Los laureles del Liverpool de Klopp

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La Copa de Europa luce lazos rojos y habla con acento scouse. Catorce años después de vivir el milagro de Estambul, el Liverpool disfrutó de una noche histórica en el Metropolitano, esta vez con Jürgen Klopp como director de orquesta de una maquinaria perfectamente engrasada. Atrás quedan los fantasmas de Kiev y la amargura por ceder en el mano a mano con el Manchester City en la carrera por conquistar la Premier, porque hoy el fútbol mundial rinde pleitesía al rock and roll compuesto con pasión en la ciudad de los Beatles; aunque en la última parada la canción fuese más anodina que de costumbre. Su entrenador, el del fútbol presionante, la sonrisa permanente y la estampida como sello de identidad, es solo el rostro visible de una pirámide construida bloque de piedra a bloque de piedra durante el último lustro. El minucioso trabajo realizado por el club inglés en la parcela deportiva terminó dando sus frutos en la capital de España, donde los reds derrotaron al Tottenham como paso previo a levantar su sexta Orejona. Esta vez el Liverpool golpeó y resistió, salió indemne del aguijón de Son, superó los obstáculos de Pochettino y acabó encajando la corona de rey de Europa en su cabeza.

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Liverpool 2 (Salah (p) 1′, Origi 88′)

Tottenham vs Liverpool - Football tactics and formations

El viento sopló a favor de los hombres de Klopp desde el pitido inicial. Mané, siempre apto para viajar con equipaje de mano a la espalda de la cobertura visitante, encontró oro en el minuto 1 de juego. Ni siquiera se esforzó en deshacer la maleta. Superado Trippier por la explosividad del diablo africano, el 10 enfrió el motor dispuesto a encontrar socios en su tempranera aventura en campo contrario. Para desconsuelo del Tottenham, el centro blando del extremo red se toparía con el brazo de Sissoko. Al menos así lo interpretaron Skomina y sus ayudantes. Un coste altísimo para la discutible imprudencia del medio francés. Aunque Lloris leyó como debía las intenciones de Salah, el egipcio no malgastaría semejante oportunidad desde los once metros. El Faraón puso en ventaja a los suyos cuando las gargantas de la hinchada del Liverpool no habían entrado en calor. Un gol capaz de mudar el guion de la final, pero no de hundir al equipo de Pochettino, superviviente en mil batallas, a cada cual más épica.

El 1-0 no desesperó a Kane, Eriksen, Sissoko, Winks y compañía. Sin embargo, los Spurs no se sintieron cómodos llevando la iniciativa, en parte porque Robertson y Alexander-Arnold, dos de los mejores laterales del planeta fútbol, desactivaron cualquier tipo de amenaza en las proximidades de la meta protegida por Alisson. Alli pululaba a la espalda de Fabinho, y lo hacía empeñado en jugar al gato y al ratón con el estupendo mediocentro brasileño. No funcionó. Son, de inicio escorado a la izquierda en el 4-2-3-1, enseñaba su aguijón cuando se alejaba de la banda, pero su atrevimiento tampoco llegaba a causar daños tangibles a la pareja de centrales del Liverpool. La elogiable determinación del surcoreano no permitía recoger beneficios y Pochettino no veía el cielo despejado desde su área técnica. Todo lo contrario. Las dos oportunidades más claras del primer tiempo las disfrutarían Arnold y Robertson, dos atletas portentosos preparados para triturar metros cuando la ocasión lo requiere. En ambos, valentía y puntería a menudo van de la mano.

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Mo Salah celebra el primer gol (Foto: MarcadorInt/Tomàs Martínez. Todos los derechos reservados).

A la vuelta de los vestuarios, el Tottenham se estiró en bloque y al Liverpool comenzaron a fallarle las fuerzas. Klopp, en todo momento pendiente de controlar el depósito de gasolina, retiró a Firmino y a Wijnaldum en busca de recambios que mantuviesen alto el nivel de energía. Mermado en el apartado físico el punta brasileño, al subcampeón de la Premier le faltó su brújula por delante del balón. La escasez de futbolistas aptos para manejar el esférico entre líneas invitó al alemán a apostar por dos cápsulas de vitaminas. En paralelo, la aparición de Origi aumentó el protagonismo de Salah, sin correas a la hora de descolgarse y aprovechar su punta de velocidad a campo abierto. El encuentro se movía en márgenes muy estrechos, pues a los Spurs les faltaba presencia en el área para finalizar sus recurrentes incursiones y los reds tampoco se sentían capaces de asestar un segundo zarpazo definitivo. Quizá con menos brillo del deseado, los dos equipos convivían en un ida y vuelta incentivado por Pochettino. La aparición sobre el verde de Dier y Lucas Moura, sustitutos del lesionado Sissoko y de Winks, encendió la llama spur. Y Mauricio prendió su última antorcha confiando en el don de la oportunidad de Llorente, otro de sus talismanes.

