Vasilis Hatzipanagis, el futbolista esclavo

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Esta historia es para los amantes de las leyendas forjadas en los potreros de Rosario sobre el Trinche Carlovich, es un relato para aquellos que todavía se preguntan qué hubiera sucedido si Di Stefano y Kubala hubieran jugado juntos o para los que se imaginan el legado de Guti si se hubiera presentado a ojos del Bernabéu con su nombre de pila. Para los que han hecho del y si… un entretenimiento futbolístico, casi una filosofía, traemos la historia de Vasilis Hatzipanagis, el Maradona griego, como muchos le han bautizado al recoger su legado. Pero tras este honroso símil se esconde la historia de un hombre que sufrió una gran injusticia por el simple hecho de nacer en una época y un lugar que no le correspondían.

En el marco de la celebración de los 50 años de la UEFA, en noviembre de 2003 se pidió a las distintas federaciones europeas que eligieran al mejor jugador de su país para crear una especie de Hall of Fame del fútbol del viejo continente. Entre este elenco de estrellas como Johan Cruyff, George Best, Lev Yashin o Ferenc Puskás, la federación griega designó como el más grande a un futbolista que apenas disputó dos amistosos con la selección helena y cuyo mayor logro en Grecia es levantar la Copa del 76. Extraña elección, a priori, pero casi todo en el currículum de Vasilis Hatzipanagis es así: raro, sorprendente y por lo tanto interesante.

Para empezar Hatzipanagis no nació en Grecia, lo hizo en Tashkent, la capital de la antigua República Socialista Soviética de Uzbekistán. Los padres de Vasilis -ella de Estambul, él procedente de Chipre- fueron exiliados políticos de la Guerra Civil Griega, uno de los primeros conflictos que sucedieron durante la Guerra Fría. Tras la ocupación nazi, el partido de gobierno provisional -apoyado por Estados Unidos y Gran Bretaña– fue escalando la tensión con el Partido Comunista Griego -apoyado por la U.R.S.S. y Tito– hasta llevar al país a la guerra en 1943. Centenares de miles de personas pidieron asilo en Yugoslavia o en alguna de las repúblicas socialistas más cercanas. Casi 50.000 personas lo encontraron en Tashkent, pero el gobierno de su país natal les denegaría la ciudadanía griega tanto a ellos como a sus descendientes, dejándolos en una zona gris apátrida; este detalle será importante más tarde, veremos por qué.

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El Hotel Uzbekistán, uno de los edificions más icónicos de Tashkent, fue construido tras el gran terremoto del año 1966. Foto: Benjamin Goetzinger bajo licencia Creative Commons.

La modernidad soviética de Tashkent

Vasilis creció en medio de un clima de efervescencia en la la capital uzbeka. Como hemos dicho, Tashkent dio cobijo no sólo a los comunistas griegos, también fue el escenario de un gran desarrollo industrial. Muchas fábricas y empresas migraron hacia el Este alejándose de un foco de conflicto como era el corazón de la vieja Europa. Esto hizo de Tashkent un polo de actividad económica en el que se mezclaron uzbekos, exiliados, rusos y ucranianos. Además, el grave terremoto sucedido en abril de 1966 sirvió como excusa para casi refundar la ciudad, acabar con los barrios de construcciones tradicionales y edificar grandes monumentos como el Hotel Uzbekistán, el rascacielos de la prensa o los alrededores de la plaza Lenin en aras de crear una urbe moderna, la viva imagen de la prosperidad soviética. Entre grúas, tractores y calles en obras, Vasia (así se le apodaría años más tarde en Grecia) empezó a destacar ya desde muy jovencito por tener una zurda prodigiosa, un regate en corto imparable y lucir una curiosa cabellera rizada. ¿Nos va sonando, no? El Dinamo Tashkent, un club con convenio con el Dinamo de Moscú, llegó a formarlo en sus filas. Pero el FC Pakhtakor, el único equipo de la liga uzbeka que disputaba la Primera Liga Soviética, le echó el guante ofreciéndole un contrato profesional a los 17 años de edad. No obstante, las leyes de la U.R.S.S. eran claras: para militar en equipos de categorías superiores había que ser ciudadano soviético de pleno derecho. El hijo de exiliados comunistas griegos optó en un primer momento por la ciudadanía soviética, cosa que le permitió debutar ante el Shakhtar Donetsk siendo un adolescente, ascender a la Liga Suprema Soviética en 1972 y defender la camiseta de la hoz y el martillo en una Fase de Clasificación para los Juegos Olímpicos de Montreal 1976.

Fichaje frustrado por Olympiakos

El joven interior del FC Pakhtakor causó sensación en sus primeras tres temporadas. No sólo por sus 22 goles en 96 partidos, sino especialmente por su desenfadada manera de jugar al fútbol, inmortalizada en una de esas frases tan redondas y perfectas que tantas veces nos deja la historia de este deporte: “Cuando salgo al campo y veo a todos esos defensores ante mí, me gustaría regatearlos a todos, uno a uno”. Para tener una idea del impacto de Hatzipanagis en el fútbol soviético, Vasia fue dos veces elegido jugador de plata de la Liga Suprema sólo por detrás del mito ucraniano Oleh Blokhin, con quien por cierto llegó a coincidir sobre el campo en un torneo que disputó la U.R.S.S. en la conmemoración del trigésimo aniversario de la liberación de Polonia.

