There’s Only One Barry Fry

Barry Fry, Director of Football, at Peterborough United during the second round FA Cup match at London Road, Peterborough
Picture by David Horn/Focus Images Ltd +44 7545 970036
06/12/2015

¿Qué quiere ver la gente a la que le gusta el fútbol cuando no está viendo un partido de fútbol? Aquellas personas que viven de generar contenido audiovisual alrededor del fútbol exprimen sus cerebros en búsqueda de nuevos formatos que cautiven al aficionado medio. Las tertulias y debates pueden atraer a muchos espectadores. Entrevistas y reportajes, que no falten. Luego está el formato de mayor duración que une elementos de estos dos últimos: el documental. Dado el esfuerzo que supone su producción y el tiempo que tendrá que dedicarle el espectador a su visualización, a este formato no se acude a la ligera.

Para los documentales se reservan las grandes historias. Líneas narrativas fascinantes, con apuntes de sus protagonistas, imágenes de archivo… se hacen una idea. Pero a veces no se trata tanto de la historia. A veces la temática o los protagonista en sí mismos son suficientemente interesantes. Uno acude a estos documentales solo para acercarse a ese mundo durante una hora. Las redes sociales son un agujero en la pared por el que ahora los aficionados pueden hacerse una idea de cómo es el día a día de los futbolistas en sus respectivos clubes. Aun así, la naturaleza hermética del mundo del fútbol, o más bien su exclusividad, ya que solo unos pocos que viven de ello, hacen que la curiosidad de los aficionados no muera ahí. Por eso tienen tanto éxito los llamados documentales fly-on-the-wall (mosca en la pared) que muestran de cerca la vida de un club o de un jugador.

Este formato causa sensación. Prueba de ello son dos ejemplos recientes de los que el lector muy probablemente se haya acordado según leía el anterior párrafo: All or Nothing: Manchester City, el documental de Amazon que sigue al equipo dirigido por Pep Guardiola a lo largo de la temporada pasada; Six Dreams, también de Amazon, que cuenta de cerca las historias de seis protagonistas de LaLiga. Más allá de cómo de buena sea cada trama, más allá de realmente cuánto revelen estos documentales, es innegable que han despertado un gran interés entre el público. Estos formatos ya los habían explorado en Estados Unidos con la NFL y la NBA.

'All or Nothing' mostró desde dentro una temporada del Manchester City de Pep Guardiola, pero este formato ya se había puesto en práctica hace más de 50 años. Foto: Michael Sedgwick/Focus Images Ltd.
‘All or Nothing’ mostró desde dentro una temporada del Manchester City de Pep Guardiola, pero este formato ya se había puesto en práctica hace más de 50 años. Foto: Michael Sedgwick/Focus Images Ltd.

Pulsamos el botón de rebobinar. No lo soltamos en un buen rato. Dejamos atrás las plataformas como Netflix, Amazon Prime o HBO, nos vamos 38 años atrás en el tiempo, y llegamos a los días de Granada TV. No estamos en la soleada Andalucía, sino que seguimos bajo el mismo cielo gris de Manchester, como en All or Nothing. De hecho, este documental trata sobre el mismo club y también está dividido en seis partes. En 1981, Granada TV (el nombre se lo puso el fundador de la cadena tras haber pasado unas vacaciones en la ciudad española) emitió CITY! A Club in Crisis. El documental, igual que All or Nothing, seguía al Manchester City durante el curso de una temporada. Pero como el título indica, ese City sin capital extranjero vivía una realidad muy distinta a la actual.

