En el piso de arriba del Horseshoe

Propiedad de Phil Nash a través de Wikimedia Commons.

Si uno visualiza el escudo del Everton, comprobará que el símbolo principal es una pequeña torre. Se trata del Everton Lock-up, un vestigio de la antigua aldea de Everton que le da su nombre al club de fútbol. Ahora es un distrito de Liverpool, pero en su día se consideraba una población en las afueras de la ciudad. Everton era conocido por su emblemática tienda de toffees y de ahí viene el apodo del equipo: los toffees. El Everton Lock-up, construido en el siglo XVIII, es de las pocas edificaciones de aquella aldea que todavía se conservan. Podría confundirse por un granero o algún otro tipo de almacén. En efecto, servía para guardar cosas. Borrachos, para ser precisos. Cuando caía la noche, con ella también caían los individuos que tenían una peligrosa amistad con la cerveza y la ginebra. Unas pocas horas después, los guardias urbanos los metían a dormir la mona dentro del Everton Lock-up y por la mañana eran llevados al juzgado de paz. Resultaba imposible no acordarse del Everton Lock-up el miércoles por la noche en el Horseshoe, la casa de los aficionados del Everton que residen en Londres.

A falta de quince minutos para que comience el Merseyside Derby entre Liverpool y Everton, me presentan a un simpático aficionado toffee y jugador de dardos que tiene un aire a Jack Kerouac en sus cuarenta y tantos y bebe como Jack Kerouac en sus cuarenta y tantos. “Ya voy demasiado borracho”, lamenta. Un amigo en común me habló de que en el mundillo de los dardos existe una zona mágica entre la tercera y la cuarta pinta en la que se juega con mayor soltura y se obtienen puntuaciones más altas. También me dijo que la zona mágica de aquel hincha del Everton reside entre la octava y la novena pinta. No lo volví a ver esa noche.

El Horseshoe, cabe apuntar, es toda una institución de la cultura de dardos londinense. Si se me permite el autobombo barato, ya escribí un artículo en el que mencionaba esa faceta de este pub. Pero en ese texto no se hablaba del ambiente del Horseshoe en un día de partido del Everton. El manager Rob, de Merseyside y del Everton, está expectante. Se pasea por el pub, con su polo azul que en la espalda lee ‘The People’s Pub’ y su boina. Da una palmada al aire cada cuatro pasos y saluda a los aficionados del Everton que van llegando.

Imagen terriblemente borrosa de la pie del Horseshoe (ejemplo de cuando a uno le da apuro fotografiar su pie en un pub de vieja escuela, corre el riesgo de hacerlo rápido y mal). Intento de foto: MarcadorInt.
Imagen terriblemente borrosa de la pie del Horseshoe (cuando a uno le da apuro fotografiar su pie en un pub de vieja escuela corre el riesgo de hacerlo rápido y mal). Intento de foto: MarcadorInt.

Cualquier otra jornada hubiese estado convencido de que en el Horseshoe pondrían el partido, pero justo esta semana iba a ser la primera en la que Amazon retransmitiría encuentros de la Premier League. Así que para asegurarme le mandé un mail a Rob por la mañana. Me respondió: “Sí, pondremos el partido. SOLO AFICIONADOS DEL EVERTON en la planta de arriba y el resto lo podrán ver abajo. También pondremos el Manchester United-Tottenham”. Viendo este último partido, que había arrancado media hora antes que el derbi, empiezo la noche con una pinta y una pie de ternera. En las teles ponen el fútbol mientras que al lado de la barra se juega un partido de la liga local de dardos. Me saluda Rob y me cuenta que ahora que Amazon ha comprado los derechos tiene que pagar 350 libras más al mes para poner el mismo fútbol que ya ponía antes. También me dice que aunque la entrada arriba sea solo para aficionados del Everton, yo soy un español neutral y puedo subir. Le tomo la palabra. Pero antes me fijo que en una de las teles de abajo, donde un par de aficionados del Liverpool esperan al pitido inicial, comienza una retransmisión: la final de la Champions League de Kiev que el Real Madrid le gana a los reds. “La pongo por puro placer. Soy así de mezquino”, aclara Rob.

Subo las escaleras y entro al espacio que suele estar reservado para los jugadores de dardos, pues hay cuatro dianas en las paredes. Pero en esta ocasión está oscuro y repleto de sillas en las que unos 50 aficionados del Everton siguen el partido gracias a dos proyectores, animando y despotricando a partes iguales con su característico acento scouse. Como contábamos en un texto sobre el pub de la peña londinense del Norwich City, la capital está repleta de aficionados de equipos de todas las partes del país y estos tienden a agruparse. Los ánimos están por los suelos en el piso de arriba del Horseshoe después de los dos primeros goles del Liverpool. El Everton llegaba al derbi en un mal momento, mientras que su vecino el Liverpool permanecía invicto y sacaba adelante toda clase de partidos. Aun así, los toffees no podían contener sus esperanzas de un derbi más disputado y este marcador les hundía la poca ilusión que les quedaba. Bajo a pedir una pinta después del segundo gol del Liverpool y mientras espero en la barra de abajo el techo retumba. “Eso solo puede significar una cosa: gol del Everton”, deduce correctamente el tipo sirviendo cervezas al otro lado de la barra, que no tiene ángulo para ver el televisor.

