descanso.

-No, no voy a ir, me voy a Brasil, echo de menos a mi familia.

 

Ricardo Nascimento lleva 15 goles en 129 partidos en Mamelodi Sundowns. Aunque deberían ser más.

“Durante las vacaciones las negociaciones siguieron. Entonces mi representante dijo: ‘Vamos a verlos, arriesguémonos’.” Y volaron a Sudáfrica. Ricardo terminó firmando el contrato, aún suspicaz. “Pero hoy sólo tengo que dar las gracias“, admite. “Me ha sorprendido mucho el país”.

Además de llevar el uniforme con los mismos colores que la Seleção, el defensa ha encontrado un poco de su Brasil en Sudáfrica. “El lugar es precioso, la gente es muy agradable”, revela. Es muy fácil llevarse bien con ellos”.

Como hemos explicado aquí, en Brasil el Mundial de Clubes es un acontecimiento muy importante y para la mayoría de los aficionados es el trofeo más anhelado. Para Ricardo no es diferente. Sin él, el Sundowns ganó la CAF Champions League de 2016, lo que les dio la posibilidad de jugar el tan codiciado torneo. “Una de las cosas que me hicieron venir fue porque íbamos a jugar el Mundial. Era un sueño de infancia, como creo que lo es para todo el brasileño al que le guste el fútbol”.

La sede del Mamelodi Sundowns, en Sudáfrica. Foto: NJR ZA bajo licencia Creative Commons 3.0
La sede del Mamelodi Sundowns, en Sudáfrica. Foto: NJR ZA bajo licencia Creative Commons 3.0

Con Ricardo, el Mamelodi Sundowns terminó eliminado por el Kashima Antlers en cuartos. Desde su llegada, la única gloria internacional de los Brazilians fue el título de la Supercopa de África de 2017 en un 1-0 contra el TP Mazembe. El gol del título lo marcó él, demostrando toda su destreza con la zurda al lanzar un penalti como si estuviera entrenando en el estadio Joaquim de Almeida Freitas, en Moreira de Cónegos, el campo del Moreirense. Fue allí donde se convirtió en un especialista, tras mucha insistencia de su entrenador de entonces, el mítico Vítor Oliveira, fallecido el año pasado. “Eso viene de Portugal. Vítor me hacía tirar los saques de esquina, tío. Te lo juro. Mis compañeros me decían: ‘Pero tú mides 1,90m, tienes que ir al área’. Yo decía: ‘¿Qué puedo hacer? Él me dijo que tirara los córners, dice que la pego bien’,” recuerda un sonriente Ricardo. “Me dijo que yo también tenía que tirar los penaltis y le cogí el gusto. Pero solo tuve la oportunidad de hacerlo aquí en África”.

Ahora, en cuanto un jugador de Sundowns sufre un penalti, ya buscan a Ricardo, que cruza el campo con tranquilidad para tirarlo. Lleva 15 goles en 129 partidos. Aunque deberían ser más. “Debía tener más goles”, admite, sin quitarse la sonrisa de la cara. “Pero tuve que someterme a dos cirugías, estuve de baja un año prácticamente. En 2017 me operé del lado derecho de la cadera, y en el 2019, del lado izquierdo, la misma lesión. Y en cada ocasión estuve seis meses parado”.

“En Sudáfrica hay mucha desigualdad. No hay término medio. O eres muy rico o muy pobre, no hay clase media”.

Tras casi cinco años viviendo en Sudáfrica, el brasileño ha podido conocer más en profundidad el país. Las similitudes con Brasil, que no son pocas, pero también las diferencias. Le ha impactado en particular la división social.

Hay mucha desigualdad. Parece que no hay término medio. O eres muy rico o muy pobre, no hay clase media. Así que se acaba viendo mucha desigualdad. Todavía hay racismo. Hay lugares a los que vas donde solo hay gente blanca, y otros donde solo hay gente negra, sigue estando presente, pero por lo que me cuentan es mucho menos que antes”.

“El fútbol no es el deporte principal. Están el rugby y el cricket. Pero la gente es muy apasionada, pero son más los negros. Los blancos no siguen realmente el fútbol aquí de África. Hay pocos blancos, por ejemplo, que piden para hacerse una foto conmigo, que pidan mi autógrafo”. En las imágenes del gol de Ricardo en esa final contra el TP Mazembe, como mero ejemplo, es, en efecto, difícil encontrar un blanco en las gradas.

