Salah se sale

Mohamed Salah ha sido clave como extremo organizador en este Liverpool / Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd

Salah está que se sale. Es un peligro. Cuando arranca en zancada larga, porque está ganando metros hacia la meta. Cuando los pasos son muy juntos, porque ya está ahí. Y cuando va al trote, brazos extendidos y sonrisa en la cara, porque ya te la ha hecho. Si no que le pregunten al Manchester City, contra quien arrancó en campo propio antes de asistir a Sadio Mané para el primer tanto. Luego, recortó en una baldosa, en el segundo gol, el que marcó él mismo. Hacia dentro. Sin espacio aparente, pero hacia dentro.

Ante el Watford fue de dentro a fuera. Y luego hacia dentro otra vez después de despedirse de todos los defensores que le salieron al paso. Que prácticamente fueron todos los que Claudio Ranieri había dispuesto sobre el césped. También recortó ante el Atlético de Madrid en el Metropolitano para disparar a meta, aunque el que marcó poniendo el pie en la trayectoria del balón fue otro. Todo el mundo pasó por alto este último detalle, y la autoría terminó siendo para el egipcio. Ante el Manchester United se convirtió, el domingo 24, en el primer futbolista en la historia del Liverpool en anotar un hat-trick en Old Trafford.

En los primeros 13 partidos que ha jugado esta temporada ha marcado 15 goles. Echen cuentas. Sale a más de un gol por partido, aunque eso no significa que haya llevado la pelota a la red siempre que ha jugado. Aunque lo ha hecho en once de los que ha jugado. Solo hay dos equipos que se han medido a Mohamed Salah y han vivido para contarlo: el Burnley y el Brighton. Entre medias, nueve partidos seguidos marcando. La regularidad del muchacho es asombrosa. Y no solo esta temporada. Tal ha sido su efecto desde su aterrizaje en Liverpool en el verano de 2017, que en tan solo cuatro temporadas, y lo que llevamos de la presente, se ha coronado como el futbolista africano que más goles ha marcado en la Premier League. 107. En 168. Tres más que Didier Drogba (que necesitó 254) y diez más que Emmanuel Adebayor.

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El egipcio tiene una cualidad que pocos jugadores disfrutan. Una que frustra a defensas, entrenadores y aficiones rivales por igual. Los desespera. Nos desespera. Nadie está a salvo. Es una pesadilla con cara amable. No es que sea imprevisible, es que da completamente igual todo. Es decir, que no importa lo que el rival espere o pretenda o haga, porque lo tiene -me disculparán- jodido. Salah es uno de esos futbolistas que sabes lo que va a hacer, porque se lo has visto hacer muchas veces. Uno de esos futbolistas que es fácil de estudiar, pero imposible de detener. Sabes que si aminora la marcha es porque va a recortar. Sabes que va a recortar. Estás viendo cómo frena ligeramente su carrera. Va a inclinar su cuerpo hacia un lado para irse por el otro. Lo sabes. Lo ves. Tus compañeros, tus rivales, tus aficionados, los suyos también. Está claro lo que va a pasar. Pero termina pasando. No puedes hacer nada. Por mucho que metas cuerpo, que metas pierna, que vayas a por la pelota o que vayas a por él, te la va a hacer.

Lo peor de todo, para sus rivales, es que no es la única amenaza del equipo de Jürgen Klopp. Sin ir más lejos, el único que puede alcanzarle en esa histórica tabla de goleadores africanos es su compañero Sadio Mané, que llegó a la liga inglesa en 2014 y ya suma 101 tantos. Hay un buen puñado de jugadores capaces de cambiar la cara a un partido, de estrellas. Pero Salah es quien brilla con más fuerza. El más efectivo. Además de ser el que más goles marca, también es el que más asiste. Seis veces en el momento en el que se redactan estos párrafos. Tiene 29 años e Inglaterra en su bolsillo. Según la mayoría de medios, Mohamed Salah es el principal candidato a los premios individuales más grandes del planeta fútbol. Según ellos y ellas es el jugador más en forma, más desequilibrante. En definitiva, el mejor del mundo. No ha sido solo Jürgen Klopp, lo ha dicho también Rivaldo.

Un futbolista que empezó su carrera como lateral izquierdo en la cantera del Al Mowaloon. Que creció en el Basilea suizo antes de toparse con un vestuario saturado como el del Chelsea. Le tocó volver a demostrar de lo que era capaz, y lo hizo en la Fiorentina y en la Roma antes de descuajeringar rivales vestido con la equipación del Liverpool. No quiere vestir ninguna otra más, anunció recientemente. Se presume difícil encontrar a algún aficionado red que prefiera otro jugador vistiendo la número 11 de su equipo. Ya saben porqué. Ya se lo he dicho: Salah está que se sale.

Foto de portada: Paul Chesterton/Focus Images Ltd

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