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Vladimir Fedorov, Mikhail An y un joven Vasilis Hatzipanagis coincidieron en el FC Pakhator Tashkent. Foto: Página Oficial Facebook Vasilis Hatzipanagis.

En paralelo al ascenso futbolístico de Hatzipanagis, Grecia estaba viviendo una etapa extraordinariamente convulsa. Siguiendo la doctrina Truman, los Estados Unidos preferían apoyar dictaduras autoritarias antes que arriesgarse a sumar otro país a la cuenta de estados comunistas. El centrista Georgios Papandreou salió elegido en 1965, cosa que al monarca Constantino II no le pareció bien. Esta crisis conocida como la Apostasia de 1965 derivó en un golpe de estado y el ‘reinado de los Coroneles’, una dictadura que se prolongaría siete años. Tras la caída de esta junta militar, la estrella del Pakhtakor ya podía volver a la que consideraba su tierra, pese a no haberla pisado jamás. Olympiakos quería convertirlo en la estrella de su equipo, pero no era posible: en la U.R.S.S. los jugadores no eran propiedad de sus clubes, eran considerados ‘trabajadores del fútbol’, por lo que, en caso de querer ir a otro equipo, su petición de traslado sólo era aceptada si el Comité Técnico Deportivo de la Federación consideraba que esto podía beneficiar al nivel de la selección soviética. En lugar de esto, a Hatzipanagis se le propuso otra solución: si quería jugar al fútbol en Grecia tenía que renunciar a su ciudadanía soviética, posteriormente, y para ejecutar su repatriación tenía que buscar algún vínculo con la Grecia moderna. Como a Vasia le quedaba un abuelo en Tesalónica, había que firmar por un club de la región y por ello acabó fichando por el Iraklis FC, el segundo y último club en la carrera deportiva de Vasilis Hatzipanagis. He aquí donde empieza una década de esclavitud del Maradona Griego.

Esclavitud deportiva y tragedia aérea

El Estadio Kaftanzoglio sería el escenario donde gente venida de toda Grecia se amontonaría para ver las exhibiciones del ‘Nureyev del fútbol’ como se apodó al talento del Iraklis por su manera de ‘bailar’ con los rivales. Pero el Kaftanzoglio sería también la cárcel deportiva de Vasia durante quince años, el sitio en el que las genialidades de este talento quedarían diluidas en un equipo mediocre cuya directiva se negaría a desprenderse de la gallina de los huevos de oro. Pero antes de llegar aquí, hay que señalar que aunque el fichaje por el Iraklis limitó la carrera de Hatzipanagis, también de alguna forma le salvó la vida. Igual es un poco aventurado afirmar esto, quién sabe, pero lo cierto es que pocos años después del adiós de Vasia el FC Pakhtakor sufrió el golpe más duro en toda su historia: el 11 de agosto de 1979, el avión que transportaba a toda la plantilla hasta Donetsk impactó con otra nave en pleno vuelo, dejando un total de 178 fallecidos.

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Entre las principales habilidades de Vasia estaban el regate, las asistencias y una gran capacidad para poner centros a balón parado. Foto: Página Oficial Facebook Vasilis Hatzipanagis.

Volviendo a Tesalónica, la llegada de Vasilis Hatzipanagis a la tierra prometida había empezado como un cuento de hadas. Vasia era una estrella, con 21 años llegaba a la que consideraba su patria y encima en su primer año el modesto Iraklis conquistaba la Copa ante Olympiakos con dos goles suyos. Sin embargo, por mucha lírica que pueda tener el regreso a casa, pronto se hizo evidente que el fútbol griego era mucho menos competitivo que la poderosa liga soviética. Además, Hatzipanagis sufrió el hacer de algunos estamentos de la protodemocracia griega. Cuando se urdió la maniobra del fichaje, Vasia firmó por dos años con el Iraklis, pero nadie le avisó de que había un vacío legal, una cláusula poco clara que permitía al club renovar el contrato de manera unilateral. Se dio entonces una situación muy extraña, en la que nuestro Nureyev tenía que salir a bailar cada fin de semana pero a su vez mantenía una batalla legal con sus dirigentes.

