Ronnie, un hombre de fútbol

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Hablar con Ronnie Tatum es hablar con un auténtico hombre de fútbol. No se moleste en buscar su nombre en internet; encontrará poca información sobre él porque nunca jugó de forma profesional. Ronnie nació en Hebburn, un pueblo a orillas del río Tyne, en el duro nordeste de Inglaterra. Compaginó una vida en los astilleros con una carrera en el fútbol amateur. No es alto, pero lideraba a su equipo desde la defensa e incluso llegó a levantar una copa en el antiguo Wembley. Ahora, ya jubilado a sus 74 años, Ronnie todavía sigue vinculado al fútbol como voluntario en el equipo de su pueblo. Despacio y con un marcado acento norteño, Ronnie habla del fútbol como quien habla del amor de una vida. Aunque no oculta cierta nostalgia y frustración por cómo es el fútbol de ahora, Ronnie, ante todo, se muestra agradecido por lo que este juego le ha dado.

“Cuando dejé el colegio a los 15 años, empecé a trabajar en los astilleros. Jugué al fútbol en el equipo de los astilleros hasta que tenía 17 años. Entonces empecé a jugar en una liga más seria y me ofrecieron una prueba con el Arsenal. De ahí no salió nada. No era lo suficientemente bueno, eso es todo. Pero el ojeador que me llevó a Londres me puso en contacto con el North Shields. Su entrenador vino a verme jugar y firmé con ellos cuando tenía 18 años”. Así cuenta Ronnie cómo acabó en el North Shields, equipo de una población en la desembocadura del río Tyne, a unos 20 minutos de carretera de Newcastle. Ronnie jugó durante 15 años en el North Shields y lo capitaneó en una histórica final en Wembley.

En 1969, el North Shields alcanzó la final de la FA Amateur Cup, el equivalente de la FA Cup para equipos amateur que se disputó desde 1893 hasta 1974. Era todo un acontecimiento para los aficionados al fútbol del nordeste del país. De los 47.000 espectadores que presenciaron el encuentro en Wembley, se dice que alrededor de 40.000 se habían desplazado desde North Shields, Newcastle y los pueblos de alrededor. Tenían la oportunidad de llevarse una copa que casi todos los años era ganada por un equipo del sur. Esa rivalidad futbolística entre el norte y el sur tuvo mucho peso en los orígenes del fútbol inglés (sobre todo cuando existía el debate del profesionalismo; con los clubes norteños deseando profesionalizar el juego y los sureños defendiendo la supervivencia del espíritu amateur), pero se fue diluyendo. En el fútbol no profesional, sin embargo, la rivalidad seguía presente todos esos años después. Incluso en cierta medida sigue existiendo ahora; por ejemplo, en el nordeste aseguran que el nivel de su novena división es superior a la misma categoría en el sur del país.

El entrenador del North Shields llevó al equipo el día antes de la final a Wembley para que se familiarizaran con el icónico estadio en el que iban a jugar. Apenas tres años antes, sobre ese terreno de juego la selección inglesa había ganando el Mundial. Ronnie dice que pasearse por Wembley les ayudó a rebajar la tensión. Llegó el día del partido. Su rival era el Sutton United, equipo del sudoeste de Londres. Empezaron perdiendo, pero al final vencieron por 2-1. Ronnie, como capitán del equipo, fue el encargado de recibir la copa. “Cuando echo la vista atrás, la única pega que le veo es que todo pasó muy deprisa: te preocupas por cómo va a ir el partido, llega el día del partido, afortunadamente lo ganas y de pronto te ves subiendo los escalones en Wembley para recoger el trofeo, llevárselo a tus aficionados y enseñarles lo que has ganado para ellos. Su reacción fue fantástica”. 

Después de una noche de comedida fiesta en el hotel —“éramos chavales sensatos, no hacíamos tonterías como los de ahora, pero todo el mundo se lo pasó en grande y cantó alguna canción” —, la mañana siguiente cogieron el tren de vuelta. En ese momento no eran conscientes de lo que se iban a encontrar al llegar a la estación de Newcastle. “Las calles estaban abarrotadas, la gente nos recibía entre aplausos, agitando sus banderas y sus bufandas rojiblancas (los colores del North Shields), los coches tocaban el claxon…”, recuerda Ronnie. Esto siguió hasta que completaron, en un bus descubierto, el trayecto de ocho millas hasta North Shields. “Cuando entramos a North Shields, las calles estaban casi vacías, no parecía haber nadie. Entonces le dimos la vuelta a la esquina que da al ayuntamiento y el bus ya no podía avanzar más de la cantidad de gente que ya estaba ahí esperándonos”.

