Zidane y las manías

El Real Madrid viene de hacer un gran partido en Champions ante el Liverpool. Foto: Cristian Trujillo/Focus Images Ltd

Morderse las uñas, no pisar las líneas del paso de cebra, llevar un calcetín de cada color, zamparse el churrusco del pan, doblar las páginas de los libros, tomarse la fruta antes de comer, no usar paraguas, subirse al autobús con el pie derecho, beber cerveza los viernes, vino los sábados, odiar las batas, masticar con la boca abierta, atarse los zapatos con un doble nudo, no desayunar, llevar cinturón, sorber la sopa, fumar después de comer, fumar después de follar, fumar después de fumar.

Llevamos semanas escuchando que Zidane tiene muchas manías. Que si siempre pone a los mismos, que si no les da bola a los jóvenes, que si se le cruza uno ya se acabó. Esto de las manías es un mundo. Nadie las entiende, pero todos las tenemos. Si son de los otros, decimos que son manías; si son nuestras, decimos que son costumbres. Y todos necesitamos estar acostumbrados a algo. Son la cara menos amable de la rutina. Cuando a Inodoro Pereyra, el personaje de viñeta de Fontanarrosa, le preguntaban qué tal estaba, él respondía: “Mal, pero acostumbrao”.

Zidane es Jack Nicholson en Mejor imposible. Nosotros nos encargamos de decirle que vaya lunático, que ya le vale, que cambie sus manías. Dicen que se puede cambiar de todo menos de equipo de fútbol. Tampoco se pueden cambiar las manías. El entrenador del Real Madrid recuerda a esa escena en la que llaman a la puerta de Jack Nicholson y este contesta: “Vaya a vender sus neuras a otra parte. Aquí ya estamos servidos”.

Si es verdad que a Zidane se le cruza algún jugador porque sí, sería lo más normal del mundo. ¿No es lo que nos pasa a nosotros constantemente? Decimos que la gente nos cae mal por algún u otro motivo. Venga, no nos engañemos. Casi siempre la gente nos cae mal porque sí, de entrada. Luego nos encargamos de buscar una coartada, de descubrir algún motivo que nos sirva de excusa. El proceso es al revés. Primero odiamos a alguien y luego buscamos una razón: su bigote, su lunar, sus tirantes, su forma de andar. Incluso a veces son esas mismas cosas las que resaltaríamos si esa persona nos cayera bien. Según quién lo mire, alguien puede ser inteligente o pedante, inocente o tonto, simple o sencillo, aburrido o misterioso, extrovertido o pesado.

Lo último que se ha dicho de Zidane es que es caprichoso. Que se le metió entre ceja y ceja traer a Odegaard en verano y ahora ya no lo quiere. Es un poco como cuando dábamos la turra con algún videojuego o Action Man y al segundo día estaba muerto de la risa. Los caprichos, eso sí, tienen mala fama. Son un motor que nos mueve a todos. Ya lo decía Oscar Wilde: “La única diferencia que hay entre un capricho y una pasión eterna es que el capricho dura un poco más de tiempo”. No podemos pedirle al capricho es que responda a nuestras expectativas. Un capricho es como una mudanza: cambiarlo todo para que nada cambie. Ante cada capricho, cada cambio y cada mudanza, deberíamos tener presente esta frase del poeta Luis Chaves: “¿Y si las promesas de la casa nueva se quedan en la casa vieja?”

Imagen de portada: Cristian Trujillo/Focus Images Ltd

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10 comments

Buah, pisar solo lo blanco de los pasos para peatones, llevar un calcetin de cada color, aveces también una bamba de cada color, vestirme siempre desde la izquierda, sentarme siempre en las mismas sillas, de las mismas mesas, de los mismos bares… y tantas y tantas muchas otras manias, este artículo me representa, bueno, a mi, y a todos.

Aunque las mias son diferentes, las mias son costumbres jajaja!!

Espectacular artículo!! Cómo cada domingo.

Como cada domingo un lujo leerte. Una gran Reflexión, clara y concisa. Siempre es mejor como lo imaginas que cómo es. Una gran Reflexión y sin tanto barullo

No creo en que Zidane se mueva por caprichos. Es más, cada vez que saca a los suplentes los datos le dan la razón. Quizás solo se subió en la cresta de la ola cuando era fácil surfear, ahora necesita de pericia y se ven las carencias.

Buenas, Víctor. La intención del artículo era caricaturizar todo eso que dicen de él. Yo tampoco lo creo, y si lo hace no haría nada peor que lo que hacemos todo todos los días. Un saludo.

Buenas tardes,

Nunca escribo, siempre te leo y hoy me decido a felicitarte por tus magníficos artículos.
Son tan cercanos, tan míos a la par que tuyos, que no puedo hacer que sonreír ante ellos.

Hoy lo hice mas que de costumbre, y agradecer al que me hace sonreír es una maravillosa manía.

Un saludo

Esta semana toca reflexionar a la par que pasarlo bien con tus palabras. Sin dudarlo, leerte sí que es una sana costumbre. Felicidades por el artículo. Grande Sergio!

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