James Rodríguez: cuestión de fe

James Rodriguez of Colombia during the International Friendly match at Craven Cottage, London
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27/03/2018

Han pasado dos años desde la última gran temporada de James Rodríguez, del último año que rindió de principio a fin al nivel de lo mejor entre la élite europea. ¿Es mucho o es poco tiempo? Para quienes sólo siguieran su andadura en España, quizá es sorprendentemente poco, pues apenas queda el lejano recuerdo de aquellos meses de 2014 en que brilló con la incandescencia de una estrella a punto de estallar. Para quienes aún tengan la esperanza de disfrutar de él en el Everton, quizá es sospechosamente mucho. En 2019, James aún dejó gotas de su mejor talento en Múnich, pero desde su regreso a Madrid, el rendimiento del colombiano ha sido una incógnita sin resolver. Por suerte para él y para los que en él confían, James vuelve a los brazos de un hombre para el que no existe tal incógnita. Carlo Ancelotti es, probablemente, el entrenador que mejor ha entendido a James, y que, por tercera vez, decide cruzar sus caminos con él.

James Rodríguez tiene 29 años. Aún tiene margen y años para dejar su mejor fútbol, pero quizá no de la manera en que lo había alcanzado hasta ahora. Y es que los highlights de la carrera del colombiano, sus zapatazos a la escuadra y sus impecables centros y pases filtrados, esbozan pero también esconden su principal cualidad: la capacidad de estar en el lugar correcto en el momento adecuado. Y esta frase manida requiere de dos valores importantísimos: una lectura del juego y un físico todoterreno muy superiores a la media. Sí, contrario a la imaginería popular que implica llevar el “10” a la espalda, James no es un enganche menudo desconectado del juego y sin piernas para aguantar un envite. O, al menos, no lo ha sido en los mejores momentos de su carrera. Y eso lo descubrimos la primera vez que se juntó con Ancelotti.

Carlo Ancelotti vuelve a encontrarse con James. Foto: Antonio Polia/Focus Images Ltd
Carlo Ancelotti vuelve a encontrarse con James. Foto: Antonio Polia/Focus Images Ltd

James necesita la pelota, no se limita a la acción decisiva, está permanentemente conectado al juego. Y si no lo está, es que no está bien. En la que puede haber sido su cumbre futbolística, aquel Real Madrid de la 2014-15, Ancelotti creó un sistema perfecto para James gracias a James. Fue en el bautizado sistema de los Dos Puentes. El colombiano hacía de todo a todas las alturas: era un eslabón perfecto para la salida de balón de Kroos y Ramos, el enganche idóneo para la BBC y una máquina voraz a la hora de hacer coberturas. Su despliegue no tenía parangón en un equipo sin especialistas defensivos, y le permitió ganar una ascendencia brutal en el juego de su equipo.

Las lesiones primero y la marcha de su valedor Ancelotti impidieron que mantuviera esa importancia en el equipo blanco. Ya fuera por su estado físico o por la concepción de Zidane, el técnico francés siempre le otorgó en el juego un rol más de atacante que de centrocampista. En aquel Madrid plagado de rotaciones que alzó la liga 2016-17, James sí disfrutó de un papel preponderante en el juego, mientras no compartió alineación con los grandes gallos del corral. Aun así, no volvió a ser el eje de todas las fases del juego que había sido un par de años antes. Hasta que se volvió a encontrar con Carlo. Quizá, quién sabe, ahora pueda volver a suceder.

James Rodriguez of Bayern Munich during the UEFA Champions League match at Olympic Stadium, Athens Picture by Yannis Halas/Focus Images Ltd +353 8725 82019 23/10/2018
James Rodríguez volvió a brillar en el Bayern de Munich. Foto:  Yannis Halas/Focus Images Ltd

Desgraciadamente para ambos, la unión de Ancelotti y James en Múnich duró poco. Una lesión del colombiano primero y la temprana destitución del técnico después impidieron que el dúo volviera a recoger sus mejores frutos. Aun así, Rodríguez recuperó la chispa aquellos meses. Una chispa que Jupp Heynckes se encargaría de hacer prender. James regresó a la base de la jugada. Compartiendo equipo con Javi Martínez, Müller, Ribery y Robben; el cafetero volvió a ser el encargado de que la pelota fuera de un sitio a otro, de aparecer en los lugares menos pensados, de darle fluidez y compensación a un equipo que carecía de ellas.

Eso fue hace dos años. La temporada siguiente, Kovac le acercó más al área, desde la mediapunta, y James rindió como tal pero no al nivel que había llegado a demostrar tan solo unos meses antes. Este curso, de nuevo bajo las órdenes de Zidane y tras la sombra de lesiones y un estado físico incierto, James no ha encadenado dos titularidades en toda la temporada. Pero vuelve a encontrarse con Ancelotti. ¿Es posible una tercera transformación?

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El Everton necesita a James, pero parece complicado que el equipo pueda darle a James lo que él necesita. Como nos contaba Adrián Blanco en este texto, el conjunto de Ancelotti no promedió más posesión que sus rivales durante la pasada campaña. El equipo de Liverpool apenas pasó por el centro del campo, dividiendo con frecuencia sus balones y fiándolo todo al rendimiento de la pareja ofensiva que forman Richarlison y Calvert Lewin.

Todo esto son malas noticias para James. El sistema no ayuda. Un 4-4-2 / 4-2-3-1 con un doble pivote que no es excesivamente dominante con el balón, compuesto por André Gomes, Davies o Sigurdsson. James jugaría, seguramente, en la mediapunta o desde un costado si este fuera el caso. De primeras no suena mal, pero con un estado físico en duda, ocupar los carriles de este sistema puede ser excesivamente sacrificado en ritmo Premier y no garantiza que el ya exjugador madridista participe en las zonas que más puede ayudar a su equipo. Desde el enganche, necesitará mucho de sus compañeros de medular y, conociendo su instinto, bajará hasta formar una línea de tres con asiduidad.

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Si Ancelotti opta por allanarle el camino hasta el balón, James ha tenido una gran noticia en forma de fichaje. La llegada de Allan posibilita una composición más natural del centro del campo, con el brasileño como pivote posicional y James flotando en cualquier posición a su alrededor, sin tener que esperar desde la mediapunta a que el doble pivote le haga llegar el balón. Gomes, Sigurdsson y Davies se antojan buenos socios con los que combinar alturas más adelantadas partiendo de la seguridad de Allan como pivote. Arriba, los puntales ofensivos pueden beneficiarse enormemente del golpeo de James y su lectura del juego para acercar al Everton al peligro. Una nueva oportunidad para James de demostrar su talento.

Foto de Portada: Daniel Hambury/Focus Images 

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