Qué dirá el barbero

Tottenham Hotspur Manager Mauricio Pochettino before the UEFA Champions League Semi-final match at Tottenham Hotspur Stadium, London
Picture by Paul Chesterton/Focus Images Ltd +44 7904 640267
30/04/2019

Mi relación con mi peluquería es una de enorme lealtad. Desde que resido en Londres no he conocido otras tijeras. Confieso que de vez en cuando miro de reojo el interesante local de un matrimonio de peluqueros japoneses en una calle cercana y que también he sido tentado por otros negocios. Pero nunca podría ser infiel a mi peluquería. Se trata de una barbershop auténtica, vestigio de un Londres antiguo. Es un negocio pequeño, con un sencillo mosaico por suelo, tres sillas para los cortes de pelo y tres televisores en los que ponen en bucle las siete temporadas de Only Fools and Horses (una sitcom inglesa de los años 80 sobre las desventuras de dos hermanos de un modesto barrio del sur de Londres que emplean toda clase de triquiñuelas con el fin de hacerse ricos). En la barbería también tienen números viejos de la Nacional Geographic llenos de pelos. Y dispensadores de bebidas como los de los pubs. En Navidad ofrecen un vasito de whisky a los clientes. Durante el resto del año, si notan que alguien está con los ánimos bajos o hay algo que celebrar, también se recurre al whiskey. Hay dos peluqueros principales, uno bajito que es del Tottenham y otro alto y corpulento que es del Arsenal. Este último, que es el que siempre ofrece el whisky, tiene tres bromas o muletillas para amenizar el día a día: llama a todos los clientes por un mismo nombre (Dave), dice bonjour cada vez que alguien entra o sale por la puerta, y despide a los clientes con un ‘see you when you’re older (nos vemos cuando seas más viejo)’.

A mí siempre me cortaba el pelo un tercer peluquero, hasta que un día llegué y ya no estaba. A las pocas semanas lo vi dentro de una peluquería distinta. Resulta que había empezado su propio negocio. Me insistió en que fuese a cortarme el pelo a su local e incluso me mandó un mail para recordármelo. Se me presentaba un terrible dilema entre peluquero y peluquería que resolví inclinándome por el sitio y no por el individuo. El tipo bajito, un señor que ronda la cincuentena y es aficionado de los spurs, se convirtió en mi nuevo peluquero de cabecera. El negocio lo empezó su padre a mediados del siglo pasado y él lleva ahí desde que era joven, cada día desde las siete de la mañana hasta las seis de la tarde, conviviendo con un gunner.

Mauricio Pochettino en su primera temporada como entrenador del Tottenham. Foto: Michael Sedgwick/Focus Images Ltd.
Mauricio Pochettino en su primera temporada como entrenador del Tottenham. Foto: Michael Sedgwick/Focus Images Ltd.

Es muy fácil caer en el cliché cinemático del peluquero como confesor o psiquiatra improvisado porque el ‘qué tal’ de un peluquero siempre despierta una reflexión sincera. Pero es mejor hablar de fútbol y de eso el peluquero del Tottenham ha tenido mucho que decir en el último año. Hablaba maravillas de Pochettino y agradecía que no lo hubiese fichado el Real Madrid o el Manchester United. Vivió preocupado por los malos resultados en liga en la segunda mitad del curso pasado, pero encontró consuelo, y qué consuelo, en las frenéticas eliminatorias que les llevaron a la final de la Champions. Sufrió la derrota ante el Liverpool. Todavía era temprano cuando avecinó una debacle y un futuro sin Pochettino, el técnico que tanta ilusión les había dado. Pero quizás no se esperaba, ni él ni nadie, que ese futuro llegara esta misma semana. Cuando me enteré del despido de Mauricio Pochettino, lamenté haberme cortado el pelo hace apenas unos días. Ahora vivo las horas deseando escuchar las impresiones del barbero.

Aunque el señor peluquero nunca dejó de apreciar a Poch, este verano ya sugería que debería haberse marchado después de la final de Madrid. “No parece que quiera seguir aquí”, repetía una y otra vez. Esta reacción estaba motivada por las palabras del propio Pochettino, que incluso desde antes de la final empezó a ofrecer declaraciones que hacían ver su descontento con la dirección del club. Entonces llegó un verano largo en el que la tensión fue en aumento. Pochettino aseguraba que no tenía poder en las decisiones sobre los traspasos, llegando a decir que deberían cambiar su título de manager (entrenador con peso en todas las facetas de la dirección deportiva) por el de head coach (primer entrenador, centrado únicamente en el rendimiento del equipo).

Pochettino no pretendía ocultar los problemas que atravesaba el Tottenham. A las discrepancias por la llegada de futbolistas se sumaba la crisis contractual; jugadores que habían sido importantes, como Danny Rose, Christian Eriksen, Toby Alderweireld y Jan Vertonghen, no tenían intención de renovar su compromiso con el club. Desde un tono de resignación, Pochettino hablaba sobre cómo el Tottenham no podía competir con equipos como el Manchester City o el Liverpool porque ellos tenían que reiniciar su proyecto cada año. El técnico argentino atribuyó el discreto inicio de los spurs a ese clima de inestabilidad con el que habían atravesado el mercado de traspasos y reconoció que su equipo no estaba lo suficientemente unido. En un fútbol moderno en el que los clubes son marcas, las palabras se miden con escuadra y cartabón y no interesa exteriorizar el alarmismo, Pochettino ofrecía un raro ejemplo de honestidad.