Cuatro temporadas antes de la emisión del documental, el City había sido subcampeón. A partir de entonces fueron a menos y durante los 80 oscilaron entre primera y segunda división. El documental de Granada TV muestra al City sufriendo en el arranque de la temporada 80/81. A los pocos meses el dueño Peter Swales toma la decisión de cesar al desenfrenado entrenador Malcolm Allison. Conocido por sus cigarros, su fedora, sus primeros botones de la camisa abiertos, su afición por la bebida y su fama de mujeriego, Allison ya había dirigido al City a principios de los 70. Un entrenador controvertido que se había ganado el afecto de la hinchada citizen, así como el de sus jugadores. El documental muestra cómo el cesado Allison se despide de la plantilla, cómo el club entrevista a candidatos para el puesto y cómo el elegido, John Bond, que compartió vestuario en el West Ham con Allison durante seis años, se presenta a los jugadores.Call me boss”, es lo primero que les dice antes de pasar a hablar del código de vestimenta y de su sistema de multas. Fútbol old school.

Tras ser despedido del City, Allison coge las riendas del Crystal Palace. Una de las características de estos documentales es que su historia evoluciona sobre la marcha. Igual que cuando las cámaras de la BBC se van a grabar animales salvajes a la sabana. Existe una idea de más o menos qué puede pasar, pero no hay un guion definido. Un tigre tarde o temprano divisará una presa en el horizonte y le dará caza. Un equipo ganará o perderá partidos y a partir de ahí surgirán narrativas más o menos interesantes. Estos documentales no son retrospectivos. Se empiezan a grabar sabiendo el potencial de la historia pero se desconocen todos los detalles. La temporada pasada, los responsables de All or Nothing debieron agradecer que el City se hubiese proclamado campeón. Y del mismo modo, la producción de Granada TV debió celebrar el sorteo de la tercera ronda de la FA Cup de 1981 como un gol por toda la escuadra: el City de Bond fue emparejado con el Palace de Allison.

En aquel partido, el City ganó al Palace por 4-0. Después de que haya sufrido esa goleada ante su exequipo, la cámara muestra a un Allison abatido en el vestuario visitante del estadio que había sido su casa. El documental culmina con una especie de rueda de prensa conjunta de los dos entrenadores. Bond, ganador en este duelo, toma la palabra mientras Allison, puro en mano, escucha sentado a su derecha mirando al infinito.“Si alguien le controlase podría ser muy exitoso”, arranca Bond, refiriéndose al excompañero que acaba de derrotar y que unas semanas después también sería despedido del Palace. “No cabe duda de que tiene la habilidad de mejorar a jugadores”, y continúa, “pero honestamente, dudo que tenga la habilidad de mejorar a equipos si él ostenta todo el control”. Duras declaraciones dirigidas a un compañero de gremio. La cámara se acerca a Allison y su puro, y Bond añade: “No hay más que verle”. Entonces Bond recuerda que ambos jugaron juntos en el West Ham: “Yo le defendía en toda clase de situaciones y por eso nos llevábamos bien, y aunque él me menospreciaba, yo siempre he respetado a este hombre. Es un tipo muy especial. Quiero pensar que un día podríamos trabajar juntos, aunque creo que nunca sucederá”. En ese momento interviene Swales, el dueño del City, el hombre que despidió a Allison y trajo a Bond, para apuntar: “Te diré una cosa: no hay ninguna opción de que trabajéis juntos”. A todo esto, Allison solo interviene en un momento dado para decir: “He encontrado a la persona que podría controlarme: soy yo”. Después se vuelve a abstraer en su puro.

CITY! A Club in Crisis es uno de varios documentales ingleses de este tipo que vieron la luz el siglo pasado. El pionero se dice que es Six days to Saturday, del año 63, que sigue una semana en la vida del modesto Swindon Town: el equipo regresando de una derrota a domicilio cantando Take these chains from my heart, el personal de mantenimiento disparando a las palomas residentes en el estadio, la sesión de vídeo con clips proyectados en una pequeña sala de cine, el día del siguiente partido en casa… Uno de los aspectos más interesantes es la descripción de la vida de los futbolistas del Swindon que hace el narrador, mientras se muestran imágenes de un par de ellos jugando al pool: “Allá donde vayan, son reconocidos y observados. Son el orgullo de una ciudad industrial de 92.000 habitantes. Su fama les hace vulnerables. Los hombres trabajadores, los hombres del ferrocarril, admiran sus proezas pero envidian su libertad y sus grandes salarios. Una élite en su propia comunidad, ellos se defienden mostrando humildad, decoro, educación”. La siguiente escena muestra a un futbolista del equipo dandole patadas a un balón en la calle con niños del barrio.

