Los demonios de Stan Collymore

Ex-Liverpool player, Stan Collymore before the Premier League match between Chelsea and Leicester City at Stamford Bridge, London
Picture by Steve O'Sullivan/Focus Images Ltd 07572544769
18/08/2019

Son días raros para todos. Son especialmente difíciles para las personas con problemas de salud mental. Es el caso de Stan Collymore, exjugador del Liverpool, Aston Villa y Real Oviedo entre otros, que padece depresión y trastorno límite de la personalidad. Collymore aprovecha que los días de confinamiento le han llegado en un momento de lucidez emocional tras sufrir un bache a finales del año pasado para dar consejos sobre salud mental en su cuenta de Twitter: “He estado 5 semanas en la cama, sin ducharme, incapaz de subir las escaleras, despierto de noche, dormido de día. Pensamientos suicidas 24/7. (…) Para mí y mucha gente esta es una realidad estacional o permanente, así que quiero ayudaros en estos tiempos extraordinarios.”

Hace apenas unos días se cumplieron 19 años de su retirada como futbolista. Tenía sólo 30 años. Después de haber sido el futbolista inglés más caro de la historia, considerado como uno de los mayores talentos de su generación, Collymore colgó las botas en Oviedo solo un mes después de su fichaje por el club asturiano. Un día se marchó de allí, sin despedirse. “Los futbolistas no se retiran con 30 años, a no ser que estén lesionados. Yo lo estaba. Físicamente, estaba bien. Mentalmente, estaba frito, exhausto. Lleno de amargura y resentimiento.” Collymore se alejó de los focos atormentado por sus problemas mentales y por una vida personal plagada de actos inexcusables, culminada por una agresión a su pareja en 1998. Stan Collymore no ha sido un santo, pero su historia sirve para subrayar la importancia del cuidado de la salud mental para cualquier persona.

Gareth Southgate y Chris Powell hablan con Stan Collymore. Focus Images Ltd
Gareth Southgate y Chris Powell hablan con Stan Collymore. Focus Images Ltd

Hijo de un inmigrante de Barbados y una mujer inglesa, su mezcla racial no pasaba desapercibida en Cannock, la ciudad obrera cercana a Birmingham donde creció. Stan era el único chico negro de su área y su infancia estuvo plagada de abusos raciales por vecinos de todas las edades. No fue el único abuso con el que tuvo que crecer. Su padre pegaba brutalmente a su madre de manera recurrente. Stan se agarró al fútbol como tabla de salvación ante una infancia turbulenta, pero tampoco con el balón lo iba a tener sencillo.

Su primer entrenador en el Walsall, el primer club que apostó por él, se convirtió en su peor pesadilla. Un sargento que buscó sacar lo mejor del inagotable talento de Stan a base de una mano dura implacable que pronto generó una animadversión. “Me aterrorizaba, me hizo sentir miserable”, recuerda Collymore en su autobiografía, “me hacía llegar una hora antes y marcharme una después. Me obligaba a limpiar los vestuarios o las gradas del estadio. A veces incluso hacía que el resto del equipo se quedara a mirar. Era un esfuerzo sistemático para romperme y lo consiguió. Había días en que no iba a entrenar de puro miedo. Otros, llegaba al estadio, pero me asustaba y llamaba a mi madre llorando. Por las noches deseaba morirme para evitar ver al entrenador al día siguiente”.

Roto desde bien pequeño, su talento como delantero se convirtió en su única vía de escape. El Wolverhampton se fijó en él y en su filial marcó 18 goles en 20 partidos. De allí migró al Crystal Palace, donde la dupla de Ian Wright y Mark Bright impidió su progresión en el primer equipo. Allí comenzaron los rumores sobre su carácter apático, su falta de implicación en los entrenamientos y su extraña vida privada. “Había un flujo constante de mujeres hacia mi casa”, reconoce Collymore, “cuatro o cinco al día. Se iba una y minutos después llegaba otra, tenía un sistema rotatorio.” Se marchó cedido al Southend, por entonces en la actual Championship, y cargó en sus espaldas la salvación del equipo anotando 18 tantos en liga. Fue suficiente para tentar al Nottingham Forest, que enfrentaba una temporada dificilísima: acababan de descender y de quedarse sin Brian Clough, el hombre que les hizo ganar la Copa de Europa desde el banquillo.

Brian Clough abandonó el banquillo del Nottingham Forest cuando llegó Collymore. Foto:,Focus Images Ltd.
Brian Clough abandonó el banquillo del Nottingham Forest cuando llegó Collymore. Foto:,Focus Images Ltd.

Era 1993, y el Forest pagó 2,75 millones de libras por Collymore, una auténtica barbaridad por un jugador de 21 años sin experiencia en Premier. Salió barato. Stan “The Man” ayudó a que el equipo subiera y marcó 22 goles en su primera temporada en la Premier, dejando al equipo tercero y clasificado para la UEFA. En el 95, tras caerse en el último minuto su fichaje por el United de Ferguson, llegó el Liverpool. El club de Anfield desempolvó la chequera y le fichó por 8,5 millones de libras. Más de lo que nadie había pagado jamás por un jugador inglés.

Stan lo estaba logrando. Estaba entre los mejores del mundo. Pero su extraña vida social, sus estallidos violentos y sus desapariciones en los entrenamientos inquietaban a todos a su alrededor. “Stan hacía cosas que nadie más podía hacer pero también muchas otras que no queríamos que hiciese” reconoce Roy Evans, el manager que le llevó a Anfield, “cuando no aparecía en los entrenamientos veías a otros jugadores preguntarse qué pasaba”. Neil Ruddock, compañero suyo, dudaba de su implicación: “Sólo se conectaba cuando le apetecía. Al llegar al Liverpool, declaró en los medios que estaba decepcionado, que esperaba estar rodeado de mejores jugadores”. Junto con otros compañeros de vestuario, Collymore formó lo que se conoció como los “Spice Boys”, tan conocidos por sus logros en el campo como por sus noches de desenfreno en los clubs de Londres cuando acababan los partidos.

