Xavi y la ilusión

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Lo mejor de los buenos momentos es lo que pasa antes de los buenos momentos. El regalo de Reyes en el árbol. El anuncio del sorteo de Navidad. La cola de embarque. Echar la quiniela el lunes para ser rico hasta el primer fallo. El olor, y no el sabor, a café.

Ahí todavía no ha pasado nada.

Pero ya ha pasado todo.

El fútbol se juega en dos carreteras. La vía de la razón: el sistema, los desmarques, la presión, el lado débil, los extremos a pie cambiado, el falso nueve. Ahí la pelota piensa. Pero la pelota también late. El balón bota, bum bum, a veces, bum bum, según lo que diga, bum bum, el corazón. Bautízalo como quieras: pasión, ilusión, imaginación, deseo, esperanza. Qué más da. Es el relato, lo que no se ve, lo que no se puede tocar, lo que te mueve a ver un partido. El Barcelona, esta pasión o ilusión o imaginación o deseo o esperanza, la perdió poco a poco, tirando migas como las de pan de Hansel y Gretel.

No se sabe si primero dejó de tener sentido la pizarra y después perdió o el alma o al revés. Ver la segunda parte en Balaídos fue como ver un fregadero lleno de platos, moscas en la basura, un yogur caducado y medio limón podrido. Ante el bajón, llega el chute emocional. Xavi, lo primero de todo, es un antidepresivo. Hasta parece el mismo. Comisuras de los labios para abajo. Pelo a lo semicenicero. Muelle en el cuello: si cruzas un paso de cebra, ve con Xavi Hernández. El Xavi entrenador no metió a diez mil personas el otro día. Los metió un poco el Xavi jugador, los metió otro poco Guardiola, ayudó Cruyff. El fútbol se conjuga en el pretérito indefinido o en el futuro simple, simplísimo. Pocas veces en presente.

Necesitas creer. Que todo va a ir bien. Que vas a llegar a fin de mes. Que la doctora te va a decir que estás sano. Que el delantero va a marcar tres. Que el nuevo entrenador es lo que necesitas. Marvel y DC deberían patrocinar a todos los equipos. Tú lo conviertes en tus superhéroes. Cuando todo está mal, cuando pierdes, cuando se escapa la Liga, cuando aparece el descenso. Vinicius, incéndiate como la antorcha humana. Ronaldo, golpea como el Capitán América. Xavi, lleva la justicia a Gotham. Arruinados, sin ídolos, con sospechas de que alguien ha metido la mano en la caja.

Xavi es el ídolo, Xavi es la ilusión. En parón de selecciones, además. Más tiempo para darle al coco. Más tiempo para imaginar victorias. En tu cerebro, estáis invictos. Los mejores días de Xavi como entrenador del Barça ya han pasado. Es hoy. El fútbol pasa más en la cabeza que en la tele, se juega mejor con todo oscuro que con focos, es más divertido en la cama que en la butaca. El fútbol es como el cine: el espectáculo empieza cuando se apaga la luz.

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7 comments

Yo siempre me he preguntado por qué el café huele mejor de lo que sabe.
¿Que haríamos sin ilusión? Excepcional reflexión Sergio. Abrazo

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