Triste paseo por Sofía

England Manager Gareth Southgate before the UEFA Euro 2020  Qualifiers match at Vasil Levski National Stadium, Sofia
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14/10/2019

El Bulgaria 0-6 Inglaterra disputado el lunes por la noche en Sofía fue lamentable. No se puede culpar a la pasiva selección búlgara, que se limitó a observar a su rival, pues al fin y al cabo cada entrenador es libre de escoger el planteamiento que considere oportuno. Después de haber encajado un 4-0 en Wembley hace un mes, el seleccionador búlgaro consideró que era preciso minimizar riesgos y centrarse en defender. Que luego lo hicieran de forma estrepitosa es otro asunto. A Inglaterra tampoco se le puede achacar nada. Durante largos tramos mantuvieron la posesión de forma bastante conservadora, pero ya habían hecho sus deberes de cara a puerta. El verdadero problema con este partido no estuvo en el césped; lo que carece de justificación alguna es lo que sucedió en las gradas.

Era el debut con la selección inglesa del central de 26 años Tyrone Mings. Un futbolista que de pequeño tuvo que vivir con su madre y sus hermanas en un albergue para gente sin techo. Un futbolista que comenzó a forjarse cuando a los ocho años el Southampton lo incorporó a su cantera. Un futbolista al que más tarde se le quebró la ilusión cuando siendo un adolescente el Southampton le invitó a irse. Un futbolista que ya no se veía siendo futbolista. Acabó sirviendo pintas en un pub y más tarde pasó a trabajar en un centro de llamadas como asesor hipotecario. Pero no se rindió. Resurgió desde el non-league football y acabó recalando en el Ipswich Town. De ahí, al Bournemouth. Había llegado a la Premier League. Le tocó dar un paso atrás para poder seguir creciendo y se fue cedido al Aston Villa, de segunda. Ascendieron y ahora, propiedad del Villa, se ha consolidado como uno de los centrales más fiables de la Premier. 

Tyrone Mings (centro) junto con Mason Mount (izquierda) y Declan Rice (derecha) en la previa del encuentro ante Bulgaria. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.
Tyrone Mings (centro) junto con Mason Mount (izquierda) y Declan Rice (derecha) en la previa del encuentro ante la República Checa. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.

Como recompensa por su gran trabajo, Mings recibió la oportunidad de estrenarse con la camiseta de los Three Lions este lunes ante Bulgaria. Pero el día más especial de su carrera quedó empañado. No por una mala actuación individual, una derrota o una lesión, sino por el racismo al que fue expuesto. Los abucheos y gestos racistas desde la grada fueron captados por las cámaras de televisión. Las cámaras también mostraron como el propio Mings se había dado cuenta de estas ofensas. Además de Mings, Raheem Sterling y Marcus Rashford también habían sido el objeto de agravios racistas. Inglaterra siguió con el protocolo de la UEFA para esta clase de escenario: Mings le comunicó lo sucedido a su capitán Harry Kane y este habló con el colegiado. Tal y como dicta el primer apartado del protocolo, el partido se interrumpió y la megafonía lanzó una advertencia: de darse más cánticos racistas, el encuentro se suspendería.

El primer tiempo no había llegado a su fin cuando el árbitro tuvo que parar el juego por segunda vez. Siguiendo el segundo apartado del protocolo de la UEFA, al cuerpo técnico de la selección inglesa se le ofreció la opción de llevar a todos sus jugadores al vestuario, pero optaron por seguir jugando hasta el descanso. Tras reunirse en el vestuario, Inglaterra decidió salir a jugar la segunda mitad, acordando que abandonarían el encuentro si las ofensas continuaban (como establece el tercer y último punto del protocolo). Después del partido, la FA, Southgate y los jugadores lamentaron los incidentes, pero se mostraron orgullosos por cómo habían gestionado la situación como grupo. “Nada puede arruinar este momento tan especial para mí”, afirmó Mings cuando se le preguntó sobre su debut, “aunque obviamente fue decepcionante tener que soportar esto”, reconoció. “Pero lo manejamos de la forma adecuada, siguiendo los pasos del protocolo. Pude escucharlo [las ofensas] muy claro. No me afecta mucho, más bien siento lástima por la gente que pueda tener esas opiniones”.

El encuentro tuvo que pararse hasta en dos ocasiones. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.
El encuentro tuvo que pararse hasta en dos ocasiones. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.

La preocupación por posibles incidentes racistas existía desde la previa. De hecho, el Estadio Nacional Vasil Levski, de 40.000 espectadores, estaba parcialmente clausurado para este encuentro y la federación búlgara solo podía vender 5.000 entradas. Bulgaria había sido sancionada por anteriores muestras de racismo por parte de un sector de su afición. La selección inglesa se había reunido para dejar claro cómo actuarían en caso de que se volviese a dar tal indeseable situación. Ante tanto revuelo, el seleccionado búlgaro Krasimir Balakov sugirió que el fútbol de su país no tenía tantos incidentes racistas como el inglés. Tras el partido, Sterling, que marcó un doblete, recuperó estas declaraciones en su página de Twitter y añadió un comentario: “No estoy seguro, jefe”. En un tweet distinto, Sterling apuntó: “Me sabe mal que Bulgaria esté representada por tales idiotas en su estadio. En fin, ganamos 0-6 y nos volvemos a casa. Por lo menos hicimos nuestro trabajo. Buen viaje a nuestra afición, habéis estado bien”. Los hinchas ingleses desplazados a Sofía le habían dedicado el siguiente cántico a la grada local: “¿Quién ha metido el balón en la red de los racistas? ¡Raheem Sterling!”. 

