La noche en la que el Burnley durmió en puestos Champions

Ashley Barnes of Burnley celebrates what he thinks is the second goal against Watford, before referee Lee Probert disallows the goal for offside during the Premier League match at Turf Moor, Burnley.

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09/12/2017during the Premier League match at Turf Moor, Burnley.

Quien consulte la tabla de la Premier League en esta noche de martes se encontrará al Burnley en puestos de Champions League. El equipo norteño venció por 1-0 al Stoke City con un gol en la recta final del encuentro y avanzó así a la cuarta plaza de la clasificación. Liverpool, Arsenal y Tottenham, los tres equipos por detrás del Burnley, todavía tienen que jugar sus respectivos partidos. Aunque los tres ganasen y el Burnley regresase a la séptima plaza, lo del equipo de Sean Dyche no dejaría de ser extraordinario. Esta noche en la que se pondrán el pijama y dormirán en la cuarta posición es un momento que confirma las sospechas de toda Inglaterra: en Turf Moor no se está pintando un Turner, más bien se escuchan martillazos, pero no cabe duda de que está pasando algo interesante.

La sombra de la hazaña del Leicester City de hace dos temporadas será larga. Durante años, cualquier gesta de un equipo menor que no sea alzar el título liguero causará una sensación menor de la que le correspondería. Es comprensible. Pero este Burnley quiere hacer ruido. Cabe recordar que hace solo dos años estaban jugado en Championship tras haber completado una pobre temporada en la Premier. Ascendieron, se salvaron el curso pasado, y ahora atraviesan un momento sensacional.

Su partido ante el Stoke en casa bajo una fría lluvia estaba condenado a ser un empate a nada. Siempre dentro de un contexto de igualdad, fue el Stoke quien más cerca estuvo de marcar. Las escasas ocasiones fueron desaprovechadas. Ya solo quedaban ese puñado de minutos finales que en el campo del Burnley no hacen sino acentuar la verticalidad del juego. Sin hacerle feos a su estilo, el Burnley se adelantó en el 89’ con una jugada que había sido iniciada con un balón largo al área. Marcó uno de los jugadores que Sean Dyche había introducido desde el banquillo: Ashley Barnes, futbolista nacido y criado en Inglaterra, de padres ingleses, pero que hace diez años disputó un partido con Austria Sub-20 porque una de sus abuelas era de la ciudad austriaca de Klagenfurt. Tras el encuentro, Dyche aseguró que este había sido una de las victorias más satisfactorias de la temporada y reiteró en múltiples ocasiones que se sentía muy orgulloso.

Cuando empezaron la liga con un triunfo ajustado en Stamford Bridge pocos se podían imaginar que antes de invierno ya habrían sumado otras ocho victorias, solo tres menos que en toda la temporada pasada. Esta noche dormirán en la cuarta posición, un puesto que no alcanzaban en 47 años. El inicio de temporada del Burnley está siendo memorable. Además de vencer al vigente campeón, le sacaron un punto tanto al Tottenham como al Liverpool. El año pasado ya habían demostrado ser un rival duro en Turf Moor pero tenían una gran carencia: lejos de casa sufrían horrores. En toda la liga solo ganaron un partido a domicilio. Esta temporada se les están dando mejor los viajes: ya han ganado cuatro partidos como visitante.

Sean Dyche ejecuta un fútbol que se adapta a las virtudes y limitaciones de su plantilla. Foto: Michael Sedgwick/Focus Images Ltd.
El plan de Sean Dyche se adapta a las virtudes y limitaciones de su plantilla. Es realista, simple y, como se está pudiendo comprobar, efectivo. Foto: Michael Sedgwick/Focus Images Ltd.

“Jugar bien al fútbol implica ser efectivo y jugar bien al fútbol implica entusiasmar a los aficionados”, dijo Sean Dyche en este medio la temporada pasada. Su Burnley juega bien, que no bonito. Solo por detrás de los dos de Manchester (11 goles), son el tercer equipo que menos tantos ha encajado (12). Desde su llegada al club hace ya cinco años, el técnico que lleva una barba de tipo goatee (aunque yo siempre la llamaré una barba de tipo Sean Dyche) ha construido una fortaleza defensiva en el conjunto del condado de Lancashire. Como contaba Rory Smith en un artículo en el New York Times, Dyche llegó al club con varios DVDs para machacar a su plantilla con sesiones de vídeo. Uno de ellos era del Barça de Guardiola. Dyche se había pasado un año entero estudiando al equipo, aunque concentrando toda su atención en la fase defensiva. De ese y de muchos otros equipos sólidos atrás aprendió el Burnley a defender como grupo. Con balón, los Clarets (apodo en referencia al color del club, el granate) siempre se han caracterizado por ser fieles al estilo tradicional del fútbol inglés: balón largo al delantero y que empiece la batalla. Han comenzado a darle más pausa a sus posesiones con el tiempo, pero eso sí, nunca dejando de mirar a portería.