En los noventa salieron varias joyas del género. Entre ellas, An Impossible Job, un documental que sigue a la selección inglesa dirigida por Graham Taylor durante la fase de clasificación para el Mundial de 1994. El documental pretendía mostrar la presión a la que el seleccionador nacional se ve sometido. A pasado a la posteridad, sin embargo, por su peso humorístico. Cabe recordar que Inglaterra no se clasificó para aquel Mundial. Pero el verdadero documental de culto, con un protagonista disparatadamente carismático y una trama maravillosa, es There’s Only One Barry Fry, del año 97. Si tiene fe ciega en el autor de estas líneas y no puede aguantarse, no se corte; abandónenos ahora mismo y comience a ver el santo grial de este género. Si todavía necesita que se le convenza o lamenta que el documental no incluya subtítulos, se intentará exponer por qué estamos ante el séptimo cielo en cuanto a contenido audiovisual sobre el mundo del fútbol inglés:

“Ser entrenador de fútbol es un trabajo estresante. Barry Fry lo sabe bien: ha tenido dos infartos”. Así comienza la introducción del narrador. “Pero el año pasado duplicó su carga de trabajo al convertirse en el primer dueño y entrenador de un club”. Para quienes no lo conozcan, Barry Fry es una caricatura amable del fútbol inglés más rancio. Quizás no genere admiración pero sí simpatía. Un tipo bajito, rechonchito, casi siempre con una sonrisa. Un personaje al que el Birmingham City, de primera división, despidió en 1996. Con el dinero del finiquito compró el Peterborough United y se nombró a sí mismo entrenador. El documental sigue la temporada de un Peterborough que sufre en segunda.

“Invitadles a todos a una bebida”, dice Fry tras atender a los medios en la sala de prensa. Uno de los periodistas encargados de cubrir el día a día del Peterborough da su visión sobre Fry en el documental: “Es el sueño de cualquier reportero. Este hombre está disponible a todas horas y siempre te devuelve las llamadas, algo muy poco común cuando se trata de un entrenador de fútbol. Puedes escribir lo que quieras sobre él o sobre su equipo, que él te va a tratar igual al día siguiente”, añade mientras la cámara enfoca el titular de su crónica del partido: ‘Even pub footballers are better than this (algo así como ‘hasta un equipo de pub es mejor’). “Creo que nadie, ni los jugadores, dirían que sea un maestro de las tácticas”, concluye el reportero.

Apenas han pasado cinco minutos de documental y ya nos hemos hecho una idea bastante clara de quién es Barry Fry. La siguiente escena nos muestra a Fry como invitado en un programa de radio una mañana de viernes. “It’s Barry Fry-day today”, celebra el presentador con un juego de palabras que bien podría ser castigado por el código penal. Las imágenes del presentador y de Fry en el estudio están intercaladas con escenas de la mujer de Fry en casa, empezando un nuevo día. Fry no decepciona como invitado y su intervención comienza con la siguiente frase: “Cuando vine al Peterborough prometí partidos entretenidos y muchos goles. Lo que no especifiqué es en qué portería se marcarían esos goles”. Entonces su mujer, escuchando el programa en la radio de la cocina, sonríe. La voz en off de Fry apunta: “Ella y mis hijos me animan, y si no tuviese eso sinceramente creo que me volaría los sesos”.

Pasamos al entrenamiento del equipo, que dirigen los dos asistentes de Fry. Tienen mucho trabajo: la defensa cuenta con los peores números de la liga y el equipo, que lleva nueve semanas sin ganar, atraviesa una de las peores rachas de su historia. También hay mucho que hacer en los despachos. Fry se convirtió en el máximo accionista del club asumiendo su deuda. Pero ahora resulta que están mucho más endeudados de lo que creían. Fry está arruinado. “Solo un idiota como yo podría venir a un club sin conocer todos los detalles sobre la situación financiera”, se lamenta. Su sonrisa se ha marchado. Ha puesto su casa como aval, ha tenido que despedir a su mano derecha y se pasa las noches en vela haciendo cuentas sin llegar a ninguna parte.