Más allá de la amenaza racista que desafortunadamente terminó cumpliéndose, la previa también había sido tensa para Inglaterra por motivos futbolísticos. El pasado viernes ante la República Checa firmaron una de sus peores actuaciones desde que Southgate tomara las riendas hace tres años. El equipo volvió a mostró serias inseguridades en defensa y esa vulnerabilidad acaparó todas las críticas. Pero casi igual de desesperante fue su uso del balón, que se tradujo en un juego desanimado y espeso. Se adelantaron con un gol tempranero que acto seguido fue igualado por el combinado checo. Lo que en el primer tiempo pareció una actuación por debajo de su potencial acabó siendo una debacle en la segunda parte, cuando los checos les pusieron contra las cuerdas y terminaron llevándose el partido.

Inglaterra salió tocada de su visita a Praga. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.
Inglaterra había salido tocada de su visita a Praga. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.

El lunes, Southgate hizo cinco cambios con respecto al encuentro del viernes. El más destacado, por lo mucho que había dado de que hablar la defensa, fue la entrada de Mings por Michael Keane. El central del Villa suplió al del Everton como acompañante de Harry Maguire en la zaga. Se quedaron sin jugar Joe Gomez, que tampoco es que esté contando con minutos en el Liverpool, y Fikayo Tomori, titular en el Chelsea. John Stones, lesionado, no era una opción. Mings tuvo poco trabajo, pero dentro de lo que cabe transmitió seguridad con y sin balón y no sería de extrañar que Southgate volviese a apostar por la misma dupla en un futuro. Mings ya había ido convocado en el anterior parón de selecciones, pero entonces Southgate no consideró que fuese oportuno probar más centrales. Aunque el juego de Inglaterra no haya mejorado considerablemente, se podría leer como una buena señal que el técnico ahora sí que haya tenido la flexibilidad necesaria para introducir cambios. En los laterales, el costado izquierdo fue para Danny Rose el viernes y para Ben Chilwell el lunes, y por la derecha solo jugó Kieran Trippier, con Trent Alexander-Arnold observando desde el banco pese a haber iniciado otro gran curso con el Liverpool.

La otra novedad más llamativa fue la titularidad del mediocentro del Tottenham Harry Winks en lugar de Declan Rice, del West Ham. Aunque este cambio quizás estuviese motivado porque Rice se hubiese puesto enfermo durante el fin de semana. De cualquier modo, queda claro que a día de hoy solo uno de estos dos jóvenes (Winks tiene 23 años; Rice, 20) tiene sitio en el once de Southgate, ya sea como mediocentro de contención o como acompañante del en teoría indiscutible Jordan Henderson en un doble pivote. Sin descuidar la parcela defensiva, Winks trató mejor la pelota que Rice y demostró ser una opción más inventiva y excitante. Aunque cabe recordar que Bulgaria planteó pocas dificultades. Todavía queda camino hasta la Eurocopa, por lo que será muy interesante ver quién de los dos hace más méritos para hacerse con el sitio.

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El rol de mediocentro ofensivo también ha sido cosa de dos en este parón. Mason Mount fue titular por primera vez ante la República Checa, cogiendo el sitio de su compañero en el Chelsea Ross Barkley, pero frente a Bulgaria fue Barkley quien jugó de inicio e hizo un doblete a base de acompañar la jugada hasta el área. Mount quizás llegaba en un mejor momento a esta convocatoria y de ahí que Southgate primero apostara por él, pero Barkley no parece dispuesto a ceder tan fácil. La competencia por este rol, y por un sitio en el centro del campo en general, se podría volver más interesante si cabe cuando entren futbolistas como James Maddison (baja a última hora), Dele Alli, Alex-Oxlade-Chamberlain, Adam Lallana (los tres sin convocar por falta de rodaje) o Ruben Loftus-Cheek (lesionado). Jack Grealish, protagonista en el Villa, también podría ser una opción. Phil Foden necesitará más minutos para poder ganarse un sitio y para Jesse Lingard es imperativo mejorar sus actuaciones con el Manchester United si desea regresar a la selección.

Raheem Sterling firmó un doblete. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.
Raheem Sterling firmó un doblete. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.

Arriba está absolutamente claro que Harry Kane es el nueve y Raheem Sterling uno de los extremos. Ante Bulgaria volvieron a entenderse a las mil maravillas. Es en la otra banda donde surgen más dudas. El viernes, Southgate escogió a Jadon Sancho, que había destacado en el triunfo ante Kosovo en el anterior parón, y Marcus Rashford se quedó en el banquillo. Después, el futbolista del United fue titular frente Bulgaria y respondió abriendo la lata con una gran acción individual. Partiendo desde la banda y no como nueve, donde juega en su club, se vio al Rashford más desequilibrante.

A pesar del lamentable incidente en las gradas y del poco fútbol al que invitó el rival, Inglaterra completó su paseo en Bulgaria y demostró tener opciones válidas en todos los puestos. Pero rivales más exigentes como la República Checa han evidenciado las carencias de los de Southgate. Todavía les queda mucho trabajo por delante si quieren soñar con alcanzar la final de la Eurocopa, que precisamente tendrá lugar en Wembley. Su siguiente partido será ante Montenegro, el otro equipo más flojo del grupo junto con Bulgaria, pero en ese mismo parón de noviembre visitarán a la selección de Kosovo, y ese sí que podría ser un duelo más complicado.

Inglaterra lidera su grupo con tres puntos más que la República Checa y cuatro más que Kosovo. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.
Inglaterra lidera su grupo con tres puntos más que la República Checa y cuatro más que Kosovo. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.
Foto de portada: Paul Chesterton/Focus Images Ltd

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