Mauricio Pochettino y su cuerpo técnico antes de las semifinales de Champions League que ganaron en Ámsterdam. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.
Mauricio Pochettino y su cuerpo técnico antes de las semifinales de Champions League que ganaron en Ámsterdam. Foto: Paul Chesterton/Focus Images Ltd.

Llegó septiembre y Pochettino y el presidente Daniel Levy parecieron haber hecho las paces reuniéndose para cenar. Pero las actuaciones del equipo seguían dejando mucho que desear. Alcanzar la final de Madrid había eclipsado una pobre dinámica de resultados en la Premier y el efecto seguía latente. En la primera semana de octubre, la distracción de aquella hazaña acabó por diluirse. El Tottenham cayó por 2-7 en Champions ante el Bayern de Múnich y perdió por 3-0 en liga en casa del Brighton, confirmando una crisis. Cada partido se presentaba como una oportunidad para pasar página y que todo quedase en una mala racha. Pero los spurs siempre acababan retrocediendo a la casilla de salida. La duda era cuántas oportunidades más iban a tener. Sin su efectiva presión, sin poderío ofensivo, sin seguridad en defensa… eran un equipo lejos de su mejor versión y sin signos de mejora.

En cuanto empezó la crisis, Pochettino modificó su discurso. Pasó de resaltar las inseguridades que les acompañaban a adoptar una postura más optimista. Le restó importancia al mal momento. En peores se habían visto, decía. “Estamos en un proceso de reconstruir nuestra confianza”, afirmó tras empatar 1-1 frente al Sheffield United antes del último parón de selecciones, “pero necesitamos tiempo”. Quizás lo hubiese conseguido. Quizás enlazando un par de resultados positivos, el Tottenham de Pochettino habría levantado cabeza. Pero para Levy no quedaba más tiempo para especular, por lo menos con Pochettino. Doce horas después del anuncio de despido que colapsó la web del club, el Tottenham anunció a José Mourinho como su sucesor. El portugués tiene dos tercios de la liga por delante para dirigir al equipo a los puestos Champions.

La respuesta negativa que ha generado la decisión de Levy entre la hinchada del Tottenham dice mucho del legado que deja Pochettino. Existe unanimidad en que a pesar de la mala situación del equipo, la noche de un martes de noviembre no era el mejor momento de despedir a un entrenador que ha marcado época en el club, si es que algún otro momento hubiese sido oportuno. El resultadista mundo del fútbol inglés le ha achacado constantemente a Pochettino que en más de cinco años en el Tottenham no haya ganado ningún título. Pero resulta evidente que el hijo de Murphy, Santa Fe ha llevado al club muy lejos desde su llegada en 2014, cuando estaban a la deriva, entrenados por Tim Sherwood. 

Mauricio Pochettino festejando el pase a la final de la Champions. Foto: Focus Images Ltd.
Mauricio Pochettino festejando el pase a la final de la Champions. Foto: Focus Images Ltd.

La construcción del nuevo estadio y la conocida tacañería de Levy hicieron que el Tottenham contase con menos recursos que sus rivales directos, pero aun así Pochettino desarrolló un equipo enormemente competitivo con jóvenes talentos y fue capaz de plantarle cara a los conjuntos más fuertes del país —desde el Chelsea de Mourinho al de Conte, pasando por el City de Guardiola—, demostrando una gran inteligencia y flexibilidad táctica. También reconquistó North London, poniendo fin a más de dos décadas de St Totteringham’s Day, la festividad que se inventó la hinchada del Arsenal para celebrar el día en el que certificaban terminar por delante del Tottenham. Con Pochettino, los spurs se convirtieron en habituales en los puestos Champions. No ganaron nada, solo un increíble progreso y muchos partidos para el recuerdo. La siguiente visita al peluquero será interesante.

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Foto de portada: Paul Chesterton/Focus Images Ltd

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16 comments

Para muchos (yo me incluyo) el Tottenham era un club especial porque estaba Pochettino. Lo mismo me pasaba con el Arsenal con Wenger. Ahora los percibo como dos clubes profesionales con grandes estadios… nada más.
Supongo el discurso de Levy será algo así como “no ha sido nada personal, sólo negocios”. Personal será para ese barbero del Tottenham cuyas raíces probablemente se mezclan con el equipo desde generaciones anteriores cuando la relación entre el Club y sus aficionados era personal. Tan personal como haber ido con tu padre al viejo White Art Lane y luego llevar a tu hijo. No creo que nadie pueda asustar a Levy argumentando que así va a perder a los verdaderos aficionados del Club. Por un lado esos colores están impresos a sangre y fuego en el corazón de los mismos y por otro ahora hay una nueva generación que va al estadio como a la ópera y consume, por no hablar de los “teleaficionados”, que son los que equilibran realmente la cuenta de resultados.

Así que para el artículo de vuelta de la barbería casi le rogaríamos unas instantáneas de la misma y, por supuesto, aquí estamos esperando impacientes ese corte de pelo que nos traiga la opinión del barbero spur, porque MI no es (¿sólo?) negocio y en ocasiones ni siquiera fútbol… sino algo personal.

Thank you Sir Mosquera.

La verdad es que nos has dejado a todos con ganas de saber todavía más sobre esa emblemática barbería… Casi diría que alguien ya está pensando en dejarse el pelo largo antes de hacer un viaje a Londres.

Que memoria tan corta y poca agradecida tiene el fútbol. Si bien es cierto que se evidenciaba una atmósfera enrarecida. Espero que le vaya bien tanto a los spurs como a Poche.
Muchas gracias por este gran artículo..

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