El test de la verdad

rubiales España MarcadorInt/T. Martínez

Es difícil tener certezas estos días. En Sant Jordi, por ejemplo, fue muy complicado hacerlo bien. Las redes se inundaron de iniciativas para poder celebrar el día del libro y había muchas opciones para conseguir que te llegaran a casa. Y luego está Amazon, claro. Amazon siempre está. Al final supongo que lo mejor era comprar algún libro estos días y leerlo más adelante, o quizás nunca. Como todos los Sant Jordis, en realidad.

La periodista de El País, Eleonora Giovio, tuiteó hace si unos días que antes todos éramos seleccionadores, ahora, sin fútbol, somos epidemiólogos o presidentes del Gobierno. Sólo falta que se junten una cosa y otra, que se empiecen a dar soluciones para que vuelva el fútbol y ya nos lancemos todos no solo a opinar, sino a tenerlo clarísimo. Supongo que tiene que ser muy complicado no dar la primera opinión que se pasa por la cabeza, pero si en algún momento se puede dar algún rodeo más a nuestras opiniones es ahora. Y ojo, porque no es necesario llegar siempre a una conclusión. A mí me pasa constantemente. ¿Debería jugarse el fútbol sin público en cuanto se pueda o los estadios deben estar siempre llenos, y por tanto se tiene que esperar lo que haga falta? Ni idea. ¿Los futbolistas hacen bien en tener reservas para jugar o no deberían negarse, “porque para eso les pagan”? Ni idea. Les pagan mucho, es cierto, pero seguro que no nos gustaría que se dijera eso de ningún otro trabajador.

Ha habido también quien se ha aventurado a decir que tampoco se vivía tan mal sin fútbol, incluso había una proyección en un edificio que sentenciaba: “Pues parece que se podía vivir sin fútbol”. Y razón tiene, pero si nos ponemos así también se puede vivir sin bares, sin librerías y sin cines. Ahí está supongo el placer de lo no esencial. Que se puede vivir sin ello, pero puede animar un domingo cualquiera. También hay que ir con cuidado con ese tipo de afirmaciones porque el fútbol da trabajo a mucha gente. Vale que nos dé igual que los futbolistas cobren menos o incluso no cobren durante un tiempo, pero con los sueldos de mil euros hay que vigilar. Lo peor de las afirmaciones de ese tipo es que rezuman un aire de superioridad, que sin querer aleja el fútbol de la gente y de la cultura. Esa barrera que hace años se rompió, cuando se les decía a intelectuales como Vázquez Montalbán o Javier Marías que no les pegaba que le gustara el fútbol. Volver a eso, con todo el camino conseguido en la unión de cultura y fútbol, sería un error.

Claro que el fútbol a veces lo pone muy difícil para defenderle. A veces camina con una altivez que sonroja. Da bastante tirria ver cómo estos días algunos mandatarios de ligas o competiciones quieren pasar por encima de las autoridades o, lo que es peor, buscan un pacto que han encontrado en España. Un acuerdo en el que a cambio de dinero -siempre es dinero- la liga esperaba que Sanidad autorice las pruebas lo antes posible. Por suerte, algunos jugadores y equipos pusieron el grito en el cielo y parece que no será así. El fútbol se hubiera hecho un flaco favor si hubiera dispuesto de esos 6.000 tests cuando, sin necesidad de hacer demagogia, es notorio que se necesitan para otras muchas personas. Al final, en rangos y cifras mucho más altas, es lo de siempre. Siempre hay una patronal que presiona a sus trabajadores y que saca la billetera para conseguir sus objetivos.

En fin, si es difícil tener algo claro ya de costumbre, imaginad ahora. Para eso habéis leído esto, estaréis pensando. Talese decía que sus momentos favoritos para escribir sus potentes retratos eran los de titubeo: “Aprendí a escuchar con paciencia y cuidado y a no interrumpir nunca, ni siquiera cuando las personas se veían en grandes apuros para darse a entender, ya que en esos momentos de titubeo y vaguedad la gente suele ser muy reveladora: lo que vacilan en contar puede ser muy diciente”. La única certeza de estos días es la de los partidos en diferido, sólo en esos instantes sentimos la seguridad de lo que va a pasar. Porque últimamente no pasa nada, y vale que a mí me propusieron escribir aquí sobre nada en particular, pero sólo se puede escribir sobre nada si pasa algo. De momento, hoy he podido escribir que no se puede escribir sobre nada.

Fotografía: MarcadorInt/T. Martínez (Todos los derechos reservados).

8 comments

Muy buen artículo. Y mucha razón en que no podemos llegar a una conclusión siempre a la hora de tomar decisiones. Hay elecciones que no podemos saber si son las correctas hasta que no hemos escogido una de ellas y visto el resultado de la misma, a toro pasado. Y también cierta la frase de que todos éramos seleccionadores y ahora también todos somos epidemiólogos.

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