¿Qué dijo el barbero?

Jose Mourinho Manager of Tottenham Hotspur during the Premier League match at the London Stadium, Stratford
Picture by Alan Stanford/Focus Images Ltd +44 7915 056117
23/11/2019

Continuación de ¿Qué dirá el barbero?

Regresé a mi peluquería la semana después de la goleada del Tottenham ante el Burnley. Pero mi barbero, el hincha de los spurs, no trabajaba ese día. Antes, si no estaba mi peluquero de confianza, me resignaba y tomaba asiento de todas formas para confiar en tijeras ajenas. Hoy encuentro sin apuro alguno la fuerza necesaria para volver por donde he venido y dejarlo para otro día. Este cambio de actitud no se generó de manera espontánea. Ojalá. Fue una transición laboriosa. En el proceso se dieron situaciones verdaderamente absurdas de las que no me siento orgulloso. Como la de otro día en el que tampoco estaba mi peluquero y acepté ponerme en manos de otro empleado. Uno con el que la complicidad era mínima. Uno con el que no habría cháchara futbolera. Me arrepentí de inmediato, pero ya me encontraba cubierto por su capa, atrapado en su sillón. Era demasiado tarde. No había escapatoria. ¿O la había? Antes de que su maquinilla comenzara a patinar por mi cabeza, se me ocurrió preguntar por la hora con un tono de serenidad absoluta. Cuando escuché la respuesta, mostré un ligero rostro de preocupación, con la mirada perdida en el infinito el espejo, confiando en que no pasara desapercibido. “¿Va con prisa?”, me preguntó. “No, tengo que coger un tren, pero voy bien”, respondí. “¿A qué hora es su tren?”. Dije que salía dentro de 45 minutos. “¿Desde qué estación?”. Nombré una que estaba a una media hora de la peluquería. “En ese caso no creo que llegue a tiempo”, me advirtió. “Descuide, llegaré bien”, dije convenciéndole a nadie. Entonces me insistió una vez más y en una fracción de un segundo le di la razón, salté del asiento, descolgué mi abrigo y salí por la puerta diciendo que volvería otro día. Así de ruin. Así de tonto.

Este mes volví en vísperas navideñas y, esta vez sí, mi barbero estaba de servicio. Durante unos segundos, cuando vi que los tres sillones de la planta principal los ocupaban otros peluqueros, temí lo contrario. Pero resulta que el mío se encontraba en el cuarto de la planta baja, junto con la otra estrella del negocio, su compañero grandullón y aficionado del Arsenal. Bajé las escaleras según mi peluquero terminaba con el cliente anterior. Eran las cinco y media de la tarde y el mío sería su último trabajo de la jornada. Una vez le pusieran el lazo a su turno laboral, que había arrancado a las siete de la mañana, mi barbero del Tottenham y el del Arsenal se irían juntos a celebrar su cena de navidad particular. “Iremos a un pub en el que la hamburguesa de tamaño normal es como la grande de cualquier otro sitio, y la grande es enorme”, anunciaba con entusiasmo. “Pediremos la grande”. Sí, señor. En la peluquería normalmente ponen la misma serie británica de los años 80 en bucle, pero a esta hora de la tarde, la tele del cuarto de abajo se tomaba un descanso. Hasta que el del Arsenal decidió que era momento de poner alguna de las de Loca Academia de Policía. “¿Es la cinco en la que están en la playa en Florida?”, le preguntó a su respectivo cliente. “Así es”, le respondió. “Entonces pongamos esa para compensar el espíritu navideño”, y se dirigió a la pila de DVDs, luciendo un sombrero ridículamente alto de color rojo que recreaba la forma de una chimenea. En ese momento mi barbero me ofreció un vasito de whisky. Imposible hacerle el feo. Brindamos y ya estábamos todos listos.

La planta baja de la peluquería, con el dispensador de whisky y Loca Academia de Policía 5 en la televisión. Foto: MarcadorInt.
La planta baja de la peluquería, con el dispensador de whisky y Loca Academia de Policía 5 en la televisión.

Sin mayor demora, tocaba hablar del Tottenham. La última vez que había visitado la peluquería, Pochettino todavía era el entrenador del equipo. Llegaba el momento de conocer qué le había parecido al barbero su despido, que se anunció un martes por la noche después de un parón internacional. “Era el momento adecuado”. Vaya. “Me pareció bien que no se demorara más”, continuó. “¿Te acuerdas de que ya te había dicho hace unos meses que Pochettino parecía querer irse?”. En efecto, eso me había dicho en su día. Pero no por ello dejó de sorprenderle la noticia. “Me enteré el miércoles por la mañana cuando encendí la televisión. No me lo podía creer y cambié de canal para comprobar que no fuese una broma”. Pochettino había estado más de un lustro en el club del norte de Londres, toda una eternidad para los estándares del fútbol moderno. Aunque el peluquero había llegado a sentirse muy afín a Poch, la relación ya no daba más de sí.

¿Y cómo se siente ahora con José Mourinho? “Oh, vamos a ganar la FA Cup, vamos a ganar la Champions, ganaremos la Premier…”. Aunque bromeaba, el optimismo era genuino. El peluquero del Arsenal se partía de risa al oír los delirios de grandeza de su compañero y le susurraba algo a su cliente. “¿Estás diciendo algo sobre mí?”, reaccionó el del Tottenham antes de volver a mirarme a través del espejo y empezar a hablarme sobre lo buena que es la vida con Mourinho. Que si contragolpean de maravilla y mejor que contragolpearán. Que si han recuperado al Dele Alli más brillante. Que si hasta Sissoko ha marcado goles. “Solo falla la defensa. En cuanto funcione la defensa, seremos un equipo muy serio”. Dice ser consciente de que acabarán jugando un fútbol más aburrido que con Pochettino —“no siempre será agradable de ver”—, pero ante todo quiere ganar. Y a pesar de toda esta ilusión renovada, afirma con rotundidad que sigue sin simpatizar con Mourinho. “Él no me gusta, me sigue cayendo mal, pero un poco menos que antes”. El villano que entrenaba a su rival londinense el Chelsea es ahora su líder. Aquella cita de Roosevelt, ‘es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta’, resume bastante bien el sentimiento del barbero de los spurs hacia su nuevo entrenador.

La peluquería por la noche.
La peluquería por la noche.

El sillón del peluquero del Tottenham en la planta principal está pegado al escaparate. Desde ahí puede saludar a todos los clientes habituales que pasan por la calle. La mañana siguiente de la derrota del Tottenham ante el Chelsea pasé por delante de la peluquería, nos deseamos felices fiestas y en broma le pregunté si seguía contento con Mourinho a pesar de la derrota. “Por ahora sí, pero vuelve a preguntármelo dentro de un par de partidos”.

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Foto de portada: Alan Stanford/Focus Images Ltd

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6 comments

El barbero se está convirtiendo en alguien de la familia MI! A ver si no tardas en volver Miguel!! Yo también creo que este año puede caer el 1er título de los Spurs tras tantos años…

Me había olvidado del barbero, pero me alegra que hayas vuelto por Navidad. Mucho deberá mejorar el Tottenham para ganar un título en unos meses, sin olvidarse del caso Eriksen. Felices fiestas a todos.

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