En su regreso de Wembley, los victoriosos jugadores del North Shields fueron recibidos a lo grande. Foto: Roger Cornfoot.
En su regreso de Wembley, los victoriosos jugadores del North Shields fueron recibidos a lo grande. Foto: Roger Cornfoot.

Las celebraciones continuaron en North Shields, primero en el ayuntamiento y después en el campo. “Fue una noche increíble, te puedes imaginar cómo de contentos estábamos todos”. Pero al día siguiente tocaba volver al astillero. “El lunes por la mañana, vuelta al trabajo y además esa noche teníamos un partido de liga. Todavía teníamos que jugar trece partidos en las últimas tres semanas de la temporada”. Ese ajetreado calendario se debía a que su próspera campaña en la copa les había obligado a posponer varias jornadas ligueras. “Hubo semanas en las que jugábamos cinco veces. Esos días sacabas las botas de tu bolsa y ya estabas volviéndolas a meter. Partido, vuelta a casa, vuelta al trabajo, otro partido… Fue así durante casi un mes. Solo nos dejamos un punto en esos trece partidos y ganamos la liga”.

El North Shields también había ganado la copa de su liga amateur, por lo que cerraron la temporada con un triplete. Pero ahí no se había terminado la historia. Como ganadores de la FA Amateur Cup, participaron en la Coppa Ottorino Barassi, una final a ida y vuelta entre el campeón de la copa amateur italiana y el de la inglesa. Se enfrentaron a L’Appio Latino Metronio Associazione Sportiva, más conocida como la Almas Roma. En la ida en Inglaterra, el North Shields venció por 2-0. Con un mismo resultado a favor del equipo local se cerró la vuelta en Roma. Por alguna extraña razón, el formato del torneo no entendía de prórrogas y se decidió el ganador en un sorteo de moneda en el que el North Shields resultó vencedor. De todas formas, sobre el papel el título fue compartido por ambos clubes.

Ronnie vivió aquel frenético 1969 entre el campo y los astilleros y afirma que no le costaba ir al trabajo después de un día de partido. “Trabajé en los astilleros durante 50 años: cumplí mi servicio desde que tenía 15 hasta que me jubilé con 65. Los primeros 25 años los pasé enchapando el casco de los barcos y los siguientes 25 como supervisor. Era un trabajo duro pero lo disfrutaba. ¿De qué nos pasábamos el día hablando? De fútbol. El lunes por la mañana la conversación se centraba en los partidos del pasado fin de semana. Y cuando llegaba el jueves y el viernes hablábamos de los partidos a los que iríamos el próximo fin de semana. De eso se trata el fútbol. Crea amistades. Yo tuve la suerte de jugar en Wembley, y toda la gente de los astilleros lo sabía y se acordaba de mí, así que siempre intentaba encontrar tiempo para cada uno de ellos. Cuando ganamos la copa, le pedí permiso al presidente para poder traerla un día a los astilleros. Todos mis compañeros pudieron verla de cerca y fue mi forma de darles las gracias. Me habían apoyado mucho todos esos años”.

Ronnie afirma que más duros que los astilleros eran los entrenamientos con el North Shields. “Eran muy físicos. Teníamos jugadores de calidad, así que lo único que hacíamos era asegurarnos de que todos estuviésemos en buena forma. De ese modo logramos ganar todos esos partidos. En Wembley remontamos porque estábamos en muy buena forma física y no dejamos de apretar al rival. En todos esos partidos seguidos que tuvimos que jugar en la liga, lo mismo. Y no usábamos muchos jugadores. Hasta la final de Wembley solo habíamos usado trece. En Wembley se lesionó uno, así que para el último tramo de la temporada solo teníamos un cambio”.

“Aprovechabas las fortalezas de los jugadores que te rodeaban porque los conocías muy bien a todos; jugábamos juntos constantemente. Nuestro entrenador era un fanático de la preparación física con un método sencillo: nos ponía a correr unas siete u ocho millas (alrededor de 12 kilómetros). A veces nos mandaba ir corriendo a la playa (cabe tener en cuenta que la playa de North Shields da al Mar del Norte y por tanto, se aleja de lo idílico durante gran parte del año), que estaba a 4 millas (6 kilómetros). Una vez ahí, hacíamos lo que llamábamos series: en la playa había unas rampas y teníamos que subirlas corriendo varias veces. Después jugábamos un partidillo en la arena. Y cuando ya habíamos terminado, nos tocaba volver corriendo al campo. Así entrenábamos”.

