Un sueño recurrente

20140901_142350

Siempre contemplaba el concepto de los sueños recurrentes con cierto escepticismo. Para mí eran pura ficción, un recurso narrativo digno del mundo cinematográfico. Ignoraba que miles de expertos los hubiesen estudiado de cerca. Ignoraba hasta el relato de mi propia madre, que aseguraba soñar con frecuencia sobre un examen de matemáticas. Hasta que caí en la cuenta de que yo tenía mi propio sueño recurrente. Uno que estoy seguro que algunos lectores de este medio compartirán: el de un debut.

Poco a poco, mi sueño futbolístico más recurrente ha pasado a ser más mundano. Empezaron siendo sueños de un grandioso debut en un club del más alto nivel. Tendría unos seis años y me hacía polvo el despertarme y comprobar que era un sueño, que no iba a debutar con nadie; recordar que, de hecho, era un poco paquete, y que encima tenía que ir a clase. Después pasé a tener debuts más discretos en equipos de mitad de tabla: se habían lesionado los otros jugadores de mi misma demarcación, yo entraba y, en contra de todo pronóstico, marcaba un gol chapucero en el que el balón era desaviado por un defensor. Con el paso del tiempo, la página de Wikipedia imaginaria de mi futbolista nocturno fue bajando caché. Hasta que llegué a un punto en el que soñaba con goles en meras pachangas. Pero la otra noche, mi sueño más recurrente recuperó aires de grandeza.

El pueblo del norte de Inglaterra donde viví hace unos años tenía un equipo de fútbol en la 11ª división. Cuando llegué ahí, me enteré de que necesitaban jugadores para su juvenil, así que fui a probar. Ya estaban en ritmo de temporada y yo venía de un verano mirando las musarañas. Era, y soy, un jugador con buenas intenciones pero no siempre acertada ejecución. De todas formas, siempre creía haber compensado mis carencias con esfuerzo. Pero en este caso ni siquiera podía esforzarme. Mi poco rodaje no me permitía seguir la carga física del entrenamiento de esos ingleses. El entrenador fue comprensivo y me invitó a volver otro día. En vez de tener paciencia, intentar ganar físico y engancharme, me conformé con jugar pachangas y, terrible idiota, no volví a los entrenos de ese equipo. Se me quedó la espinita.

El otro día, mi cerebro quiso darme una nueva oportunidad. Un sueño me trasladó a una versión abstracta de aquel pequeño pueblo de la campiña. Volvía a probar con ese equipo y volvía a padecer el esfuerzo. Pero esta vez decidía invertir mi tiempo libre en entrenar por mi cuenta para ponerme al mismo nivel que el resto del grupo. Lo conseguía y debutaba de mediocentro con el primer equipo entrando desde el banquillo en un pasto de un verde muy intenso (mi cerebro eliminó el barro de la ecuación, restándole romanticismo a la escena pero dándome más opciones de hacer algo decente). La culminación del sueño era la siguiente imagen: recibía el balón desde la banda izquierda, controlaba, me giraba y encontraba a un compañero libre en la derecha. Ya está. Eso era todo. Eso era la gloria.

Es fascinante cuánto ha degenerado mi sueño más recurrente. Y sin embargo, sigue provocando que me despierte pensando ‘mierda, ojalá realmente hubiese dado ese pase en la 11ª división inglesa’.

Si mi mente dormida fantaseaba con jugar al fútbol, durante el día soñaba despierto con otras aspiraciones, como ser periodista deportivo. Recuerdo de forma muy viva lo que sentía ese mismo año que viví en la campiña inglesa. Era una época de leer los contenidos de esta web entre clases, de trayectos en bus escuchando la sintonía de El Palacio de Linares que daba paso al Morning y de sábados en los que Àxel todavía estaba en el programa de radio. Al término de esa temporada empecé a colaborar con MarcadorInt y cumplí así un sueño. Me fui de aquel pueblo sin debutar en el juvenil de un 11ª división, pero me unía a lo que para mí era un primera división del periodismo deportivo. 

Escribir para MarcadorInt ha sido un verdadero placer. He aprendido y he disfrutado compartiendo proyecto con compañeros brillantes, de una capacidad de análisis admirable y, sobre todo, una pasión esperanzadora. Y si algún día llegabas apurado para un artículo, se hacían las tantas y te podía invadir la duda tonta de si de verdad había merecido la pena, al día siguiente te encontrabas con el comentario de algún lector cuya pasión también te llenaba de ilusión. Esa pasión recíproca es lo que mueve MI. “El fútbol nos interesa en todas partes. Por pequeñas que sean”. Gracias a todos: a los compañeros por la oportunidad y la paciencia; a los lectores por el afecto y por acompañarme a campos de cuarta o del non-league football, a pubs e incluso hasta a la barbería. Viva MI, long live MI.

Apoya los contenidos en MarcadorInt y conviértete en un mecenas del proyecto a través de Patreon. Puedes apuntarte aquí.

Foto de portada: MarcadorInt

15 comments

Tremendo máquina eres Miguelito. Hemos disfrutado un montón leyéndote. Suerte allá donde vayas, esperamos seguir leyéndote

Magnífico texto de despedida, Miguel. Me ha encantado leerte durante tantos meses y aprender del fútbol inglés con tus amplios y currados textos. Se te echará de menos por aquí. Un abrazo fuerte.

Antes disfrutaba viajando por los campos ingleses de la mano de de Grado desde Manchester, ciudad que he podido visitar unas cuantas veces. Ahora viajo con Sir Mosquera y es de las cosas que más me gusta de MI y del periodismo deportivo en general.

Larga vida a Sir Mosquera.
Larga vida a MI.

Siempre tan amable, José Antonio. Muchísimas gracias por haber seguido mis artículos y por tus comentarios.

Como amante del infrafútbol inglés, que sepas que he disfrutado muchísimo con tus artículos sobre todo aquellos en los que conocíamos historias de equipos pequeños o desconocidos.
Suerte en el futuro, Mosquera.

Gracias Miguel por todas las historias de equipos y campos modestos que nos has traído, las que realmente gustan a los amantes del fútbol inglés. Espero que te vaya fenomenal en tu nueva etapa.

Mucha suerte y Let’s go Brentford!!!

Deja un comentario

*