V de vuelta

Real Madrid and Manchester City players line up before the start of the UEFA Champions League match at the Estadio Santiago Bernabeu, Madrid
Picture by Yannis Halas/Focus Images Ltd +353 8725 82019
26/02/2020

La vida es un partido de vuelta constante. Buscamos la revancha. Siempre tenemos el partido de ida jugado, con mejor o peor resultado, y esperamos que en el encuentro definitivo se resuelvan nuestros problemas, o al menos que no empeoren. En la vida todos hemos pasado por el momento en el que ahora están los equipos españoles. En alguna etapa hemos estado bien, muy bien nos atreveríamos a decir, como está el Atlético en su eliminatoria, y nuestra única petición era que todo siguiera absolutamente igual. También hemos estado como Valencia y Real Madrid, semiinconscientes un domingo de resaca, pero con la única opción de bailar al borde del abismo. No tener nada que perder ya es una forma de ganar. Luego está lo del Barça, que no está ni bien ni mal, que es lo peor que hay. Los días más tristes son los que no hay motivos para estarlo.

Estamos a la espera de una venganza permanente. La venganza no es más que un consuelo, una futura promesa que sabemos que no se cumplirá. Creemos que siempre vamos a vengarnos, a ponernos la máscara de La casa de papel o V de Vendetta. Es lo último que nos queda antes de rendirnos. En el fútbol y en la vida pasa lo mismo y se hace bueno el dicho: la esperanza es lo único que se pierde. Y lo que es mejor: aunque se pierda, seguimos en pie. Despertarnos cada día con el mundo encima igual que Leila Guerreiro se enfrenta a la página en blanco: “Cada vez que me siento a escribir soy esa mujer en una caja de madera, sin esperanza pero sin lugar a dudas, entregada a una convicción imposible”. Es como si no tuviéramos opción de creer en la remontada o no: siempre lo hacemos. Se cumple la premisa de Cortázar, que dice que de todos nuestros sentimientos el único que no es verdaderamente nuestro es la esperanza. “Le pertenece a la vida, es la vida misma defendiéndose”.

Sabemos todo lo que nos gusta de René, la nueva canción de Residente. Lo que dice, cómo no los dice, su cara. Pero creo que nos fascina una idea macabra: todo es más difícil fuera de casa. Hay un momento en el que el cantante dice que no le importan las giras, los discos ni los Grammys: “Quiero volver a ver el cometa Halley con mami”.

En las eliminatorias sucede lo mismo: fuera de casa los equipos se sienten más desvalidos, de ahí que el gol valga más. Ahora que se especula con restarle ese valor añadido, sin tener yo ni idea sobre el tema, diré que tiene sentido tal y como está ahora. Todo cuesta más fuera de casa. Comer, dormir y hasta ir de vientre.

Todo es más bonito en el pasado porque entran en juego los recuerdos y todo es más bonito en el futuro porque participa la imaginación. Somos felices en lo que ha pasado o en lo que pasará. Nunca en lo que pasa. Hay una frase de Piglia que debería servirnos para saber que igual hoy no somos felices, pero mañana seguramente sí. Es la misma filosofía que cuando leemos en un bar “hoy no se fía, mañana sí”. El escritor argentino escribió en sus diarios: “Cuando quiero tranquilizarme me refugio en el futuro: dentro de diez años me voy a reír de todo esto”. El futuro es como queramos que sea hoy. Ya veremos cuando llegue.

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Foto de portada: Focus Images Ltd.

6 comments

¿Nadie ha comentado nada? Me parece una reflexión maravillosa sobre la esperanza y ese presente enjaulado entre el pasado y el futuro. Gracias como siempre, Sergio 🙂

Es absolutamente cierto lo que dices Sergio, muchas veces vivimos en la promesa de vivir, en una posposión eterna y constante. Yo, muchas veces, leo tu artículo el domingo y vuelvo a él a mitad de semana y, entonces, comento. Aunque esto no tiene nada que ver con la desgana o la dejadez, más bien con el placer de releerlo cuando ya he degustado tus reflexiones.
Gracias amigo, de veras.

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