El Aristóteles del Arsenal y la oferta de Vardinogiannis

El pulso entre los dirigentes del Iraklis y su estrella dio lugar a situaciones bastante rocambolescas. Por ejemplo, en 1977 Vasia sufrió una lesión de rodilla, como su padre vivía en Londres, consiguió hacer parte de la recuperación con el fisioterapeuta del Arsenal y finalmente acabó entrenando junto a la plantilla de los gunners. El talento del griego no pasó desapercibido en el norte de Londres, e incluso recibió el apodo de Aristóteles de un vestuario repleto de mitos del fútbol inglés como Pat Jennings, Malcolm MacDonald o Alan Hudson. Viendo el cuajo que había tenido Hatzipanagis en Londres el Arsenal lo intentó, pero la respuesta fue negativa. Algo parecido sucedió en 1981; el Iraklis fue sancionado por amañar partidos, una vez descendido el equipo su estrella se negó a jugar en segunda división. Hatzipanagis estuvo 18 meses suspendido de empleo y sueldo, tiempo que aprovechó para entrenarse con el VfB Stuttgart. Obviamente, el club alemán intentó su contratación aprovechando este panorama, pero no sólo el Stuttgart, otros grandes europeos llamaron a la puerta e incluso Yiorgos Vardinogiannis, el mítico empresario naval y presidente de Panathinaikos hizo una oferta de casi dos millones de euros, una auténtica barbaridad a principios de los 80. Todos escucharon lo mismo: no, no y no.

El Maradona griego tuvo que resignarse a ser un jugador de culto, un rara avis, una anomalía, un talento especial encorsetado en un equipo sin ninguna aspiración. Aun así, en sus 15 años de carrera en el Iraklis, Hatzipanagis no perdió nunca ese espíritu juguetón, esa concepción del fútbol como un deporte mucho más artesanal que físico. Prueba de ello son los seis goles marcados sacando desde la esquina, un récord sólo apto para un tipo de futbolista impensable hoy en día.

La Copa de los Balcanes

Hubo dos o tres momentos de fugaz gloria deportiva durante los 80 para Vasia. Uno de ellos fue el tercer puesto de la liga griega, alcanzado en 1983. Otro reconocimiento llegaría un año más tarde, al otro lado del charco, en un amistoso contra el New York Cosmos. El partido en sí no tiene mucha historia, el proyecto promovido desde los estudios Warner languidecía por culpa de la desaparición de la NASL y el club necesitaba organizar eventos de todo tipo para intentar arañar algo de repercusión en su etapa crepuscular. Se organizó un partido entre el equipo norteamericano y una selección de lo mejor de lo mejor que había en el mundo por aquel entonces. Pues Hatzipanagis tuvo el honor de compartir once con figuras como Mario Kempes, Kevin Keegan o Hugo Sánchez. Y el último título de los pocos que consiguió nuestro protagonista tenía que estar a su altura, la Copa de los Balcanes de 1985. La Copa de los Balcanes fue un trofeo heredero de otra competición homónima en la que las selecciones nacionales cuyo territorio ocupaba la cordillera balcánica más alguna otra selección invitada tomaban parte. En los 60 se inventó algo parecido pero disputado por clubes, alcanzando un notable prestigio en la región, de hecho llegó a proporcionar dos plazas de acceso a la Copa de la UEFA. El crecimiento del fútbol continental arrinconó este tipo de competiciones y ya a mediados de los 80 la Copa de los Balcanes era un título en franca decadencia, pero Vasilis Hatzipanagis puede decir que le ganó una al Arges Pitesti rumano.

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La última eliminatoria que disputó Hatzipanagis fue ante el Valencia, en Copa de la UEFA. La ida se saldó con empate a cero y en la vuelta ganó el Valencia 2-0, con Vasia en el banquillo. Foto: Página Oficial Facebook Vasilis Hatzipanagis.

Vasia colgó las botas en 1990, casualmente sus últimos minutos en activo los disputó ante el Valencia en una eliminatoria de la UEFA que superó el conjunto che. Aquí se acabó la trayectoria deportiva de un talento capaz de revolucionar el fútbol europeo puesto al servicio de unos dirigentes que se aprovecharon de las ganas de un hombre por vivir en la que sentía que era su casa. Y es que cuando le preguntaron a Vasilis Hatzipanagis qué era lo que más le dolía echando la vista atrás, admitió que no poder defender la camiseta de Grecia estaba por encima de todo. Hubo una intentona, pero tras un partido amistoso ante Polonia se le recordó que su convocatoria con la selección soviética le implicaba también quedarse huérfano como internacional. En un ejercicio de reconocimiento, quién sabe si de perdón, Grecia organizó un amistoso ante Ghana en 1999 y convocó a Vasia para que volviera a enfundarse las botas tras nueve años retirado y recibir así el homenaje que siempre se mereció.

Imagen de Portada: Página Oficial Facebook Vasilis Hatzipanagis.

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1 comments

Impactante historia. No se comprende muy bien por qué el Iraklis no llegó a aceptar ninguna de esas suculentas ofertas, que a buen seguro le habrían solucionado el presupuesto de casi una temporada completa. Perder a un jugador de talento a cambio de asegurar tu supervivencia es algo por lo que muchos clubes han pasado y que asumen con naturalidad. Entiendo que debían imponerse rencillas personales o cualquier otra cuestión que desde fuera se nos escapa…

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