Ronnie trabajó 50 años en los astilleros. Foto: Tyne & Wear Archives & Museums.
Ronnie trabajó 50 años en los astilleros. Foto: Tyne & Wear Archives & Museums.

El entrenador se llamaba Frank Brennan. En su carrera como futbolista había disputado más de 300 partidos con el Newcastle y había llegado a debutar con Escocia. “No nos referíamos a él por su nombre, sino que lo apodábamos ‘The Big Fellow (El Tipo Grande)’ porque era enorme. ‘The Big Fellow’ te enseñaba cómo hacer las cosas bien, cómo posicionarte, cómo leer el juego, saber dónde iba a caer un balón, saber cuándo dar un pequeño empujón a tu marca… Pero nunca fue uno de esos entrenadores que te bombardean con información. Simplemente te daba buenos consejos de vez en cuando. Era más fácil integrarlo todo así que si fuese alguien que estuviese diciéndote cosas constantemente”.

Ronnie cree que el fútbol actual está sobre-entrenado. “Se ha vuelto demasiado táctico. Antes salías ahí a ponerte a prueba ante tus rivales. Tenías que ser más listo que ellos y ellos tenían que ser más listos que tú. Creo que era más interesante. Los dos equipos perseguían el partido y el juego iba constantemente de un fondo del campo al otro. Ese era el fútbol que yo conocía, el fútbol que yo disfrutaba, mientras que el de ahora es muy predecible, te da sueño y se hace aburrido verlo. O por lo menos así es como yo lo veo”.

Pero todavía hay equipos con los que disfruta. “Me gusta ver al Manchester City y al Liverpool porque van a por los partidos, se pasan el balón rápido, atacan todo el rato a sus rivales y siempre están buscando la forma de marcar. Por eso sus partidos son más interesantes. Cuando ves a la selección inglesa, los dos centrales se pasan horas pasándose el balón entre ellos. Eso en mi época era criminal; el balón siempre tenía que ir hacia delante y por eso los partidos eran ataques constantes, mientras que los de ahora son más lentos. Después, los centrales de Inglaterra se la pasan al portero y acaban pegando un balonazo. Eso es suficiente para mandar a la gente a casa. Además, te encuentras con un delantero marcado por tres defensores. Antes tenías batallas de uno contra uno en todo el campo, o de dos contra tres, y para mí eso era un fútbol mejor”.

“A veces prefiero ponerme un partido de segunda o de tercera división en vez de uno de la Premier porque se parece más al fútbol de antes. Es más entretenido, con equipos yendo a por los partidos y árbitros que interrumpen menos el juego. Creo que en esas divisiones hay más pasión que en la premiership. En la Premier una de las cosas que está cargándose el fútbol son los árbitros, que paran el juego cada dos minutos, y el VAR. Se están dando fueras de juego por jugadores que tienen un dedo del pie adelantado… es ridículo. No entiendo el motivo y eso me está arruinando los partidos. Creo que estas cosas alejan del fútbol a la gente mayor porque no entendemos estas nuevas normas. Se están cargando el fútbol con estas decisiones estúpidas. Que dejen el juego como es, como lo ha sido durante todos estos años. La única novedad que me gusta es el sistema que confirma si el balón ha entrado porque eso no para el juego. Pero hay otras cosas como la nueva norma de los saques de puerta… ¿a qué viene eso?, ¿para qué? Que manden el balón arriba y peleen ahí por ganar metros. Pero no, ponen dos centrales dentro del área de penalti y luego dicen que así el fútbol gana ritmo”.

El Liverpool y el Manchester City son los dos equipos con los que Ronnie más disfruta. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.
El Liverpool y el Manchester City son los dos equipos con los que Ronnie más disfruta. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.

Esos detalles del fútbol actual sacan a Ronnie de sus casillas. Pero encuentra paz en el non-league football. Ronnie ejerce de voluntario en el equipo de su pueblo, el Hebburn Town. Compiten en la Northern Football League, la misma liga en la que Ronnie desarrolló toda su carrera. Entonces era una liga amateur y se mantenía independiente de la pirámide del fútbol inglés. Es decir, el campeón de la Northern Football League no ascendía a una liga menos regional. Ahora equivale a la novena división. A Ronnie no le pareció bien el cambio y ahora le preocupa que el Hebburn, segundo en la tabla, ascienda a octava, ya que eso implicaría desplazamientos a domicilio demasiado costosos para un club de su envergadura. En el mismo grupo que el Hebburn, un par de puestos por debajo, está el antiguo equipo de Ronnie, el North Shields.