Cuando todas las miradas se concentraban en el área defendida por Alisson, porque la insistencia del Tottenham así lo exigía, el protagonista más inesperado y a la vez más decisivo de esta Champions, Origi, recibió la pelota en el pico del área tras una serie de carambolas y lo acostó en la portería de Lloris. En el reino del tridente rojo, un delantero más plano acabó siendo el elegido por el destino para colocar la etiqueta de ganador en la espalda de Klopp. Pocos han empujado más que el entrenador alemán para derribar la última frontera. Así, la superlativa temporada del Liverpool recibe un premio a la altura del trabajo realizado por un grupo de futbolistas entregados a la causa de su míster. Es el triunfo del proceso y la perspectiva en un fútbol donde la pausa en la toma de decisiones estructurales no suele tener cabida. Es la victoria de dos colosos en lo suyo como Van Dijk y Alisson. El título de dos laterales sobresalientes como Robertson y Arnold, la resiliencia de Matip, los galones de Fabinho, el dinamismo de los interiores y el desbordante talento complementario de los Mané, Salah y Firmino. Y del comodín Origi. Es la obra de Klopp, un tipo que, siendo derrotado por sistema en las grandes citas, se ganó el crédito suficiente para volver y ganar. Un campeón auténtico y un auténtico campeón.

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Klopp, manteado por la plantilla (Foto: MarcadorInt/Tomàs Martínez. Todos los derechos reservados).
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Henderson alza la Copa (Foto: MarcadorInt/Tomàs Martínez. Todos los derechos reservados).
Foto de portada: MarcadorInt/Tomàs Martínez (Todos los derechos reservados).

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8 comments

No fue el mejor partido del Liverpool, pero es indudable que estos 3 años se merecen un premio. Después de la Europa League contra el Sevilla, la Champions contra el Madrid y la Premier del City; los reds necesitaban la gloria para que la ley física de “trabajo=fuerza” por espacio siguiera vigente.
Gran partido y gran artículo.

Una de las finales mas lamentables que recuerdo. La primera parte fue esperpentica. El penalti no es, distancia cortisima y ademas el balon pega en el pectoral antes de en el brazo. El Tottenham lo ha intentado, ha hecho lo que tenia que hacer. El Liverpool jugando muy atras… En definitiva el Liverpool merece ser campeon por haber llegado ya el año pasado y por los partidos de Anfield, que han sido muy buenos. Y tambien por Klopp, que ya iba siendo hora de que encontrase su justa recompensa. Pero desde luego no por la final.

Fue una final flojita en general. El Liverpool no hizo gran cosa para ganarla pero tuvo dos y las mandó a guardar, y al final eso es lo que vale.

No me pareció mal partido el del Tottenham, quizás algo corto como para ganar, pero creo que en el segundo tiempo con el 1-0 hicieron méritos de sobra como para empatar el partido. Las conexiones de Son y Eriksen generaron ocasiones suficientes, hubiera sido un premio merecido la igualdad.

El mejor del partido para mí fue Alisson. Cuando más estaba sufriendo el Liverpool no solo apareció con un par de manos vitales para quitarle el gol a Son y a Eriksen, sino que además se mostró muy seguro en todas sus acciones. Que poco se valora en general un portero que con su sobriedad aporta un punto de seguridad y de confianza a la defensa.

Estaba esperando que llegará un penalti por manos como el de ayer, en toda una Final de la Champions para ver si por una de aquellas se abre un debate en el fútbol sobre como de trascendente se ha vuelto una jugada que se da muchas veces en un partido y que tal como está reglada los decide.

No puede ser que un centro que no se sabe a ciencia cierta donde va y al rival le de en la mano sea penalti. Igual el centro lo esperaba un “Onésimo” de la vida rodeado de “Materazzis”, da igual, es penalti. Igual el centro iba al segundo palo y el delantero se desmarcaba al primero, da lo mismo es penalti. Tal es asi, que Sissoko ordena a sus compañeros donde tienen que defender, el delantero centra le da en el brazo y … penalti, en una final de Champions. Vista por millones de personas, que algunos ven el fútbol de manera regular, otros solo por ser una final, un evento de gran magnitud, que me cuesta que puedan entender que una final entre los dos mejores equipos de la mejor competición se decida por un centro lateral que le da la mano al defensor.

Mi propuesta, libre indirecto. La jugada hay que castigarla desde luego, pero no puedes mandar a la horca a alguien que ha robado un trozo de pan.

Los penaltis son penaltis en la final de la Champions, en regional o en la copa Konami. Tuvo mala suerte porque estaba ordenando a un compañero defender, pero la mano estaba demasiado separada del cuerpo. Un saludo

Precisamente de eso me quejo. Que ese tipo de penalti no lo debería ser ni en la final de la Champions, ni en regional ni en la Copa Komani. Libre indirecto y a jugar.

El problema es que si juzgas un tipo de manos como tiro libre y otras como penal se va a prestar mas a interpretacion y se causa mas caos, muchos defensas cancheros harian mas manos “inintencionadas”, total en el peor de los casos va a ser solo un tiro libre indirecto.

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