El Estadio Loftus Versfeld, en Pretoria, Sudáfrica. Foto: 2010 World Cup - Shine 2010 bajo licencia Creative Commnons 2.0
Estadio Loftus Versfeld, Pretoria. Foto: 2010 World Cup – Shine 2010 bajo licencia Creative Commnons 2.0

Lo que también ha impresionado al defensor han sido los entrenamientos. Después de seis años en Portugal, un país de meticulosos estrategas, el contraste con el fútbol sudafricano fue muy marcado. “No trabajan mucho tácticamente. Aquí lo importante para ellos es atacar, atacar y atacar“, admite sonriendo, como durante casi toda la entrevista. “Cuando llegué lo eché mucho de menos. Porque aquí no se hace un entrenamiento específico en defensa, nada de eso. En eso Portugal me ayudó mucho, a mejorar tácticamente”.

Pero Mosimane le enseñó algo valioso. “Así que no he aprendido mucho, no en el sentido futbolístico, pero aquí, me guste o no, he aprendido a ganar. Siempre he jugado en equipos pequeños, que se enfrentaban a un equipo más grande e intentaban perder por poco. Y aquí no, aquí hay que entrar a ganar”. Y si hay algo que Pitso sabe hacer, es ganar. Durante sus ocho años en el Sundowns, acumuló cinco Ligas, dos Copas, una Champions League y una Supercopa de la CAF. Como lo explica aquí Toni Padilla, con la ayuda del multimillonario Patrice Motsepe -ahora presidente de la CAF-, Pitso convirtió a los Brazilians en una potencia nacional que ahora intimida incluso a los tradicionales Orlando Pirates y Kaiser Chiefs. Para demostrar que podía ganar también fuera de su país, Mosimane se fue a Egipto y enseguida conquistó la Champions con el Al-Ahly.

“Mi sueño es ganar una Champions con el Sundowns, terminar mi carrera aquí, ir a un Mundial de Clubes e intentar hacer una bonita aparición, quizás una final”.

Se diría que, después de tantos años bajo el mando del mejor entrenador del continente, el club se resentiría con su marcha. Todo lo contrario.

El Sundowns nunca ha estado mejor que ahora. En su grupo de la Champions jugó cuatro partidos y los ganó todos, clasificándose con antelación a los cuartos. En liga, después de 18 jornadas el equipo aún no sabe lo que es perder: 11 victorias, siete empates; 29 goles a favor y nueve en contra. Lideran la tabla con cuatro puntos de ventaja y dos partidos más de que el Golden Arrows. En la copa, despacharon al Polokwane City por 4-0 y se enfrentarán al Orlando Pirates en cuartos. Las posibilidades de un triplete son reales. “El equipo no se ha debilitado con la marcha de Pitso. Su asistente [Manqoba Mngqithi] que se ha quedado tiene la misma mentalidad. Incluso un poco mejor en el aspecto táctico. Creo que el equipo es muy fuerte, tanto que todavía estamos invictos este año. Y eso nunca ha ocurrido desde llegué”.

Pero desde el título de la Champions de 2016, el Sundowns aún no ha llegado a otra final. En 2017 fueron eliminados en cuartos por el Wydad AC, en 2018 no pasaron de la fase de grupos, en 2019 cayeron en semifinales, de nuevo, ante el Wydad, y en 2020, todavía con Mosimane en el banquillo, no superaron el Al Ahly en cuartos. “La Champions de aquí es muy difícil. Estos equipos de Egipto y Marruecos tienen más tradición que los equipos de Sudáfrica. Y jugar allí es muy complicado”.

Esta temporada, sin embargo, los Brazilians parecen más afilados que nunca. El liderazgo de Ricardo Nascimento en el terreno de juego es un factor diferencial. Eso quedó claro cuando, a los 33 años, le ofrecieron un nuevo contrato de tres años, convirtiéndolo en una leyenda del club.

El brasileño, que no sabía lo que era ganar, se ha acostumbrado a levantar trofeos en Sudáfrica. Pero él aún no ha terminado. “Mi sueño es ganar una Champions con el Sundowns, terminar mi carrera aquí, ir a un Mundial de Clubes e intentar hacer una bonita aparición, quizás llegar a una final. Sería una forma muy bonita de terminar“. Con su impresionante momento de forma esta temporada, los Brazilians se han consolidado como uno de los principales favoritos al título, junto al Wydad AC y al vigente campeón, el Al-Ahly de Pitso Mosimane. El hombre que le enseñó a ganar. El hombre que cruzó un continente para ficharlo. El hombre que ahora hará todo lo posible para impedir que Ricardo cumpla su sueño.

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Foto de portada: 2010 World Cup – Shine 2010 from Johannesburg, South Africa bajo licencia Creative Commons 2.0.

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