La sonrisa regresa al rostro de Fry en el vestuario. Enfundado en un chandal con los colores del club, azul y blanco, y un híbrido entre una gorra y una boina, Fry echa unas risas con sus jugadores antes del partido. Un partido que acaban perdiendo. El equipo ronda la zona de descenso y Fry teme que bajar les lleve a la quiebra, arrastrándole a él y a su familia. “Mi mujer siempre me decía que conmigo acabaría viviendo en una tienda de campaña. Quizás le acabe brindando la oportunidad”. No importa cómo de gris esté el asunto, que en el mundo de Fry siempre hay margen para el humor. Y tiene mucho de humor el siguiente giro de acontecimientos que muestra el documental: Fry descubre que no es el dueño del Peterborough porque hubo un problema en la transferencia de acciones y el traspaso del club no se completó. Acaba de quitarse un peso de encima.

El Peterborough finalmente gana un partido y Fry puede celebrar los goles recorriendo la banda y chocándole la mano a los aficionados. En el vestuario están eufóricos y bromean con meterse en puestos europeos a pesar de que jueguen en segunda. La delicada situación financiera se resuelve con la venta del club al dueño de la franquicia Pizza Express. Desde que las cuentas no le quitan el sueño, Barry Fry ha vuelto a ser el de siempre. Ahora dice que duerme de tres a cuatro horas en vez de ninguna. En un momento dado entra a una sala donde están los nuevos responsables del club y se reencuentra con el jefe de finanzas, esa persona con la que había ido de cabeza en las últimas semanas, al que ahora saluda de forma efusiva a lo James Stewart en ¡Qué bello es vivir!.

El siguiente partido es de copa y se juega en casa. Van ganando pero encajan un gol en un centro lateral. “Haz tu puto trabajo y no te preocupes por los demás”, le grita a todo pulmón Fry a uno de sus jugadores. En el segundo tiempo se vuelven a poner por delante pero encajan otros tres goles y acaban perdiendo 2-4. En el vestuario local reina el silencio hasta que Fry lo rompe para decir “0dio las putas competiciones coperas, son una puta pérdida de tiempo”.

Los momentos más personales que muestra el documental es el tiempo que Fry pasa en casa con su familia, sus hijos y su mujer, en la piscina climatizada, en el comedor, en su dormitorio (donde hace un vídeo-blog muy extraño grabándose a sí mismo a las dos de la mañana)… También sale afeitándose. “Hoy tengo que ir al hospital”, explica. Al haber sufrido dos infartos, Fry tiene que acudir para someterse a revisiones. Pero esta vez es diferente. El club ha decidido hacerle un seguro de vida por si le pasa algo y por eso tiene que ir al médico. Solo me queda una semana de vida”, bromea cuando sale del hospital y se sube con su mujer al coche. “No, en realidad me han hecho análisis de sangre, me han medido la tensión, mirado los tobillos, las rodillas…”, le comenta, “y ha dicho que soy un gordo cabrón, pero que aparte de eso todo bien”. Barry Fry en su máxima expresión.

El momento más brillante de todo el documental, y eso es decir, es una negociación de traspaso. El futbolista Miguel de Souza, con una camisa de cuadros roja y blanca que parece un mantel de picnic y una gorra, y su agente, un tipo medio calvo con americana gris, corbata roja y grandes gafas, toman asiento en el despacho de Fry, que les estaba esperando con su chaqueta de gala azul. Ignoremos los detalles del contrato, las cifras a las que se refieren, y simplemente apreciemos este maravilloso diálogo:

[El agente, mirando a su jugador pero dirigiéndose a Fry]:
Creo que estábamos pensando algo como 8,50, 9,50, 10,50…

[Barry Fry]:
No, no, no… No vais a sacar eso. Joder, ¿estáis seguros? No vais a sacar eso. Primer año 5,50, segundo año 6, tercer año 6,50, más un bonus de diez mil libras por 30 goles marcados en todas las competiciones… cada temporada (aquí cabe apuntar que Miguel de Souza acabaría marcando cinco goles durante la primera y también última temporada que lució la camiseta del Peterborough).

