Segundas oportunidades

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Todos merecemos una segunda oportunidad. Estudiar a los 30 la carrera que dejaste a los 19. Reconciliarte con tu hermano después de aquella discusión en Navidad. Retomar la novela que abandonaste en un cajón. Volver con la pareja de hace unos años. Devolver la prenda que no te queda bien. Retomar las clases de inglés. Reintentar la receta del risotto. Ponerte en serio con el crossFit.

El mercado invernal es el de las segundas oportunidades. Como los mercadillos de segunda mano, donde igual encuentras un par de zapatos por 5 euros que el Ulisses de Joyce por unos pocos céntimos. En el mercado invernal las fuerzas se igualan. Tiene algo de subasta, casi de lonja de pescado: impera caos, se escucha griterío y lo que te llevas a casa de entrada huele mal. Luego ya veremos si puedes cocinar algo bueno.

A veces te sale un Davids de la vida, ya pasado de todo, al que nadie quiere, ni siquiera la propia afición. Y de repente, como el fútbol siempre encuentra el resquicio que escapa de la lógica, se convierte en el ejemplo paradigmático de un acierto en el mercado de invierno. Claro que también te puede salir un Maxi López, un Faubert o un Cassano. El fútbol, un deporte que se decide en instantes, vive de los fracasos de las primeras oportunidades y de las expectativas de las segundas. Si hubiera dado el pase mejor, si hubiera chutado al otro lado, si no se hubiera dormido en el banquillo, si no hubiera perdido la forma. El condicional, la previa de toda decepción, es el tiempo verbal favorito del balón.

Un fichaje en enero es un salto al vacío. Como si tú quisieras reconducir un mal día a las cinco de la tarde. Es ponerse a rebuscar en el cesto de los pares sueltos a ver si algo te queda bien. Te lo llevas a casa sin estar muy convencido. El mercado invernal es sujetar un cubata a las cinco y media de la mañana en una discoteca que se va vaciando. El suelo está pegajoso, todo te parece un poco turbio y están a punto de encender los focos.

En el fútbol, como en la vida, solo buscamos una segunda oportunidad. Una nueva esperanza. Vivimos en un eterno partido de vuelta que nos redima de la goleada que sufrimos en la ida. Nos consolamos en la espera de algo que está por llegar. Creemos que vivimos en una novela pero la vida es un prólogo que nunca termina. Estamos instalados en una pretemporada eterna. Siempre listos para el año de nuestras vidas, siempre a punto para el gol por la escuadra que nos dé el título. Siempre preparados para cuando llegue nuestra segunda oportunidad.

Foto de portada: Marcadorint

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