Más allá de haber mejorado la consistencia de su defensa y de haber aumentado su poderío en ataque, a Dyche se le alaba por su gestión del vestuario. “La vida de los jugadores ha cambiado: ahora todos tienen agentes, tienen perfiles en las redes sociales, tienen sponsors, la prensa les sigue mucho más de cerca… Hay bastantes más factores en su entorno, así que creo que el trato del entrenador con el jugador y con el equipo en conjunto ha ganado muchísima importancia en los últimos años”, nos contaba la temporada pasada. Su método pasa por una severa disciplina. Como la del personaje Red Forman, que por cierto, tiene un aire a él (disculpen pero uno de mis placeres secretos es encontrar parecidos cogidos con pinzas).

El portero Paul Robinson terminó su carrera en el Burnley el pasado verano. Hace unas semanas, cuando su ex-equipo se iba a medir al Arsenal, Robinson estuvo de tertuliano en el plató de Bein Sports y reveló cómo Dyche combina sus estrictas normas con unas actividades para descargar la tensión. El míster les exige sus jugadores que vayan correctamente uniformados en todo momento. Durante los entrenamientos han de llevar medias y espinillas, pantalones cortos a no ser que haga mucho frío y nada de guantes ni de gorros. Deberán, por su puesto, entrenar con la intensidad propia de un partido. En los viajes a los partidos se exige lo mismo: el código de vestimenta ha de cumplirse de los pies a la cabeza, y no se pueden llevar cascos de música. Cada vez que un jugador es cazado saltándose alguno de los códigos de Dyche, otro miembro de la plantilla capta una instantánea y se la manda al vídeo-analista del equipo. Los viernes, una vez terminada la sesión de vídeo, en la pantalla se muestran documentos gráficos de las infracciones cometidas durante esa semana. Cada jugador que haya sido pillado ha de girar una ruleta que contiene todas las letras del abecedario. Cada una representa un castigo distinto. Si cayese en la B, por ejemplo, el castigo ‘boy band’. El jugador tiene que tirar de la ruleta otras tres veces y según las tres letras que salgan tendrá que escoger a tres compañeros cuyo nombre empiece por esas letras. Juntos deberán montar una banda de música pop e interpretar una canción la semana siguiente. La E significa Elvis y viene a ser lo mismo. “Al principio te quedas como ‘¿en serio?’, pero en dos semanas te acostumbras y te das cuenta de que es un sitio realmente bueno en el que estar”, concluía Robinson.

Burnley es tan fea como el juego de su equipo de fútbol. Pero tiene ese encanto gris y melancólico propio de los antiguos núcleos industriales de Lancashire. Y el entorno es precioso. Un desplazamiento cinco millas a la redonda te ofrece verdes prados, bosques y montañas de viejo poster de la Nacional Rail. En una de esas de zonas tranquilas de campo a apenas unos minutos en coche del centro está la ciudad deportiva del club, que fue renovada recientemente. La firmeza del proyecto del club ha permitido el desarrollo de planes a largo plazo. Tienen los pies en el suelo y se alejan de delirios de grandeza. Su único objetivo es echar raíces en la Premier League. La continuidad de su entrenador (Arsène Wenger y Eddie Howe son los únicos que llevan más tiempo en el mismo club) incluso tras el descenso de 2015 ha contribuido a que el Burnley haya encontrado la estabilidad ideal para poder prosperar. Cerraron la temporada pasada celebraron haber conseguido la permanencia sin apuros y ahora tienen más motivos si cabe para estar satisfechos.

La entrevista de MarcadorInt con Sean Dyche:

Sean Dyche: “Jugar bien al fútbol implica entusiasmar a los aficionados”

Foto de portada: Michael Sedgwick/Focus Images Ltd

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