***

[El agente, con una cara juguetona ante la mención de un bonus]:
Pongamos que hubiese un bonus por la permanencia… A él [Miguel de Souza] le encanta la idea… Es algo nuevo.

[Barry Fry en su versión más sarcástica]:
A mí me puto encanta, sí. ¿Cuánto queréis?

[El agente, tímidamente]:
Quedan ocho partidos…

[Barry Fry, con una sonrisa de oreja a oreja]:
Sí, ¿cuánto?

(En este momento la cámara enfoca al jugador, que sonríe en silencio observado la negociación de su contrato)

[El agente, hablando bajo]:
Diez mil libras…

[Barry Fry, fingiendo no haberle escuchado]:
¿Cuánto?

[El agente, muy bajito]:
Diez…

[Barry Fry, con una sonrisa todavía más acentuada, apoyándose sobre la mesa y elevando más su tono]:
¿Cuánto?

[El agente, ahora alto]:
Diez.

(Hay una pausa y Barry Fry se reclina en su asiento)

[El agente]:
Es dinero bien invertido…

[Barry Fry, ahora serio]
Lo es. Cinco.

Una vez acordado que Miguel de Souza recibiría 5.000 libras, y no 10.000, la negociación continúa. Al final Fry extiende su mano diciendo ‘¡hecho!’. Después de un apretón con el agente y el futbolista, Fry coge un mazo de juez que tiene sobre su mesa y, como si de una subaste se tratase, grita ‘¡vendido al gordo cabrón de la chaqueta azul!’. 

There’s Only One Barry Fry no decepciona. Cuando acaba de suceder algo fascinante, la siguiente escena sube la apuesta. Cuando esa negociación parecía insuperable, pronto tenemos un plano de un jugador comiéndose una barrita de chocolate Snickers en el descanso de un partido ante el Bristol Rovers. Ganaban por 1-0 y acabaron perdiendo por 1-2. “Vestíos, tomaos una cerveza e iros a vuestra puta casa”, le indica Fry a sus jugadores tras el pitido final. 

Se le acaba el tiempo al Peterborough para salir de la zona baja de la tabla. El penúltimo partido de la temporada es a domicilio en casa del Bury. El documental muestra cómo se viven las horas previas: dos jugadores juegan un partido de fútbol en la consola, otro plancha su ropa, Fry lee la prensa, la afición viaja en el bus cantando… Tras una nueva derrota, algunos aficionados piden la marcha de Fry. Tienen una última oportunidad en casa ante el Luton. Pero también pierden. El Peterborough está descendido. El documental concluye con Fry diciendo: “Creo que todo está acabado… y lo está”. En ese momento se le dibuja una sonrisa en la cara, mira a cámara y se acerca apretando el puño: “Pero volveremos el año que viene con muchas ganas, amigo. No pueden tumbar a un buen hombre”. Ese fue el primero de nueve años de Barry Fry como entrenador del Peterborough. Ahora es el director deportivo del club. Se han hecho y se harán toda clase de documentales sobre fútbol, pero ninguno será como este. There’s Only One Barry Fry.

Foto de portada: David Horn/Focus Images Ltd 

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4 comments

El fútbol inglés es enormemente rico y pintoresco. Se observa con envidia y expectación.
Fantástico artículo. Un placer leerle, señor Mosquera.

La excentricidad de Barry Fry me ha recordado a una novela ambientada en el fútbol inglés. Se trata de “”Cómo llegamos a la final de Wembley” (ya, ya, es un spoiler el título en sí mismo) de J.L. Carr, que os recomiendo a todos los seguidores de MI.

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