En su primer año en Anfield, formó una dupla imparable con Robbie Fowler, siendo la pareja más goleadora de Europa. Collymore marcó además el gol de la victoria en el Liverpool 4-3 Newcastle que aún hoy se recuerda como el mejor partido de la historia de la Premier. La segunda temporada, todo se empezó a torcer. Su estado físico empeoró, sus cifras cayeron, y la irrupción de Michael Owen le empezó a dejar sin minutos. Empezó a protagonizar más portadas por su vida personal que por su rendimiento en el campo. Su estabilidad emocional se empezaba a tambalear. Por primera vez, su talento no estaba siendo suficiente y eso le tumbó.

El primer año de Collymore en Anfield fue imparable pero luego cayó en picado. Foto: Focus Images Ltd
El primer año de Collymore en Anfield fue imparable pero luego cayó en picado. Foto: Focus Images Ltd

Collymore volvió a casa. Fichó por el Aston Villa, su equipo de la infancia. Pero aquello no salió bien. Sólo marcó siete goles en tres temporadas. Descentrado y desnortado, su estado mental era cada vez más precario y descuidado. “No podría salir de la cama. Darme una ducha o vestirme eran grandes eventos que no podía confrontar”. Todo culminó en el verano de 1998. Collymore estaba en París viendo el Mundial de Francia, para el que no había sido convocado, con Ulrika Jonsson, su pareja y presentadora deportiva. Una espiral de celos y discusiones violentas acabó con Stan pegando a su pareja en un bar lleno de gente. “En mi cabeza se repetía una y otra vez justo como tu padre, justo como tu padre”.

Collymore pasó de ser víctima en su infancia a agresor y eso no tiene justificación. Ingresó en un hospital psiquiátrico, donde se le diagnosticó depresión clínica y trastorno límite de la personalidad. Combinó su estancia allí con entrenamientos a tiempo parcial con el Aston Villa. A su entrenador en la época, John Gregory, no acabó de hacerle gracia y le forzó a volver al equipo. Ante los medios, personificó lo que mucha gente se pregunta sin entender que la depresión es una enfermedad que no entiende de condiciones: “¿Cómo puedes estar deprimido cobrando 20.000 libras a la semana?”.

La carrera de Collymore no se levantó. Martin O’Neil le rescató para el Leicester y pareció sacar lo mejor de su fútbol, pero muy pronto llegaron las lesiones y la progresión se cortó en seco. O’Neil se marchó al verano siguiente y el fútbol de Stan se apagó definitivamente. Aún tuvo tiempo de dejar detalles de lo mejor y de lo peor. Logró que echaran al Leicester de un stage en La Manga por usar un extintor y marcó un hat-trick en el siguiente partido. Se marchó cedido al Bradford, donde marcó de chilena en su primer partido, pero sólo marcaría un gol más durante toda la cesión. Volvió a amenazar físicamente a su nueva pareja y reventó su coche a patadas.

Martin O'Neil logró levantar temporalmente la caída en picado de Collymore. Foto: Focus Images Ltd.
Martin O’Neil logró levantar temporalmente la caída en picado de Collymore. Foto: Focus Images Ltd.

El final de su carrera, en el Real Oviedo, fue especialmente esperpéntico. Llegó en enero, con el club asturiano en descenso. Según recogía años atrás Nacho Azparren en La Nueva España, Radomir Antic, entrenador del equipo, presionó por su fichaje con una frase sencilla: “Presidente, con Collymore, UEFA”. Evidentemente, no fue así. Sólo un mes después, Collymore anunció su retirada. “Después de un entrenamiento entró en una tienda de alimentación” recordaba su compañero Joyce Moreno para La Nueva España “salió con una botella de Coca-Cola de dos litros  y una bolsa llena de Kit-Kat. Habría unos 40 o 50. «¿Qué pasa? Es mi comida»”. Un día se marchó y no volvió. Stan “The Man” se declaró incapaz de seguir jugando y el Oviedo le reclamó 300.000 libras por incumplimiento de contrato. Aquello acabó de hundirlo.

“Cuando volví de Oviedo dormí durante tres años. Aplastado por una depresión severa, no podía salir de la cama.” Poco a poco logró salir del pozo gracias en parte a su trabajo en la BBC como comentarista. Hasta que, en 2004, todo se vino abajo. Un periodista de The Sun le pilló haciendo “dogging” o cancaneo, una práctica sexual que le llevaba a tener sexo con parejas en lugares públicos o a observarles en el acto. Otra vez, volvió a ser el foco de los medios. La BBC, en una decisión censurable, decidió prescindir de sus servicios, reiniciando la espiral autodestructiva.

Stan se refugió en la actuación. Quería ser “el James Bond negro”. Su carrera actoral se limita hasta hoy día a unos segundos de metraje en Instinto Básico, haciendo de pareja de Sharon Stone y muriendo poco después. Con los años, ha vuelto a los medios de comunicación a hablar sobre fútbol. En su Twitter, desde hace un tanto, habla sobre los riesgos de la depresión. Una enfermedad tan peligrosa que pudo llevar a los infiernos al hombre que lo tenía todo para triunfar.

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Foto de Portada: Focus Images Ltd.

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