Sonrían, es Ronaldinho

Picture by Daniel Hambury/Focus Images Ltd +44 7813 022858.06/02/2013.Ronaldinho of Brazil misses a penalty during the Friendly match at Wembley Stadium, London.

Ronaldinho cumplió este sábado 40 años. Con esa edad el sistema ya espera de nosotros que paguemos todas las facturas al día, que llevemos a nuestros gemelos rubios a una escuela Montessori y que cocinemos quinoa y postres sin azúcar, los nuevos cerveza sin alcohol. Decía Vázquez Montalbán que “con 40 años cada cual es responsable para siempre de su cara”. La de Ronaldinho estaría siempre sonriendo.

Escribió Ramon Besa en un artículo de esta semana que nunca ha visto triste a Ronaldinho, ni tan siquiera ahora que está en la cárcel. “El brasileño hace feliz a la gente que le rodea, incluso en la prisión de Paraguay”, añade Besa. La felicidad que transmitía Ronaldinho era contagiosa, capaz incluso de levantar de su asiento a la afición rival. El problema, por más que lo quisiéramos evitar, se veía venir: en cuanto se acabara su carrera en el césped, se terminaba nuestra felicidad. Ya no puede esconder su apoyo a Bolsonaro con una elástica o su entrada en prisión con una chilena. La dicha que hacía sentir Ronaldinho se parece ahora a la felicidad de la que hablaba Voltaire: una farola lejana en una calle a oscuras. “Como ese borracho que va dando tumbos por la calle, desnortado, sabiendo que tiene una casa que no acaba de encontrar”, escribió Karmelo C. Iribarren.

“Mi primer gol con el Barça llegó a medianoche, una hora que me encanta”, dijo el brasileño en su vuelta a Barcelona. No cuesta imaginarle como al historiador Arthur Schlesinger Jr. cuando, en una fiesta de Truman Capote, le preguntaron a eso de las once si se lo estaba pasando bien. “Es demasiado pronto para decirlo, la historia se hace después de la medianoche”. Mientras en el campo parecía que siempre brillaba el sol, Ronaldinho se empeñaba en demostrar que Melisandre tenía razón: la noche es oscura y alberga horrores.

Aún hoy entro en YouTube y visualizo su gol en Stamford Bridge. Oleguer rifa un balón que pide auxilio, como el que tira una botella al mar. Terry despeja con un frentazo. Ronaldinho alarga la pierna pero aparece Iniesta como un susurro. Un aliado en un campo de minas. Los tres toques de Iniesta son una traducción. Potabiliza la jugada. Recibe Ronaldinho en una jaula sin candado. Ejecuta un paso de baile y detiene el marcador del estadio. El instante también tiene su eternidad. La pelota sale disparada, como un golpeo de golf. El balón acaricia a tres jugadores y se clava en la red como una estaca. Un gol que fue bonito y durante unos minutos, efectivo. Daba al Barça la clasificación. Al final no sirvió para nada y quedó únicamente como lo que es: un gol mágico.

Incluso en la cárcel, la sonrisa de Ronaldinho no es una sobreactuación, no es una máscara por más que engañara a sus rivales. Como escribí hace un tiempo, mentía constantemente a sus oponentes; les decía que se iba a ir para la derecha y se iba para la izquierda. Luego les susurraba que sí, que esta vez iba en serio, pero les volvía a engañar. Cuando ya se había ganado su desconfianza, entonces tenía la desfachatez de decir la verdad. Ese era Ronaldinho, un tipo que a veces avanzaba en zigzag como ese personaje de Amanece que no es poco que andaba haciendo curvas porque así tardaba más en hacer el recorrido y se pensaba mejor hacia dónde iba.

Parece que estemos más preocupados por Ronaldinho que el propio Ronaldinho. Él, con 40 años, y seguramente con 50 ó 60, sigue siendo un niño que se pone las botas por primera vez. Nosotros le aconsejamos que se las ate bien, que enderece su vida, que sea alguien. Él sonríe. Hay una frase en una entrevista que concedió recientemente a la Revista Panenkaque que resume perfectamente la personalidad del ‘10’: “Prefiero ver un partido de un equipo que juega bonito aunque pierda. Aunque al final la mayoría piensa en el resultado. Es una forma que se asemeja a cómo me tomo la vida. Yo prefiero estar siempre sonriendo”. Su felicidad ya no es la nuestra y creemos que Ronaldinho ha perdido el partido. A él parece no importarle.

Foto de portada: Focus Images Ltd.

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