Tras colgar las botas, Ronnie había entrenado al Hebburn hasta que en los 80 cerraron los astilleros del río Tyne en los que trabajaba. Entonces se trasladó junto con sus compañeros a otros astilleros en Escocia y tuvo que dejarlo. Cuando se jubiló y regresó a casa, hace ya casi diez años, decidió volver a involucrase en el día a día del club. “Me ocupo de todo lo que haga falta: vendo entradas en la taquilla, recojo los balones cuando se marchan fuera del campo, limpio los vestuarios después de los partidos, hago algún trabajo de mantenimiento porque soy un poco manitas… todo tipo de cosas. Y lo disfruto porque siento que estoy devolviéndole al fútbol todo lo que me ha dado. Creo que eso es importante. Hay mucha gente que lo deja y no vuelve a involucrase en el fútbol; se marchan con todo lo que el fútbol les ha dado pero no devuelven nada”.

¿Y qué le ha dado el fútbol a él? “El fútbol me ha hecho disfrutar. No tengo mucho dinero, pero he podido hacer algo que he disfrutado durante toda mi vida. He tenido mucha suerte de haber podido jugar con grandes jugadores y he conocido a muchísima gente gracias al fútbol. Cuando acabé de jugar en el North Shields, me apunté a una liga para gente de más de 40 años y seguí jugando ahí otros diez años, así que uno sigue mantenido amistades del fútbol porque sigues viéndote con esa gente constantemente. He estado en el extranjero, en aviones, en barcos… y no importa donde vaya, que siempre me encuentro a alguien que conozco gracias a todos estos años en el fútbol. Eso es lo que me ha dado. He disfrutado mucho, es algo muy importante para mí, y por eso me gusta devolverle todo lo que puedo”.

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Foto de portada: North Shields F.C. (www.northshieldsfc.co.uk).

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3 comments

Muy interesante aunque muy desacuerdo por mi parte con ciertos aspectos que este hombre le pone al fútbol actual, que para mi son justicia y mayor sofisticación del fútbol.

Pues yo estoy bastante de acuerdo con lo que dice de que es un absurdo parar la partida y revisar un fuera de juego por centímetros. Y también no me gusta nada que hayan cambiado la regla del saque de puerta, esto cambia demasiado el juego.

“Se están cargando el fútbol con estas decisiones estúpidas”
De acuerdo en todo. El fútbol es un juego universal y SENCILLO. Esa es su fuerza y su razón de ser para convertirse en una de las actividades humanas más extendidas en el globo. No necesitamos “sofisticación” ni que nos cambien las reglas a cada rato para que dejemos de tener ese “idioma común” que todos conocíamos y en el que parece que hoy hay que ser un experto para entenderlo.

“Se ha vuelto demasiado táctico. Antes salías ahí a ponerte a prueba ante tus rivales. Tenías que ser más listo que ellos y ellos tenían que ser más listos que tú.”
El problema es que cada vez hay más gente que quiere ser protagonista de este juego sin jugar. Y lo peor es que muchos lo consiguen. VAR, diez árbitros por partido, asesores, técnicos de todo (y nada), representantes… Hubo un tiempo (ya en color) en el que la Liga Inglesa se jugaba con un sólo cambio. Este es un juego en el que los jugadores pueden (y hasta deben) jugar el partido completo. Dos o tres cambios solucionan los problemas de lesiones o cansancio de algunos jugadores y permiten al entrenador influir en el equipo realizando algunas modificaciones tácticas. Pero vamos hacia las dinámicas “NBA” con cambios continuos y un protagonismo de los técnicos (y de la gente de fuera del terreno de juego en general) que deja de lado a los jugadores completos, inteligentes, con personalidad suficiente para tomar decisiones que cambien el rumbo del partido desde dentro del terreno de juego. Ahora queremos soldados, especialistas que realicen funciones muy concretas en momentos determinados. Dirigir el equipo a control remoto. Restar protagonismo a los jugadores. Para eso ya está el FIFA.

Me queda la incógnita de cómo ha accedido Sir Mosquera a estas “jugosas declaraciones” de tan ilustre personaje. Pero supongo que eso pertenecerá al “secreto profesional”.

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