Así se seguía el derbi en la planta de arriba del Horseshoe. Foto: MarcadorInt.
Así se seguía el derbi en la planta de arriba del Horseshoe. Foto: MarcadorInt.

El Liverpool marca un tercero y un cuarto. En un momento dado, la retransmisión enfoca a un aficionado del Everton con una bufanda pero sin camiseta y la sala aplaude. Rob se gira y me dice: “Es Speedos, hace un par de semanas se pasó por el pub”. Michael Cullen, también conocido como Speedomick, es un aficionado del Everton célebre por ir a todos los partidos luciendo solo un bañador ajustado y una bufanda del club, independientemente del frío que haga. Además, ha cruzado el Canal de la Mancha a nado para recaudar fondos con fines benéficos. 

Se avecina el descanso y el cartel del cuarto árbitro señala tres minutos de añadido. Rob está incrédulo. “¿Se han marcado cinco goles y solo tres de descuento?”, pregunta al aire una y otra vez. Entonces pasa por delante un aficionado del Everton que se dispone a pedir otra ronda y lleva los vasos vacíos en la mano (un gesto muy apreciado; ayuda a un empleado de un pub devolviendo tus vasos a la barra y te lo agradecerá como si se tratarse de la más gordas de las propinas) y le dice a Rob: “Nos han destrozado”. Rob le responde: “Qué va, ten fe”. Otro aficionado que también se dirige al piso de abajo se lamenta ante Rob: “Me esperaba perder, pero no algo tan duro…”. Pero justo en ese instante, el Everton recorta distancias y la sala vuelve a enloquecer. “Hay partido, hay partido!”, grita ese aficionado haciendo contacto visual conmigo, y yo le sonrío como diciendo ‘sí, sí, desde luego, hay partido’ y por si no hubiese quedado claro, él repite una vez más que ‘hay partido’.

Pero no hubo partido. El Liverpool marcó un quinto. Salvo jugadas puntuales que lograban emocionarles, los toffees vivieron el final de la segunda parte asumiendo una derrota que terminó certificando el despido de su entrenador Marco Silva. En una situación cuanto menos frustrante, la de ver que tu rival local está a un nivel competitivo muy superior al tuyo, los aficionados se desesperaban ante detalles como la sustitución del mediocentro Tom Davies por el más defensivo Morgan Schneiderlin o los pases de cara, sobre todo los que iban al portero (por mucho que la Premier League haya cambiado al nutrirse de más futbolistas y entrenadores extranjeros y que el fútbol asociativo sea más popular, los pases de cara siguen poniendo de los nervios a los aficionados más veteranos. Los puristas defienden que siempre se tiene que ir hacia delante. ¿Se puede llegar enlazando pases? Perfecto. ¿No hay opciones? Pelotazo. Así lo ven ellos).

Se acaba el encuentro y como nadie desea ver las repeticiones, Rob corta la retransmisión antes de que comience el postpartido. En su lugar pone un Crystal Palace-Everton retro. “¿Es un partido de copa especial?”, le pregunto. “No, es de liga. Pero no sé de qué año. Creo que es de los 80’. Solo sé que lo ganamos”. Y efectivamente, el Everton le va marcando goles al Palace y los pocos toffees que quedan en la planta de arriba del Horseshoe los celebran tímidamente. En ese momento ninguno sabe qué será del Everton esta temporada. Nadie se atreve a aventurar si el cambio en el banquillo resolverá sus problemas. Solo saben que ese cambio es necesario, que antes de que comenzara el curso esperaban meterse en Europa y ahora están en puestos de descenso. Pero también saben que el Everton va a ganar en Selhurst Park este partido de liga de hace más de treinta años y a estas alturas de la noche con eso es suficiente.

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Foto de portada: Propiedad de Phil Nash a través de Wikimedia Commons.

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4 comments

Me pregunto si los aficionados del Everton deben estar hundidos por ver a su rival ciudadano en la cima del fútbol mundial mientras que ellos son los eternos aspirantes a entrar en el top six o si todo esto puede ser un aviso para navegantes de que los Toffees tienen potencial para ser un referente en el fútbol inglés y europeo.
Personalmente estuve en Anfield hace un par de años y por cómo es la gente allí creo que Klopp se ha integrado plenamente en la filosofía Red y que esa es la clave del actual éxito del Club. Pero si el Liverpool ha conseguido la gloria siendo fiel a su estilo y tradición ¿cuál es el del Everton? ¿Ser un clásico de la Premier en su ancestral Goodison? ¿O romper con todo en una nueva ubicación? ¿Son los Toffees mayoría en la ciudad o son segundones hasta en eso? ¿Es Goodison el lugar elegido para el aterrizaje del próximo magnate financiero o su cercanía a Anfiel desaconseja invertir en ellos? Temas para discutir… en ese pub…

Thank you Sir Mosquera.

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